SECRETOS DE GUIONISTAS: ALBERTO CABALLERO

2 octubre, 2020

Guionista de Aquí no hay quien viva desde sus inicios. Guionista de Escenas de matrimonio. Co-creador de La que se avecina y El pueblo. Fundador de la productora Contubernio. De momento, la fórmula “Alberto Caballero + comedia = éxito” no falla. Ayer anunció en su Twitter el lanzamiento de nuevas historias de La que se avecina en formato “audioserie” como parte de la campaña de lanzamiento en España de la plataforma de audiolibros Audible de Amazon.

¿Hay precedente de esto en la televisión española? Lo más parecido que recuerdo es las versiones radiofónicas de Camera Café que se emitieron hace dos o tres años. En cualquier caso, para celebrar este original lanzamiento, aquí os traemos una entrevista con Alberto Caballero. En ella nos cuenta pequeños secretos de sus salas de guión, sus trucos de productividad y sus pequeñas manías de escritor…

Alberto Caballero.

Alberto, ¿cuáles son tus hábitos de trabajo? ¿Eres más de mañana o de tarde? ¿Tienes un horario fijo o vas improvisando?

Hay que distinguir si es día de curro en panda o por mi cuenta. En el primer caso siempre es por la mañana y hasta media tarde, adaptándonos a un horario equivalente a plató. Cuando escribo a mi aire depende, yo soy más nocturno, pero como a la vez tengo que atender otros temas de la productora, en los últimos tiempos incluso cuando estoy solo tengo unos horarios “de oficina”. Lo llevo regular, porque prefiero un horario variable, pero hace ya un montón de años que llevo una vida laboral seria y ordenada. Una desgracia.

¿Qué es lo primero que haces cuando abres el ordenador?

Lo primero que hago al abrir el ordenador es babear con el fondo de pantalla. Siempre es algún paraíso idílico al que ese día en concreto no voy a poder ir.

¿Tienes alguna rutina de pre-calentamiento?

Mi única rutina precalentamiento es amenazar de muerte a cualquiera que me llame a primera hora para interrumpirme con algún asunto menor. Salvo que se esté quemando el plató o algún actor que entra a grabar no dé señales de vida, les pido que no nos den la tabarra hasta la hora de comer.

Escucha gratis los nuevos episodios de “La que se avecina”.

¿Dónde escribes? ¿Tienes un escritorio fijo en casa? ¿O escribes en una oficina junto a plató? ¿O en la bañera como Dalton Trumbo?

Escribo en el despacho de plató o en su defecto en la guarida que tengo montada en casa. Pero cuando mejores cosas se me ocurren es caminando. Odio levantarme por la mañana para sentarme delante de una pantalla de ordenador, pero cuando estamos en grupo no hay más remedio. Eso sí, me muevo por el despacho siempre que puedo, en cuanto hay algo que debatir.

¿Escuchas música cuando trabajas?

Si escucho música no escribo. Me distrae y me agobia. Además, trabajamos diciendo las lineas de diálogo en voz alta, es inviable.

¿Qué software sueles usar para escribir guiones?

Word.

¿Windows? ¿Mac? ¿Linux?

Mac. Me borré de Windows hace mucho tiempo.

¿Eres capaz de escribir con Internet encendido?

Siempre tengo internet encendido. Ya es un básico de este trabajo.

¿Escribes alguna vez en papel?

Sí, cuando estoy solo, sobre todo en casos de atasco, principio de temporada… para asuntos globales, nunca diálogos.

¿Moleskine, folios sueltos, servilletas de bar?

Uso cuadernos. Siempre tengo uno al lado del ordenador para apuntar mierdas varias. Siempre se me ocurren cosas que no tienen que ver con lo que estoy escribiendo.

¿Qué aspecto tiene tu escritorio?

Mi escritorio tiene un aspecto razonablemente normal. Lo único raro es una raqueta de tenis, la cojo cuando me pongo a dar vueltas, tenerla en la mano me ayuda a pensar.

¿Café? ¿Té? ¿Botella de agua? ¿Comes delante del ordenador?

Todo. Bebo y como, sobre todo cuando estamos en panda. Hay días que son una orgía de azúcar.


Entrevista de Sergio Barrejón.


SERGIO SARRIA: ASÍ SE ESCRIBIÓ “NASDROVIA”

21 septiembre, 2020

Una abogada y un abogado. Ex pareja. Forrados. Estresados. Deciden dejarlo todo para montar un restaurante. Ruso. Que se convierte en el favorito… de la mafia.

El malagueño Sergio Sarria (El intermedio, Malaka) ha creado junto con Miguel Esteban y Luismi Pérez la serie NASDROVIA, que se estrenará en Movistar+ el próximo 6 de noviembre. Nos reunimos con él en la nueva sede de DAMA en Madrid para hablar del proceso de creación de la serie.

Sergio Sarria. Foto: Ana Álvarez Prada.

NASDROVIA es una adaptación de tu novela ‘El hombre que odiaba a Paulo Coelho‘. ¿Cómo arrancó el proyecto: moviste tú la novela, alguien vino a encargártelo…?

Arrancó hace muchos años, unos ocho o diez desde que tuve la idea. En principio lo concebí como una serie, pero en aquel momento me resultó imposible vender el proyecto. Le hablé de él a Susana Herreras, que entonces estaba en Canal Plus, y la cosa no pasó de un mero interés.

Ante el miedo de que la idea se quedara en un cajón, me animé a transformarlo en novela y desarrollar la trama y los personajes para ver cómo funcionaba. Y lo cierto es que había mucha comedia. La mezcla entre abogados pijos y mafia rusa era una premisa divertida. Pero casi de manera inmediata me di cuenta de que intentar vender la novela iba a ser casi tan difícil como vender la serie. No conocía el mundo editorial ni sabía cómo hacer llegar el manuscrito a las editoriales.

Estaba convencido de que nuevamente se quedaría en un cajón cuando tuve la enorme suerte de dar con Carmen Fernández de Blas, editora de La Esfera de los Libros. A ella le encantó la novela y tuvo la valentía de publicarla. Y casualidades de la vida, al mismo tiempo que se publicaba “El hombre que odiaba a Paulo Coelho”, Susana Herreras, ahora en Movistar, se acordó de aquel proyecto del que le había hablado años atrás y me pidió un piloto.

Como anécdota, contar que cada adaptación que sufría el proyecto cambiaba el nombre; empezó con “Nasdrovia” cuando era solo una Biblia, pero ese nombre a la editorial le pareció poco comercial, así que lo cambiamos a “El hombre que odiaba a Paulo Coelho”. Cuando Movistar se interesó por él, me dijeron todo lo contrario, que el nombre que tenía fuerza para ellos era “Nasdrovia”. Así que se volvió a cambiar. Con motivo de la serie, mi editorial me propuso reeditar la novela, ¿con qué nombre? Exacto, con otro diferente. Mi reto es que este proyecto tenga más cambios de nombre que versiones de guión.

¿Ha sido duro el proceso de reabrir una historia que ya una vez diste por terminada, y ponerte a cambiar y eliminar pasajes, etc.?

Diría que todo lo contrario, ha sido muy sencillo. No solo hemos tenido mucho sintonía entre los tres para decidir qué cosas nos valían y qué otras no, también la hemos tenido con el equipo de desarrollo de Movistar. Tanto Susana Herreras como Rafa Taboada nos lo han puesto muy fácil. Ha sido un trabajo en equipo donde todo el mundo ha aportado de una forma muy natural. De alguna forma, todos teníamos claro dónde queríamos llevar la serie y compartir esa visión facilita mucho el trabajo.

Lo mismo ocurrió cuando se incorporó al proyecto Marc Vigil. Conectamos de inmediato. Sus ideas se aproximaban mucho a las nuestras y ha sido una gozada trabajar mano a mano con él. Todo el mundo ha sumado al proyecto y tengo un recuerdo tan bonito de cómo ha sido el proceso que no me importaría reabrir esta historia una y otra vez.

Bueno, tampoco conviene fliparse. Si es cierto que lidiar con los idiomas durante el rodaje fue muy complicado. Los actores que interpretan a los mafiosos rusos eran de nacionalidades diferentes; serbios, franceses, austriacos, ingleses, americanos, rusos… Y casi ninguno hablaba el mismo idioma que el resto, por lo que para comunicarnos mezclábamos un poco de inglés, español y el que podía francés. Tenían que trabajar diariamente con una coach de ruso, menos Anton Yakolev (Boris en la serie) que hablaba ruso, pero no español, y se aprendía fonéticamente los textos con caracteres cirílicos. En fin, un follón importante. Después de esto, entendimos que HBO rodará Chernobyl enteramente en inglés.

El punto de vista masculino que tenía la novela se traslada en la serie al personaje de Edurne, y adjudicáis al prota masculino la adicción a los ansiolíticos que en la novela tenía Edurne. ¿Qué os movió a hacer este tipo de cambios?

Movistar nos lo planteó; ¿qué pasaría si la protagonista fuera una mujer? Y en el mismo momento en que nos lo sugirieron nos pareció que definitivamente era mucho mejor idea. En primer lugar porque nos apetecía construir un personaje femenino divertido, inteligente y sofisticado como el que interpreta magistralmente Leonor Watling. Una mujer exitosa que además tiene agallas para enfrentarse a la mafia rusa. Creemos que este tipo de personajes lo interpretan con frecuencia hombres, pero rara vez vemos en España personajes femeninos de este tipo.

En segundo lugar, nos ayudaba como contrapunto al universo de los rusos donde predomina la testosterona. Y viendo el resultado, creo que ha sido una de las mejores decisiones que hemos tomado.

El delivery de comedia de la serie es impresionante y obviamente hay que atribuirle el mérito a Leonor Watling, Hugo Silva y Luis Bermejo. Pero seguro que Marc Vigil, muy bregado en el género, también es responsable del ritmazo que tiene la serie. ¿Habéis trabajado mano a mano con él?

Sí, desde que se incorporó Marc Vigil encajamos los cuatro perfectamente. No voy a descubrir a Marc, pero la verdad es que nos deslumbró. Es alguien que no deja de aportar, desde el guión, donde cada propuesta que nos hacía no solo nos encajaba sino que mejoraba lo que había, a la puesta en escena, la dirección de actores o la estética.

Tenía un reto muy complicado como es nadar entre dos géneros; comedia y thriller, y consigue que todo parezca creíble. Vio muy claro el ritmo que necesitaba esta serie, y nos apuntaba referencias que nos entusiasmaban como es el caso de los hermanos Coen. Creo que para una serie de este tipo pueda llevarse a cabo, la complicidad entre los creadores y el director tiene que ser absoluta, como así ha sido.

De hecho, hay tanta conexión, que Marc ya está escribiendo con nosotros los guiones de la segunda temporada, y nos gustaría poder seguir trabajando en más proyectos con él. Fíjate si hay conexión, que hay días que llevamos exactamente la misma ropa. A veces le escribo para pedirle que no se ponga el mismo abrigo o la misma gabardina que voy a llevar para no parecer las gemelas Olsen.

Llama la atención el recurso de las miradas a cámara de Leonor Watling. Como recurso visual traduce muy bien el flujo de conciencia del protagonista de la novela, pero a la vez es inevitable pensar en Fleabag. ¿Hay algo de parentesco ahí o es la típica comparación facilona que mejor me habría ahorrado?

La verdad es que no, o al menos no lo hemos pretendido. Cuando escribimos el piloto de Nasdrovia, Fleabag ni siquiera se había estrenado. En ese momento nuestra referencia eran las miradas a cámara de Kevin Spacey en House of Cards. Si tuviera que buscar un parentesco, diría que tenemos más de Barry o Fargo que de Fleabag.

El arranque de las tramas y la presentación de personajes se hace sin grandes explicaciones. Empezáis muchas veces in media res y confiáis mucho en que el espectador se enganchará a la historia a través de las acciones. No es lo más habitual en las series españolas, especialmente cuando la trama tiene componentes de thriller. Es valiente por vuestra parte y yo como espectador lo agradezco mucho. Pero me pregunto si durante el desarrollo os han metido caña por ahí, o quizá os han pedido que dejaseis “las cosas más claras” en el piloto.

Nos apetecía mucho huir de todo eso e ir directamente al meollo de la serie. En parte por darle ritmo y en parte porque creemos que los espectadores tienen ya el ojo muy educado y saben seguir las tramas sin que les tengas que dar toda la información.

Vivimos en una época donde todo el mundo consume series. No es una afición particular, todos lo hacen. La gente que nos ve es posible que antes también haya visto Watchmen, Happy Valley o Succesion. No son guionistas, pero están ya tan acostumbrados a la narrativa audiovisual como nosotros.

Por eso no creo que estemos en el mismo momento que cuando se recalcaban las motivaciones de los personajes o se masticaba la presentación de personajes. Y en ese sentido, desde Movistar no han metido la caña. Han entendido perfectamente lo que queríamos.

Aunque la historia parte de tu propia novela, firmas la creación de la serie con otros dos guionistas. ¿Cuándo se incorporaron al proyecto Miguel Esteban y Luismi Pérez?

En el mismo momento que Susana me pide el piloto. Me puse en contacto con ellos por si les apetecía escribirlo conmigo y nos pusimos a ello. Desde el principio entendimos que la serie no tenía que ser una adaptación fiel a la novela sino que debíamos movernos con libertad dentro de un universo que ya existía.

De ahí nace, por ejemplo, construir a unos mafiosos rusos diferentes a los de la novela. Mientras que en el libro responden más a arquetipos, en la serie decidimos que más allá de la apariencia física podíamos jugar a llevarles en otra dirección. Dejamos de lado los códigos mafiosos y nos centramos en cómo podían ser sus vidas cuando acababa su “jornada laboral”; cómo eran sus relaciones de pareja, qué series veían, cómo se llevaban con sus padres y hermanos. Y ahí encontramos un terreno propicio para la comedia que nos encajaba mejor que hacer una copia mala de “Promesas del Este”.

¿Cómo se organizó la writers’ room?

La verdad es que trabajamos de manera muy equitativa. Escribimos juntos las escaletas de cada capítulo, habitualmente en cafeterías, y luego nos repartimos en tres las secuencias del mismo.

Cuando tenemos escrita cada parte, nos dejamos notas y hacemos una V2 de nuestras secuencias teniendo en cuenta los comentarios de los demás. Es entonces cuando pegamos todo el guión y empezamos a reescribirlo entre los tres. Es una forma de que todos estemos involucrados en cada capítulo y tengamos en la cabeza toda la historia.

¿Estaban los seis guiones ya cerrados cuando arrancó la producción?

Sí, lo cual es un lujo. No solo estaban escritos sino que tuvimos tiempo suficiente para reflexionar y releerlos con una visión más genérica. Un proceso que hicimos junto a Marc Vigil y que fue muy enriquecedor. Él nos aportó su mirada y nos sirvió para darles una última vuelta y pulirlos. Nada se ha hecho con prisas, se ha mimado el proceso y eso se lo debemos agradecer a Movistar y Globomedia. Cuando empezamos el rodaje, todos teníamos muy claro lo que queríamos contar. Y creo que eso ha ayudado mucho al resultado final.

¿Aproximadamente qué versión de los guiones llegaba a rodaje? ¿Tuvisteis que cambiar mucho por cuestiones de contenido? ¿O por condicionantes de producción?

Como te decía al principio ha sido un proceso muy sencillo en el que nos hemos entendido a la perfección con el equipo de desarrollo de Movistar, lo que ha facilitado mucho las cosas y las versiones de guión. No creo que en ningún capítulo hayamos hecho más de cinco o seis versiones.

Puede que durante el rodaje sí tuviéramos que hacer alguna separata, especialmente con los diálogos de los mafiosos rusos. Nos ocurría con frecuencia que esos parlamentos en español eran ágiles y rápidos, pero cuando los traducían al ruso, se volvían eternos y faltos de ritmo. Veíamos el ensayo, les escuchábamos hablar durante muchos minutos en ruso, por supuesto sin entenderles, y pensábamos; ¿en qué momento esto se ha convertido en Guerra y Paz?

Así que en ese sentido, nuestro mayor condicionante no ha sido el contenido o la producción; ha sido el idioma ruso. Por lo demás, no ha sido un proceso fatigoso en el que cada versión se va perdiendo poco a poco la idea inicial. Globomedia ha hecho una apuesta fuerte con Nasdrovia y nos ha puesto las cosas muy sencillas para no tener que tocar casi nada por necesidades de producción.

Firmáis como productores ejecutivos. ¿Qué grado de autoridad habéis tenido en la producción?

Hemos estado en absolutamente todas las tomas de decisiones junto a Marc Vigil. Desde el casting hasta el vestuario. Así que para lo bueno y para lo malo, podemos decir que hemos hecho la serie que queríamos hacer.

Es un lujo poder contar con la experiencia de Marc y hemos aprendido mucho a su lado. Hemos acudido absolutamente todos los días al rodaje y nos hemos quedado casi siempre hasta al final. Estoy seguro de que el día que nos hemos ido antes fue el de la fiesta de fin de rodaje. Eso te da una idea de la implicación que hemos tenido. Entre los cuatro hemos formado un equipo del que estoy muy orgulloso.

En abril ya se empezó a hablar en prensa de una segunda temporada. ¿En qué fase está? ¿Tenéis guiones definitivos? ¿Se sabe algo del rodaje?

De momento estamos en fase de desarrollo, pero habrá que esperar un poco más para que se confirme su producción. Lo único que sabemos seguro es que el 6 de noviembre se estrena la primera temporada y tenemos muchas ganas de que la veáis.


Entrevista de Sergio Barrejón. Fotos de Ana Álvarez Prada.


EDUARDO II: LAS MISERIAS DE SER REY

15 septiembre, 2020

Homosexual, traicionado por su esposa, obligado a abdicar, y según la leyenda, ejecutado por empalamiento como castigo a su sodomía. Eduardo II ha pasado a la historia como un monarca incapaz, que prestaba menos atención a las tareas de gobierno que a sus amores con Piers Gaveston primero y Hugh LeDespenser después, y bajo cuyo reinado (1307-1327) Inglaterra perdió su hegemonía en Escocia y contrajo enormes deudas.

El actor y escritor Alfredo Cernuda firma Eduardo II, Ojos de niebla, que se representa estos días en el Teatro Bellas Artes de Madrid. A diferencia de la prolija crónica que en su día escribió Christopher Marlowe, Cernuda deja fuera de escena los amoríos del rey, la caída en desgracia de sus amantes y la hamletiana venganza posterior del heredero del trono (que haría encerrar a su propia madre y ejecutar a Mortimer, amante de ésta).

Eduardo II, Ojos de niebla sólo tiene cinco personajes: el Rey, la Reina, el traidor Mortimer, el obispo de Hereford y el prestamista judío Tolomei. Cernuda consigue así centrar la tragedia en el conflicto que enfrenta a quienes viven para el amor con quienes viven para el odio… y cómo entre unos y otros siempre medran los usureros.

Así, la rebelión de los nobles contra el monarca es urdida por la Reina Isabel, merced al rencor que le producen los celos, en connivencia con el traidor Mortimer, a quien ayuda a huir de su encierro. Juntos reunirán un ejército en Francia para derrocar al Rey. La ambición de poder queda en un segundo plano. Cernuda sugiere que el combustible principal de la traición son los celos y la homofobia.

El autor, Alfredo Cernuda.

En sólo noventa minutos, el texto enhebra con habilidad y sutileza los hechos históricos en un puñado de escenas de diálogo sobre un escenario casi vacío, presidido por un simbólico trono… que llegado el momento se convertirá muy significativamente en un potro de tortura.

José Luis Gil se echa la obra sobre los hombros en una interpretación verdaderamente memorable. Maravilloso también Manuel Galiana en el personaje del prestamista, que representa con una finura, una ironía y una ternura que arrancaron aplausos en sus mutis. No fueron los únicos. Algunos de los monólogos de Gil también fueron aclamados por el público en mitad de la función. Y no es para menos. Cernuda ha sido muy valiente renunciando al efectismo escénico y fiando toda la energía al sentimiento de sus personajes expresado puramente en palabras. El resultado es excelente.

Manuel Galiana y José Luis Gil.

Me obligo a pensar en algo que no me haya gustado de la obra, y sólo tengo reproches para la innecesaria ejecución final. Y no porque la supuesta muerte por empalamiento de Eduardo II esté ya más que discutida por los historiadores. No, lo que me sobra de este momento es su obscenidad, entendido el término tal como lo hacía la tragedia griega, donde la muerte siempre ocurría ob skena, fuera de la escena.

Sorprende la elección de representar esta muerte en Eduardo II, Ojos de niebla precisamente porque el texto ya ha sido explícito al respecto. El Rey ha sido acusado de sodomía y condenado a morir “por allí por donde pecaste”. Lo de show, don’t tell está muy bien para el cine, pero no para el teatro. Sobre las tablas, el gran valor de producción siempre ha sido y siempre será la palabra.

Por lo demás, un montaje valiosísimo en el que admirar el talento de José Luis Gil, uno de los grandes de la escena española, acompañado de nuevo por Ana Ruiz (que ya fue la Roxanne de su Cyrano).

Carlos Heredia, Ana Ruiz, José Luis Gil, Manuel Galiana y Ricardo Joven.

Eduardo II, Ojos de niebla estará en escena en el Teatro Bellas Artes de Madrid hasta el próximo 25 de octubre.


Texto de Sergio Barrejón. Fotografías de Ana Álvarez Prada.