GODOT: ESPERAR O AHORCARSE

8 septiembre, 2020

Cuando un gobernante da muestras de narcisismo, es hora de montar El Rey Lear. Cuando un gobernante hurta al pueblo una verdad incómoda con la excusa de evitar que cunda el pánico es hora de montar Un enemigo del pueblo. Y cuando el pueblo confía demasiado en sus gobernantes (o en los dioses, o en el porvenir), es hora de montar Esperando a Godot.

Pepe Viyuela y Alberto Jiménez en Esperando a Godot.

Susan Sontag lo hizo heroicamente en agosto de 1993 en Sarajevo, en plena guerra de Bosnia y con la ciudad sitiada desde hacía meses. Las funciones tenían lugar a la luz de las velas. El gesto fue noticia en todo el mundo y sacó los colores a las democracias occidentales, que ejercían de Godot, demorando todo lo posible su inevitable intervención en el conflicto.

POZZO
No hablemos mal de nuestra época, no es peor que las pasadas. Pero tampoco hablemos bien. No hablemos.

En estos días en que tanta gente vive con la esperanza puesta en una vacuna, un tratamiento, una rápida recuperación económica o directamente un milagro; en estos días repletos de planes ilusorios para “cuando todo esto pase”, conviene recordar el absurdo de cifrar nuestras esperanzas en un advenimiento. El que sea, de quien sea. La ilusión hace mala mezcla con la política, la economía o la sanidad. Y en ese sentido, la vuelta a los escenarios de este Godot eficazmente dirigido por Antonio Simón resulta muy oportuna.

Fernando Albizu interpreta a Pozzo.

Esperando a Godot, con todo, no es un texto pesimista. Tampoco lo metería yo en el saco del “teatro del absurdo”, aunque tradicionalmente así lo haga la crítica. Es cierto que no tiene una trama como tal, pero sí un conflicto claro, un timing razonablemente definido y situaciones reconocibles, dentro de lo que cabe. Godot es una llamada de atención, pero sin grandilocuencia, sin aspavientos. Al contrario, el texto está cargado de humor. El mismo Beckett decía que había escrito el texto para una pareja de clowns (algunos directores -no Simón- se han tomado esto al pie de la letra, convirtiendo la comedia en payasada).

VLADIMIR
¿Y si nos ahorcásemos?

ESTRAGÓN
Sería una buena manera de que se nos pusiera tiesa.

El público del teatro Reina Victoria, en Madrid, disfrutó la función, riendo varias veces y conteniendo el aliento otras tantas. El elenco en general fue solvente y recibió largos y justificados aplausos. Destacan, para mi gusto, Viyuela (Estragón) y Albizu (Pozzo).

Juan Díaz interpreta brillantemente a Lucky.

Mención especial merece el trabajo de Juan Díaz. Lucky es quizá uno de los papeles más desagradecidos del teatro del siglo XX, pero el enloquecido monólogo del acto primero es un estimulante desafío para cualquier actor. Díaz lo acomete con una energía brutal, que hace que el público llegue a pasar miedo. En la función que yo vi, el final del monólogo provocó aplausos que a punto estuvieron de interrumpir la obra.

Destacable también la escenografía de Paco Azorín, que transmuta muy inspiradamente ese “camino en el campo” de Beckett en unas vías de tren atravesadas por el tronco del árbol.

La dirección es vibrante pero contenida, y hace honor al texto clásico… con una excepción: la frase final. ¿Por qué violentar ni siquiera mínimamente ese monumental telonazo de “Esperando a Godot”? ¿Qué sentido tiene? Atención spoiler:

VLADIMIR
¿Nos vamos?

ESTRAGÓN
Vamos.

(No se mueven)

Así acaba la obra. Es un final clásico. En el montaje de Simón, sin embargo, Pepe Viyuela y Alberto Jiménez amagan una especie de mutis: llegamos a ver cómo inician un paso hacia el lateral antes de apagarse las luces. ¿Por qué? Yo qué sé. No me atrevería a decir que desmerece la obra, pero a mí me molestó. Es uno de los muy pocos peros que puedo sacarle al montaje.

“Esperando a Godot” es una producción de Pentación y estará en el Teatro Reina Victoria de Madrid hasta el próximo 27 de septiembre (si no nos ahorcamos todos antes). El texto en castellano puede encontrarse en nuestra página Descargar guiones.


Sergio Barrejón.


ALICIA LUNA: ASÍ SE ESCRIBIÓ EL GUIÓN DE “LA BODA DE ROSA”

4 septiembre, 2020

Ganaron el Goya a Mejor Guión Original en 2004 con Te doy mis ojos. Icíar Bollaín y Alicia Luna vuelven a escribir a cuatro manos en La boda de Rosa, cuyo reciente estreno ha logrado atraer ya a más de 50.000 espectadores, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la situación actual.

Hablamos con Alicia Luna sobre la génesis de la historia y el proceso de escritura del guión.

¿Cómo surge el proyecto de La boda de Rosa?

La idea surge de un artículo en The Guardian que Icíar Bollaín encontró sobre una agencia que organizaba soloweddings en Kioto. Y aprovechando que Icíar estaba promocionando su película El Olivo en Tokio, nos fuimos las dos a investigar cómo era esa aventura.

Lo que descubrimos no fue exactamente lo que buscábamos porque aquellas bodas estaban organizadas en torno a las fotos que las mujeres querían tener de sí mismas vestidas de novia. Pero les coordinaban todo, vestuario, peluquería, maquillaje, sauna. Una locura.

Así que seguimos investigando y encontramos en España a May Serrano, una turolense que vive en Bilbao y que se hace llamar a si misma casamentera porque organiza bodas consigo misma e incluso realiza un cursillo prematrimonial. Así pues no hay exactamente una idea original de una u otra. Es más bien la construcción entre ambas de esa idea de la que queríamos hablar.

Son tiempos muy complicados para levantar una producción, incluso para una directora de la talla de Icíar Bollaín. ¿Fue difícil poner en pie el proyecto?

Muy difícil, sí. Hemos tardado tres años. Al principio nadie de quienes leían o a quienes les contábamos la idea, la entendían. Les parecía una tontería. Pero nosotras seguimos adelante escribiendo la escaleta e investigando. Hablamos con una psicóloga sexóloga y continuamos entrevistando a mujeres que se habían casado solas.

Un día Cristina Zumárraga nos oyó hablar de la historia y nos la pidió. Ella sola con su productora, que por aquel entonces era Tormenta Films, se lanzó a financiar el guión y a buscar cómo levantarla. Y de repente Tormenta se convirtió en Tandem Films, una productora más grande e internacional.

La guionista y profesora de guión Alicia Luna.

¿Cómo os organizasteis el trabajo?

Icíar y yo trabajamos codo con codo en todo el inicio del guión. Me refiero a conversaciones interminables sobre la idea que queremos contar, de qué queremos hablar, etc. Y eso para nosotras dos es fundamental. Hasta que no tenemos claro cuál es esa idea que hay debajo de la historia que se cuenta y hacia dónde vamos, no arrancamos.

Cuando lo tuvimos claro comenzamos a escribir la escaleta. Era verano y ambas teníamos cargas familiares. Así que me trasladé con mi madre anciana al pueblo donde ella estaba con su familia. Allí comenzamos a construir (recuerdo que de 4 a 6 mientras todos dormitaban la siesta). Tomábamos apuntes para una escaleta y comenzamos a pergeñar a esa Rosa y a su familia. Aquella familia de los inicios ha cambiado mucho con respecto a la que hay hoy en la pantalla. La escaleta la escribimos y reescribimos una y otra vez. Investigamos para construir mejor a los personajes, nos hacemos mil preguntas.

Y cuando creemos que la escaleta ya está, la redactamos en algo parecido a una escaleta argumental (la anterior es de trabajo) y la testamos con lectores. Las devoluciones suelen ser demoledoras, pero las encajamos con deportividad y volvemos a corregir escaleta y a veces, muchas veces, a cambiar a los personajes hasta de sexo y condición. Hay que conseguir que la historia funcione como un todo, hay que conseguir que los personajes sean no solo interesantes sino auténticos, hay que conseguir también que nadie se sienta excluido de la historia, que nadie piense que lo que les pasa a esos personajes no va con ellos.

Cuando hemos conseguido ese punto comienza la redacción del guion. Tanto en Te doy mis ojos como en La Boda de Rosa, es Icíar quien se encierra a escribir. Es muy rápida. En quince días ha escrito un primer borrador. Yo leo y comenzamos las correcciones o discutimos sobre las flaquezas del guion y se vuelve a escaletar.

Casi siempre, cuando creemos que ya tenemos una buena versión hacemos una escaleta por acciones. Cada una hace la suya y analizamos de nuevo para hacer una última versión que poder entregar a la productora. Producción lee y por regla general lo testa con analistas de guion. Y vuelta a empezar con una nueva versión y a veces desde la escaleta, de nuevo.

Es tu segunda colaboración con Icíar tras Te doy mis ojos, con la que triunfasteis en los Goya. ¿En qué medida ha facilitado esa trayectora compartida el proceso de colaboración?

Bueno, Icíar y yo hemos trabajado juntas en otras historias más pequeñas, anuncios de Campofrío, docu-anuncios para Aldeas Infantiles… Nunca hemos desconectado del todo, profesionalmente hablando. Hace tanto tiempo que nos conocemos que ya somos muy cómplices en el trabajo y en la vida. Eso facilita la tarea. Nos decimos incomodidades que duelen pero se quedan en el entorno del guión. Y las ideas que una propone, muchas veces la otra las mejora, hasta el punto de que a veces no recordamos quién propuso qué. La complicidad en el trabajo de creación es importante.

¿Cuántas versiones del guión habéis llegado a hacer?

No puedo decir el número, y no porque sea un secreto sino porque realmente no llevo la cuenta. Pero nunca son pocas.

Icíar Bollaín en el rodaje de La boda de Rosa.

¿Qué grado de presencia has tenido en el proceso de rodaje y montaje?

En general a mí no me gusta aparecer en el rodaje si no soy necesaria. En Te doy mis ojos fui un día porque Icíar me invitó y ella misma en un momento del rodaje dijo “todo el que no tenga que ver con la acción que se vaya”. Entendí a la perfección.

En La Boda de Rosa también me invitó y esta vez fue una semana. Yo no tenía nada que hacer más que mirar y disfrutar de la puesta en escena, del hecho de que las ideas se hubieran hecho realidad a través del trabajo de todo un equipo técnico y artístico. Lo disfruté mucho. Asistí justo en el momento de la boda. Creo que Icíar lo había planificado así para que pudiera disfrutar. Fue muy emocionante ver la transformación.

En cuanto al montaje, en Te doy mis ojos estuve presente en todo el proceso como oyente invisible aunque en algunos momentos Icíar se giraba hacia mí, que estaba a su espalda, y me preguntaba algo. Recuerdo que tenía que estar bien atenta para tener una respuesta lo más audaz posible.

En La Boda de Rosa, simplemente Icíar me iba pasando algunas de las versiones de montaje para testar si funcionaba con tal o cual secuencia o algunos detalles.

La película parece eludir deliberadamente los resortes narrativos de las comedias de boda convencionales. No hay un tic-tac dramático que se incremente conforme se acerca la boda; no hay un protagonista ni un antagonista que intenta evitar el enlace… ¿Había una voluntad de acercaros a un estilo documental, híper realista, y liberaros de las exigencias de una trama modélica tipo viaje del héroe… o me estoy flipando yo?

Nunca hemos pensado en el viaje del héroe mientras escribíamos. Y es un texto que conozco al dedillo porque lo enseño a mis alumnos. En realidad no nos fijamos en la estructura a medida de ningún género cinematográfico. Quizá yo asumo un poco más el papel de pepito grillo cuando algo no funciona y salto a hablar de estructura, pero nuestro trabajo juntas suele ser acercarnos más al funcionamiento profundo de los personajes y sus conflictos. Las tres preguntas de McKee: qué quieren, quien se lo impide y cómo lo consiguen.

Es verdad que no teníamos un antagonista claro y eso nos generó muchas dificultades a la hora de conseguir que la historia no tuviera grandes parones dramáticos. Siempre hay más de un antagonista. En La Boda de Rosa, un antagonista es la propia Rosa y su incapacidad de dejar de ser como es: la auxiliar para todo. Es el antagonista interno. Y el gran antagonista físico, es la familia en su unidad. El ente familiar, cada uno de sus componentes con sus propios problemas.

Eso dificultó mucho la consecución de una estructura que caminara. No queríamos hacer a ningún personaje malo ni bueno. Queríamos que todos pasaran por la tensión de tener que comprender a Rosa para verse a s mismos con la soga al cuello de problemas vitales que no habían sido capaces de resolver. Queríamos que ellos mismos pudieran verse en el reflejo de Rosa, a la que inicialmente no entienden, porque en realidad lo que no entienden es la vida que lleva cada uno de ellos. El vórtice en el que han asumido que están engullidos para seguir viviendo.

Me gusta mucho la película De óxido y hueso de Jacques Audiard donde no hay un antagonista claro, porque los antagonistas son los propios protagonistas y su manera de luchar contra su propia felicidad. La película funciona con antagonistas internos. Claro, este tipo de guiones no los puedes escribir cuando te hacen un encargo y quieren ver funcionar la trama desde la primera versión de escaleta. Pero con Icíar hemos podido ir paso a paso.

La película tiene una protagonista claramente definida, pero no renuncia al punto de vista de varios personajes de su familia. Me parece un hallazgo, porque de alguna manera compensa y justifica ese anhelo de Rosa de reivindicarse. Digamos que ese yo-mí-me-conmigo de sus votos podría percibirse como narcisismo si el guión no retratase todos los satélites que gravitan a su alrededor. (Vale, esto no es una pregunta, pero ahí queda).

El yo mí me conmigo es el reflejo de ti misma que necesitamos todas esas personas que nos hemos visto borradas por los requerimientos de todos cuantos nos rodean. Y no es narcisismo. Es el antibiótico necesario para matar el bicho que se lleva dentro y no te deja ser tu misma. Es reconocerse. Nada más.

Cuando comenzamos a construir a Rosa le pasaban muchas cosas antes de ese inicio en que está cosiendo vestidos de novia sin poder parar ni para dormir. Habíamos construido las historias de tres mujeres desde niñas. Dos hermanas y una amiga. Y al final todo ha quedado en tres hermanos, dos chicas, un varón y una hija. Más el padre, que inicialmente era madre.

Me llama la atención lo específicamente localizada que está la película en Valencia y Benicàssim. ¿Hay algún motivo en particular para situar la historia allí?

Nos gustaba mucho la idea valenciana porque es un lugar que ambas adoramos. Inicialmente era Madrid y Benicàssim. Benicàssim es un lugar que Icíar conoce bien, su luz, su ambiente que es casi aroma tangible y queríamos tener un lugar de felicidad que fuera el referente al que regresar. Cambiamos a Valencia porque nos parecía más realista con la idiosincrasia de la familia.

La historia presenta a una gran variedad de personajes femeninos fuertes y autónomos. Por el contrario, los personajes masculinos tienden a ser frágiles y muy dependientes de mujeres. ¿Os ha planteado algún problema esta óptica feminista? ¿Habéis encontrado con alguna resistencia o algún intento de notallmenizar el guión?

Es que esta es la historia de una mujer rota que se recompone y comparte su reconstrucción con sus seres queridos, hombres y mujeres. Y claro, en torno a una persona que se ha dado tanto a los demás, hombres y mujeres, hasta llegar al punto de que todos se han acostumbrado a seguir pidiéndole porque ella siempre está dispuesta, no puede haber más que personas que no se dan cuenta de la cantidad de agujeros vitales que tienen ellos mismos.

En realidad no hemos hecho otra cosa que escuchar sinceramente a las personas, hombres y mujeres, con las que hemos hablado para construir a los personajes. Ocurre un poco que estamos demasiado acostumbrados a encontrar en las pantallas a personajes masculinos siempre fuertes. Y en la realidad la mayoría de los hombres son tan frágiles como lo son las mujeres y las mujeres son tan fuertes como los son los hombres.

En la vida hay de todo, pero hasta ahora en las pantallas sólo se han ofrecido miradas muy sesgadas.


Entrevista de Sergio Barrejón.


HABLAN LOS GUIONISTAS DE “ORÍGENES SECRETOS”

1 septiembre, 2020

El pasado viernes 28 de agosto, Netflix estrenó en exclusiva Orígenes secretos, primer largometraje que dirige en solitario David Galán Galindo, después de haber firmado segmentos en las películas colaborativas Pixel Theory y Al final todos mueren, y de haber rodado numerosos cortos de éxito.

Orígenes secretos es la adaptación al cine de una novela homónima del director y está protagonizada por Javier Rey, Verónica Echegui, Brays Efe Antonio Resines. David Galán Galindo firma el guión junto a Fernando Navarro. En Bloguionistas hemos tenido la oportunidad de hablar con ellos sobre el proceso de creación del guión.

David, ¿cómo surge el proyecto de adaptar tu novela al cine? ¿Moviste tú la idea, te llegó una oferta…?

David: Fui yo. Desde el principio tenía la intención de que la novela tuviera una adaptación cinematográfica así que, prácticamente a la vez que desarrollaba la novela, iba ideando el guión, fue bastante paralelo.

Sir Arthur Quiller-Couch recomendaba a los autores aquello de murder your darlings. Adaptarse uno mismo supone hacerlo dos veces: primero para perfeccionar la novela y luego para traducirla a lenguaje cinematográfico (por no hablar de los cambios para acomodar el guión a las realidades de producción). ¿Cuántas darlings han caído por el camino? ¿Te ha costado mucho matarlas?

David: Yo hubiera ido a rodar con una versión de guión prácticamente idéntica a la novela. Punto por punto. Lo único a lo que tuve que renunciar sí o sí en mi primera versión es a las descripciones de Madrid, que es lo que más celebran muchos lectores del libro, pero era algo que no podía trasladar a no ser que usara algunos mecanismos que ralentizarían la historia y nos romperían el ritmo. Preferí convertir ese Madrid-Gotham en un sentimiento dentro del guión, una atmósfera hostil.

David Galán Galindo. Foto: Andrés Paduano.

Llama la atención la presencia de un segundo guionista cuando el director está adaptando su propia novela. Fernando, ¿en qué momento te incorporas al equipo y cuál es tu aportación?

Fernando: Cuando el productor Kiko Martínez me llamó para contarme lo que necesitaban, lo primero que hice fue leerme la novela de David. Me encontré con una historia original, loca, atrevida. Nunca se había hecho algo así en España y no dudé ni un momento en subirme al barco.

David: Yo llevaba ya tres o cuatro años con mi guión en solitario hecho y registrado. Para mí mi libreto era perfecto, pero para los productores tenía varios problemas: 125 páginas, demasiadas localizaciones, demasiados personajes, lo veían inasumible, había que hacerlo más realizable, supongo.

Fernando: David había escrito el libro, lo había adaptado e iba a dirigir la película. Creo que le costaba separarse de algunos elementos del guión que no estaban funcionando. Ese fue parte de mi trabajo. Además, yo ya había escrito Anacleto: Agente Secreto y el tono de esta película era similar. Tenía que ser un tebeo, sí, también una comedia pero sin alejarnos de cierto elemento más serio, si quieres, más dramático, basado en el thriller y en los conflictos.

David: Una persona con el currículum de Fernando Navarro (Verónica, Anacleto…) parecía una gran opción que sumar al proyecto para solucionar todo eso. Y además, Orígenes Secretos era una apuesta muy arriesgada, tener un nombre con más experiencia ayudaba a la que la película ganara credibilidad.

Su aportación, creo yo, es tener la distancia suficiente y la sangre fría para sacar la navaja y empezar a pelar, sintetizar, comprimir, destilar, fusionar… cayeron 35 páginas de guión y eso para mí, fue muy doloroso. Pero sé que todos los implicados trabajan siempre para conseguir la mejor de las películas. Y a la vista está el resultado.

Fernando: Fue un encargo cabrón, ¿eh? Tuve que tratar el material con algo de distancia, con más frialdad que David y sin estar tan pegado y al mismo tiempo con todo el respeto posible. Yo creo que he aportado eso: distancia y oficio. Hemos trabajado algunos chistes, hemos fusionado personajes, hemos concentrado la narración, los crímenes, el tempo, para que se sintiera más ágil, más apretado todo y fuera súper entretenida. El conocimiento enciclopédico de David en la cultura de los cómics y su convicción firme de lo que quería contar con esta historia hizo el resto. La película es puro Galán Galindo, eso no se puede negar.

Fernando Navarro. Foto: Natxo López.

¿Cómo os organizasteis el trabajo entre los dos?

Fernando: No te voy a mentir, no ha sido un proceso fácil. Y es lógico. Era la novela de David, era su guión e iba a ser su ópera prima. Tener que deshacerse de elementos que para él eran importantes fue doloroso. Aunque desde el principio ayudó mucho que tenía -y tiene- las cosas clarísimas, que es lo mejor que se puede decir de un director que además está dispuesto a que le toquen su guión. Agradezco su generosidad.

Después de leer su novela y el último borrador que tenía, nos reunimos varias veces, pero tuve muy claro que yo necesitaba hacer un borrador nuevo, en el que eliminara cualquier cosa que yo pensara que no funcionaba desde un punto de vista más ¿técnico? Odio esa palabra.

El caso es que, una vez soltado ese borrador, David señaló todo lo nuevo que le gustaba, lo que odiaba y lo que se podía mejorar o desde dónde se debía trabajar. Sobre esas notas yo seguí haciendo borradores, trabajando duro para que él se sintiera cómodo y llegáramos con un buen borrador final a las fechas de preproducción.

David: No curramos nunca juntos físicamente ni era un proceso muy consensuado, nos íbamos sorprendiendo. Se parecía mas bien a un partido de tenis en el que él enviaba una versión y yo acto seguido le mandaba otra. Era un proceso en el que él cambiaba muchas cosas, sin piedad, y yo, como elemento conservador dentro del proceso, trataba de recuperar las que consideraba fundamentales para que la esencia de mi historia estuviera intacta. Eran dos fuerzas antagónicas pero quizá eso era justo lo que necesitaba Orígenes Secretos.

¿Cuántas versiones del guión habéis llegado a hacer?

David: Pues yo antes de empezar a currar con Fernando creo que llevaba como seis… y quizá con él dentro otras siete o más… No lo sé con exactitud porque las renombrábamos con la fecha no con número de versión. Yo calculo que en total habrán sido entre doce y quince.

Fernando: Yo no sé cuántas llevaba él y tampoco recuerdo ahora cuántas hice yo. La estructura básica-básica de la película no se tocó. Se creó un prólogo, se trabajó en los finales de actos. Sobre todo en el tercero, que fue el que más costó. De eso sí se hicieron bastantes intentos. Encontrarle un final partiendo del de la novela (al que es muy fiel) pero cambiando pequeñas cositas ha sido, sin duda, lo que más tiempo y guerra nos llevó. Ha sido un proceso interesante.

David, planea sobre la película la idea de que vestir un disfraz es no sólo legítimo y razonable, sino además inevitable. Y me da la impresión de que has llevado esa idea hasta las últimas consecuencias, disfrazando la película de un thriller de fin de siglo, con numerosos guiños a Se7en en trama, diálogos y estilo visual. ¿Ese “manifiesto a favor del cosplay” por así llamarlo estaba en el germen de la historia, o a lo mejor soy yo que me estoy flipando?

David: No lo sé, pero me ha encantado, según lo has dicho suena genial… En realidad, lo que me hizo escribir la historia de Orígenes Secretos era la imposibilidad de realizar una historia pura de superhéroes en España.

Yo, como lector de cómics desde niño, soñaba con hacer algo del género pero me enfrentaba al problema de que en España no quieren hacerlos. Por lo menos en serio. Si es en coña, sí. Y yo quería una historia en la que los héroes se tomaran en serio, aunque fuera divertida. Nunca una parodia como Superlópez (un tebeo que me encanta, ojo, pero que no me interesa hacer).

Uno de los objetivos de la peli es demostrar que podemos creernos pelis hechas aquí con capas ondeando en azoteas. Y la mejor manera que se me ocurrió de introducir ese mensaje fue envolviendo todo con la apariencia de un thriller, porque los thrillers sí les interesan a los españoles.

David Galán Galindo con Verónica Echegui en el rodaje de “Orígenes secretos”. Foto: Andrés Paduano.

La fotografía de Rita Noriega es espectacular, es una pena no poder disfrutarla en pantalla grande. ¿Se planteó desde el principio un estreno exclusivo online o lo ha impedido la emergencia sanitaria?

David: La película iba a cines pero cierta pandemia nos hizo cambiar de planes. Yo amo ir a las salas, voy una vez por semana como mínimo, pero reconozco que, una peli tan especial como esta, en Netflix tiene su hogar ideal. A muchos espectadores quizá les hubiera costado más ir al cine, debido a lo inesperado de la propuesta y en Netflix, nada.

Lo de Rita Noriega no es de este mundo. Es buenísima. Entendió el reto perfectamente y ha elevado la película a la altura de los referentes que teníamos. Era muy importante para la credibilidad de la peli que la fotografía también se creyera la historia y supiera en cada momento qué estábamos haciendo (siendo una peli que navega entre géneros). Rita tiene un gran instinto.

La trama criminal que sostiene la historia es asequible para cualquier tipo de espectador, pero hay referencias a la cultura del cómic por todas partes (y estoy seguro de que se me escapa la mitad). ¿Qué nivel de friquismo es necesario para disfrutar al 100% la película?

David: El protagonista de la historia es alguien ajeno a la cultura comiquera, si el protagonista no se esta enterando, eso es que a ti no te hace falta entenderlo. Es como ver a dos personajes en Star Trek hablando en Klingon, si no les ponen subtítulos es que no tienes por qué entenderlo. Pero está claro que si eres amante de los cómics, el manga… puedes sacar más jugo a la peli. Digamos que con que seas sólo un poquito friki ya es suficiente.

¿Cómo piensas que recibirá el público español una película que se apoya tanto en referentes culturales norteamericanos, David? ¿Piensas que en ese sentido te beneficia estrenar en Netflix, al evitarte la difícil supervivencia en el ecosistema de las salas, muy poblado de críticos depredadores?

David: Creo que será bien recibida, espero que el público sepa apreciar lo difícil que es lograr que una película como esta exista. A mí como espectador me hubiera enloquecido ver esto y ojalá haya muchos como yo.

Confío mucho en el público, y muy poco en los críticos sesudos. Mi película favorita de 2019 fue Avengers: Endgame y yo aspiro a eso. No compito con el cine de autor, no es mi deporte.


Entrevista de Sergio Barrejón.