SECRETOS DE GUIONISTAS: ALICIA LUNA

21 octubre, 2020

Ganadora de un Goya, autora de originales libros sobre guión, fundadora de su propia escuela de guión. Y guionista de una de las películas españolas más taquilleras de este año, La boda de Rosa (estrenada en salas hace exactamente dos meses, ha recaudado más de 800.000 euros).

Hoy, Alicia Luna nos abre la puertas de su estudio para revelarnos todos sus secretos de guionista. 

La guionista Alicia Luna.

La guionista Alicia Luna.

¿Cuál es tu rutina de trabajo, Alicia?

Soy diurna, como los pájaros. Me gusta hacer ejercicio y ponerme a escribir. El ejercicio me recoloca las ideas, me ventila. Creo que hay algo fisiológico en ese acto, algo que hace que el flujo sanguineo se depure y vaya más ligero, ¿no? O no.

¿Qué software sueles usar para escribir guiones?

Me gusta mucho escribir en Final Draft pero no todas las personas con las que trabajo lo tienen, por lo que muchas veces me veo abocada a trabajar los guiones en Word, cosa que odio.

¿Windows? ¿Mac? ¿Linux?

Mac.

¿Escribes en papel?

En papel escribo los pensamientos sueltos o ideas cuando estoy tomando café fuera de casa, buscando la inspiración. Si no, todo ordenador.

¿Algún bolígrafo o pluma preferido?

Me gusta usar bolígrafos de colores. La vida es un poco más divertida así. Y con respecto a los guiones, los diferentes colores siempre ayudan.

Escaleta: ¿Sí o no?

Siempre.

¿Prefieres escribir sola o en equipo?

Me es indiferente.

¿Trabajas en pijama?

¡Sip! ¿Pecado? Mis pijamas han evolucionado a chandal-pijama para pasar desapercibida cuando salgo a la calle sin darme cuenta de que no me he cambiado.

¿Café? ¿Té? ¿Botella de agua?

Café.

¿Comes delante del ordenador?

Como mucho dulce. Necesito glucosa. Pecado, sí.

¿Escuchas música cuando trabajas?

Si hay silencio prefiero no escuchar música. Si no, suelo escuchar sonido de bosques y agua, jajaja. Calma el espíritu.

¿Cuál es el lugar más extraño en el que has escrito un guión?

En la cama.

¿Qué libros y películas te cambiaron la vida?

Libros: Bomarzo, Pedro Páramo.

Películas: el cine de Polanski y Pilar Miró. Tiburón de Spielberg.

¿Qué películas te han marcado como escritora?

Hay que matar a B de José Luis Borau.

La semilla del diablo de Polanski.

Los 400 golpes de Truffaut.

Murnau y su Nosferatu.

El crimen de cuenca, de Pilar Miró.

¿Y alguna lectura o algún curso que te haya marcado?

Robert McKee, ya que realicé un curso con él, uno de los primeros cursos intensivos que dio en España, en la Pompeu Fabra en Barcelona. Su manual aún no existía.

David Mamet, sus escritos y sus películas.

El teatro de José Sanchis Sinisterra, su narratología y sus cursos de Tiro en la nuca o el Colaboratorio.

 

Tú has escrito tus propios libros de guión, pero seguro que puedes recomendarnos algunos textos que te hayan servido a ti.

Mis libros de cabecera sobre guion no son libros que consulte mientras escribo y mi literatura de cabecera tampoco. Cuando escribo, escribo. No me distraigo. Otra cosa es cuando me aburro qué leo o cuando busco en qué libros me pierdo.

Algunos libros sobre guion que recomendaría son Writing Subtex de Linda Seger, Los tres usos del cuchillo de David Mamet y muchos más. Casi podría decir que cada año sumo uno nuevo.

Al principio fue Herramientas del guion cinematográfico (The Tools of Screenwriting) de David Howard y Edward Mabley. Y luego El Guion de MacKee, que para mí es un gran referente porque el curso que he mencionado.

En cuanto a mis libros literarios de cabecera… Entre otros: El Aleph de Borges, poemas de Juan Manuel Roca, como Las hipótesis de Nadie… Patty Smith, todos sus libros son interesantes…

¿Quién te ha influido más a lo largo de tu carrera profesional?

José Luis Borau, Manolo Matji, Lola Salvador, que fueron mis profesores.

¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgullosa?

Te doy mis ojos.


Nunca mientas a un idiota. Póker para guionistas. Libro de Alicia Luna.

Uno de los libros de guión escritos por Alicia Luna, que puede conseguirse gratis con Kindle Unlimited.


Entrevista de Sergio Barrejón.


SERGIO SARRIA: ASÍ SE ESCRIBIÓ “NASDROVIA”

21 septiembre, 2020

Una abogada y un abogado. Ex pareja. Forrados. Estresados. Deciden dejarlo todo para montar un restaurante. Ruso. Que se convierte en el favorito… de la mafia.

El malagueño Sergio Sarria (El intermedio, Malaka) ha creado junto con Miguel Esteban y Luismi Pérez la serie NASDROVIA, que se estrenará en Movistar+ el próximo 6 de noviembre. Nos reunimos con él en la nueva sede de DAMA en Madrid para hablar del proceso de creación de la serie.

Sergio Sarria. Foto: Ana Álvarez Prada.

NASDROVIA es una adaptación de tu novela ‘El hombre que odiaba a Paulo Coelho‘. ¿Cómo arrancó el proyecto: moviste tú la novela, alguien vino a encargártelo…?

Arrancó hace muchos años, unos ocho o diez desde que tuve la idea. En principio lo concebí como una serie, pero en aquel momento me resultó imposible vender el proyecto. Le hablé de él a Susana Herreras, que entonces estaba en Canal Plus, y la cosa no pasó de un mero interés.

Ante el miedo de que la idea se quedara en un cajón, me animé a transformarlo en novela y desarrollar la trama y los personajes para ver cómo funcionaba. Y lo cierto es que había mucha comedia. La mezcla entre abogados pijos y mafia rusa era una premisa divertida. Pero casi de manera inmediata me di cuenta de que intentar vender la novela iba a ser casi tan difícil como vender la serie. No conocía el mundo editorial ni sabía cómo hacer llegar el manuscrito a las editoriales.

Estaba convencido de que nuevamente se quedaría en un cajón cuando tuve la enorme suerte de dar con Carmen Fernández de Blas, editora de La Esfera de los Libros. A ella le encantó la novela y tuvo la valentía de publicarla. Y casualidades de la vida, al mismo tiempo que se publicaba “El hombre que odiaba a Paulo Coelho”, Susana Herreras, ahora en Movistar, se acordó de aquel proyecto del que le había hablado años atrás y me pidió un piloto.

Como anécdota, contar que cada adaptación que sufría el proyecto cambiaba el nombre; empezó con “Nasdrovia” cuando era solo una Biblia, pero ese nombre a la editorial le pareció poco comercial, así que lo cambiamos a “El hombre que odiaba a Paulo Coelho”. Cuando Movistar se interesó por él, me dijeron todo lo contrario, que el nombre que tenía fuerza para ellos era “Nasdrovia”. Así que se volvió a cambiar. Con motivo de la serie, mi editorial me propuso reeditar la novela, ¿con qué nombre? Exacto, con otro diferente. Mi reto es que este proyecto tenga más cambios de nombre que versiones de guión.

¿Ha sido duro el proceso de reabrir una historia que ya una vez diste por terminada, y ponerte a cambiar y eliminar pasajes, etc.?

Diría que todo lo contrario, ha sido muy sencillo. No solo hemos tenido mucho sintonía entre los tres para decidir qué cosas nos valían y qué otras no, también la hemos tenido con el equipo de desarrollo de Movistar. Tanto Susana Herreras como Rafa Taboada nos lo han puesto muy fácil. Ha sido un trabajo en equipo donde todo el mundo ha aportado de una forma muy natural. De alguna forma, todos teníamos claro dónde queríamos llevar la serie y compartir esa visión facilita mucho el trabajo.

Lo mismo ocurrió cuando se incorporó al proyecto Marc Vigil. Conectamos de inmediato. Sus ideas se aproximaban mucho a las nuestras y ha sido una gozada trabajar mano a mano con él. Todo el mundo ha sumado al proyecto y tengo un recuerdo tan bonito de cómo ha sido el proceso que no me importaría reabrir esta historia una y otra vez.

Bueno, tampoco conviene fliparse. Si es cierto que lidiar con los idiomas durante el rodaje fue muy complicado. Los actores que interpretan a los mafiosos rusos eran de nacionalidades diferentes; serbios, franceses, austriacos, ingleses, americanos, rusos… Y casi ninguno hablaba el mismo idioma que el resto, por lo que para comunicarnos mezclábamos un poco de inglés, español y el que podía francés. Tenían que trabajar diariamente con una coach de ruso, menos Anton Yakolev (Boris en la serie) que hablaba ruso, pero no español, y se aprendía fonéticamente los textos con caracteres cirílicos. En fin, un follón importante. Después de esto, entendimos que HBO rodará Chernobyl enteramente en inglés.

El punto de vista masculino que tenía la novela se traslada en la serie al personaje de Edurne, y adjudicáis al prota masculino la adicción a los ansiolíticos que en la novela tenía Edurne. ¿Qué os movió a hacer este tipo de cambios?

Movistar nos lo planteó; ¿qué pasaría si la protagonista fuera una mujer? Y en el mismo momento en que nos lo sugirieron nos pareció que definitivamente era mucho mejor idea. En primer lugar porque nos apetecía construir un personaje femenino divertido, inteligente y sofisticado como el que interpreta magistralmente Leonor Watling. Una mujer exitosa que además tiene agallas para enfrentarse a la mafia rusa. Creemos que este tipo de personajes lo interpretan con frecuencia hombres, pero rara vez vemos en España personajes femeninos de este tipo.

En segundo lugar, nos ayudaba como contrapunto al universo de los rusos donde predomina la testosterona. Y viendo el resultado, creo que ha sido una de las mejores decisiones que hemos tomado.

El delivery de comedia de la serie es impresionante y obviamente hay que atribuirle el mérito a Leonor Watling, Hugo Silva y Luis Bermejo. Pero seguro que Marc Vigil, muy bregado en el género, también es responsable del ritmazo que tiene la serie. ¿Habéis trabajado mano a mano con él?

Sí, desde que se incorporó Marc Vigil encajamos los cuatro perfectamente. No voy a descubrir a Marc, pero la verdad es que nos deslumbró. Es alguien que no deja de aportar, desde el guión, donde cada propuesta que nos hacía no solo nos encajaba sino que mejoraba lo que había, a la puesta en escena, la dirección de actores o la estética.

Tenía un reto muy complicado como es nadar entre dos géneros; comedia y thriller, y consigue que todo parezca creíble. Vio muy claro el ritmo que necesitaba esta serie, y nos apuntaba referencias que nos entusiasmaban como es el caso de los hermanos Coen. Creo que para una serie de este tipo pueda llevarse a cabo, la complicidad entre los creadores y el director tiene que ser absoluta, como así ha sido.

De hecho, hay tanta conexión, que Marc ya está escribiendo con nosotros los guiones de la segunda temporada, y nos gustaría poder seguir trabajando en más proyectos con él. Fíjate si hay conexión, que hay días que llevamos exactamente la misma ropa. A veces le escribo para pedirle que no se ponga el mismo abrigo o la misma gabardina que voy a llevar para no parecer las gemelas Olsen.

Llama la atención el recurso de las miradas a cámara de Leonor Watling. Como recurso visual traduce muy bien el flujo de conciencia del protagonista de la novela, pero a la vez es inevitable pensar en Fleabag. ¿Hay algo de parentesco ahí o es la típica comparación facilona que mejor me habría ahorrado?

La verdad es que no, o al menos no lo hemos pretendido. Cuando escribimos el piloto de Nasdrovia, Fleabag ni siquiera se había estrenado. En ese momento nuestra referencia eran las miradas a cámara de Kevin Spacey en House of Cards. Si tuviera que buscar un parentesco, diría que tenemos más de Barry o Fargo que de Fleabag.

El arranque de las tramas y la presentación de personajes se hace sin grandes explicaciones. Empezáis muchas veces in media res y confiáis mucho en que el espectador se enganchará a la historia a través de las acciones. No es lo más habitual en las series españolas, especialmente cuando la trama tiene componentes de thriller. Es valiente por vuestra parte y yo como espectador lo agradezco mucho. Pero me pregunto si durante el desarrollo os han metido caña por ahí, o quizá os han pedido que dejaseis “las cosas más claras” en el piloto.

Nos apetecía mucho huir de todo eso e ir directamente al meollo de la serie. En parte por darle ritmo y en parte porque creemos que los espectadores tienen ya el ojo muy educado y saben seguir las tramas sin que les tengas que dar toda la información.

Vivimos en una época donde todo el mundo consume series. No es una afición particular, todos lo hacen. La gente que nos ve es posible que antes también haya visto Watchmen, Happy Valley o Succesion. No son guionistas, pero están ya tan acostumbrados a la narrativa audiovisual como nosotros.

Por eso no creo que estemos en el mismo momento que cuando se recalcaban las motivaciones de los personajes o se masticaba la presentación de personajes. Y en ese sentido, desde Movistar no han metido la caña. Han entendido perfectamente lo que queríamos.

Aunque la historia parte de tu propia novela, firmas la creación de la serie con otros dos guionistas. ¿Cuándo se incorporaron al proyecto Miguel Esteban y Luismi Pérez?

En el mismo momento que Susana me pide el piloto. Me puse en contacto con ellos por si les apetecía escribirlo conmigo y nos pusimos a ello. Desde el principio entendimos que la serie no tenía que ser una adaptación fiel a la novela sino que debíamos movernos con libertad dentro de un universo que ya existía.

De ahí nace, por ejemplo, construir a unos mafiosos rusos diferentes a los de la novela. Mientras que en el libro responden más a arquetipos, en la serie decidimos que más allá de la apariencia física podíamos jugar a llevarles en otra dirección. Dejamos de lado los códigos mafiosos y nos centramos en cómo podían ser sus vidas cuando acababa su “jornada laboral”; cómo eran sus relaciones de pareja, qué series veían, cómo se llevaban con sus padres y hermanos. Y ahí encontramos un terreno propicio para la comedia que nos encajaba mejor que hacer una copia mala de “Promesas del Este”.

¿Cómo se organizó la writers’ room?

La verdad es que trabajamos de manera muy equitativa. Escribimos juntos las escaletas de cada capítulo, habitualmente en cafeterías, y luego nos repartimos en tres las secuencias del mismo.

Cuando tenemos escrita cada parte, nos dejamos notas y hacemos una V2 de nuestras secuencias teniendo en cuenta los comentarios de los demás. Es entonces cuando pegamos todo el guión y empezamos a reescribirlo entre los tres. Es una forma de que todos estemos involucrados en cada capítulo y tengamos en la cabeza toda la historia.

¿Estaban los seis guiones ya cerrados cuando arrancó la producción?

Sí, lo cual es un lujo. No solo estaban escritos sino que tuvimos tiempo suficiente para reflexionar y releerlos con una visión más genérica. Un proceso que hicimos junto a Marc Vigil y que fue muy enriquecedor. Él nos aportó su mirada y nos sirvió para darles una última vuelta y pulirlos. Nada se ha hecho con prisas, se ha mimado el proceso y eso se lo debemos agradecer a Movistar y Globomedia. Cuando empezamos el rodaje, todos teníamos muy claro lo que queríamos contar. Y creo que eso ha ayudado mucho al resultado final.

¿Aproximadamente qué versión de los guiones llegaba a rodaje? ¿Tuvisteis que cambiar mucho por cuestiones de contenido? ¿O por condicionantes de producción?

Como te decía al principio ha sido un proceso muy sencillo en el que nos hemos entendido a la perfección con el equipo de desarrollo de Movistar, lo que ha facilitado mucho las cosas y las versiones de guión. No creo que en ningún capítulo hayamos hecho más de cinco o seis versiones.

Puede que durante el rodaje sí tuviéramos que hacer alguna separata, especialmente con los diálogos de los mafiosos rusos. Nos ocurría con frecuencia que esos parlamentos en español eran ágiles y rápidos, pero cuando los traducían al ruso, se volvían eternos y faltos de ritmo. Veíamos el ensayo, les escuchábamos hablar durante muchos minutos en ruso, por supuesto sin entenderles, y pensábamos; ¿en qué momento esto se ha convertido en Guerra y Paz?

Así que en ese sentido, nuestro mayor condicionante no ha sido el contenido o la producción; ha sido el idioma ruso. Por lo demás, no ha sido un proceso fatigoso en el que cada versión se va perdiendo poco a poco la idea inicial. Globomedia ha hecho una apuesta fuerte con Nasdrovia y nos ha puesto las cosas muy sencillas para no tener que tocar casi nada por necesidades de producción.

Firmáis como productores ejecutivos. ¿Qué grado de autoridad habéis tenido en la producción?

Hemos estado en absolutamente todas las tomas de decisiones junto a Marc Vigil. Desde el casting hasta el vestuario. Así que para lo bueno y para lo malo, podemos decir que hemos hecho la serie que queríamos hacer.

Es un lujo poder contar con la experiencia de Marc y hemos aprendido mucho a su lado. Hemos acudido absolutamente todos los días al rodaje y nos hemos quedado casi siempre hasta al final. Estoy seguro de que el día que nos hemos ido antes fue el de la fiesta de fin de rodaje. Eso te da una idea de la implicación que hemos tenido. Entre los cuatro hemos formado un equipo del que estoy muy orgulloso.

En abril ya se empezó a hablar en prensa de una segunda temporada. ¿En qué fase está? ¿Tenéis guiones definitivos? ¿Se sabe algo del rodaje?

De momento estamos en fase de desarrollo, pero habrá que esperar un poco más para que se confirme su producción. Lo único que sabemos seguro es que el 6 de noviembre se estrena la primera temporada y tenemos muchas ganas de que la veáis.


Entrevista de Sergio Barrejón. Fotos de Ana Álvarez Prada.


ELEGÍ UN MAL AÑO PARA ESTUDIAR GUIÓN

9 septiembre, 2020

El plazo de matriculación en escuelas y másteres de guión a punto de cerrarse y tú sin decidirte. ¿Tiene sentido inscribirse en clases de guión si mañana podría llegar otro confinamiento o directamente el fin del mundo?

Por si te sirve de algo, mi opinión es que sí. Y vengo a recomendarte mis sitios favoritos. Te doy una pista: yo doy clase en la ECAM de Madrid y en el Máster de Guión de Salamanca. ¿Adivinas qué dos sitios voy a recomendar?

De la ECAM ya he hablado mucho últimamente. Hoy, cuatro alumni del máster de Salamanca que ya son guionistas profesionales cuentan el qué, el cómo y los porqués del decano de los másteres de guión. Le paso el micro a Beatriz Arias, Pablo Bartolomé, Carla Nigra y Alberto Pérez Castaños.

Alumnos de la XIII edición celebran el fin de las clases. Foto: Jean Cité.

¿En qué año cursaste el Máster de Guión de Salamanca? ¿De qué carrera venías?

Beatriz Arias. 2013-2014. Había cursado Comunicación Audiovisual en esa misma universidad. Aunque la mayoría veníamos de esa carrera, en mi promoción de máster hubo gente que había estudiado Periodismo, Filología, Traducción…

Pablo Bartolomé. 2012-2013.

Carla Nigra. 2018-2019. Me gradué en 2017 de comunicación audiovisual en la universidad Pompeu Fabra, Barcelona.

Alberto Pérez Castaños. 2012-2013. Venía de estudiar Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante).

Ahórranos una visita a imdb.com. ¿Cuáles son tus créditos más destacados?

Beatriz. Durante el año de máster fui becaria de guión en el programa Ciento y la madre, de Mediaset. Después trabajé como guionista de contenidos digitales en Tuiwok Estudios, el departamento digital de Endemol Shine Iberia, y he sido guionista de la serie SKAM España (Movistar +) en sus cuatro temporadas.

Pablo. Cuéntame cómo pasó, Fugitiva, HIT.

Carla. Fui guionista de la sitcom Bany Compartit para TVE Catalunya entre 2018 y 2019 (paralelamente al Máster) y desde enero de 2020 soy guionista en Contubernio, donde de momento he participado en la segunda mitad de la T12 de La que se avecina, que aún no está emitida.

Alberto. Conseguí mi primer trabajo remunerado como guionista en el año 2016. Después, estuve casi dos años escribiendo en una serie diaria de TVE –y chiste recurrente de La Resistencia– llamada “Centro Médico”. Actualmente estoy en el equipo de guión “El Intermedio”, donde ya llevo dos temporadas.

Beatriz y Pablo imparten una clase en el Máster. Foto: Jean Cité.

¿Piensas que este máster influyó en que consiguieras trabajo de guionista?

Beatriz. Absolutamente. Gracias al máster me seleccionaron para mis primeras prácticas, y también gracias a él me hicieron la prueba para trabajar en Zeppelin y, de ahí, dar el salto a SKAM.

Pablo. En sumo grado.

Carla. Desde luego. El máster, como nos dijo una vez David Muñoz (guionista y profesor del módulo de cine), es una excelente manera de acelerar un proceso natural de aprendizaje. A base de ensayo y error, con los años probablemente habría llegado a adquirir los conocimientos que aprendí ahí, pero habría tardado mucho más de nueve meses.

El constante feedback de profesores y profesionales te va dotando de herramientas y suficiente confianza para atreverte a pedirle trabajo a un grande del mundillo como Alberto Caballero. Lo que muchas veces nos reprime es la inseguridad, el plantearnos si valemos para esto, el miedo a no saber hacerlo. Pero el máster te pone a prueba hasta que te sientes preparado para enfrentarte tanto a la página en blanco como al mundo profesional. Por no hablar de la maravillosa red de contactos que estableces entre estudiantes y profesores.

El apoyo y los contactos son imprescindibles en este mundillo. Rodearte de personas con las mismas aspiraciones que tú te hace fuerte, te anima a seguir. Yo conocí a mi jefe en el encuentro de guionistas de Bilbao, pero conocí la existencia de ese encuentro gracias a los contactos que hice durante el máster.

Alberto. Absolutamente. El máster es la forma perfecta de empezar a aprender el oficio, pero también de hacer los primeros contactos profesionales. Sin ir más lejos, mis primeras pruebas de guión y oportunidades de meter la cabeza en el mundillo me llegaron por profesores del máster a los que les gustó mi trabajo durante el curso.

Carla Nigra.

¿Residiste de forma fija en Salamanca mientras estudiabas? ¿Fue algo positivo?

Beatriz. Soy de Salamanca y ya vivía allí con mi familia, pero creo que en general residir allí es algo muy positivo. Hay muchos trabajos en grupo que resultan mucho más fáciles de hacer quedando en persona, muchos ponentes y profesores que, después de la clase, van a tomar algo con los alumnos… sin duda, la experiencia es mucho más completa y gratificante si puedes disfrutarla en Salamanca.

Pablo. No. Iba los jueves o miércoles (dependiendo del trabajo o las entregas que tuviéramos) y volvía los viernes después de clase. Pese a esto, puedo imaginar que vivir en la misma ciudad que el resto de compañerxs de clase puede ser positivo para estrechar lazos, generar proyectos en equipo y, por lo tanto, establecer relaciones personales, que en un futuro pueden transformarse en laborales. También es cierto que yo hice todo eso sin necesidad de trasladarme.

Carla. Sí, alquilé un piso en el centro. Fue sin duda la mejor forma de hacerlo, al menos para mí. Y no solo porque los alquileres en Salamanca sean mucho más asequibles que en mi ciudad. Salamanca es en sí una experiencia, más allá del propio máster. Es una ciudad con muchísimo encanto, pequeña, bonita y práctica. Vale la pena vivirla.

Además, aunque el máster solo sea presencial dos días a la semana, prácticamente todos los trabajos son en grupo, así que es mucho más cómodo organizarte con tus compañeros para quedar si resides ahí. Y no solo para trabajar; también se organizan quedadas y fiestas. Acabas haciendo piña con toda la clase.

Y, como he dicho antes, los contactos son muy importantes. Además, vivir rodeado de personas con las mismas inquietudes que tú es maravilloso y estimulante.

Alberto. Sí, viví en Salamanca durante todo el curso y, además, tuve la suerte de poder dedicarme por completo al máster. Para mí sí fue positivo vivir allí porque te permite tener más tiempo para exprimir las clases, salir de fiesta por Salamanca, escribir proyectos propios, ir a bares de Salamanca, hacer piña con los compañeros y compañeras del máster, beber chupitos en Salamanca y seguir exprimiendo las clases. Y por los bares también.

Alberto Pérez Castaños.

¿Recuerdas alguna clase o algún taller concreto que te haya resultado de ayuda a la hora de enfrentarte al mercado laboral?

Beatriz. Todos son útiles, pero recuerdo con especial cariño los talleres con Pablo Remón (en mi opinión, uno de los mejores guionistas y dramaturgos) y sus clases de diálogo. También el taller de series con David Bermejo, un clásico del máster y el mejor entrenamiento para sentarte en una sala de guión y sentir que todo te suena familiar.

Pablo. No se me viene a la cabeza ninguna especialmente y, en realidad, no creo que unas asignaturas fueran más determinantes que otras.

Sí que guardo un especial cariño al taller de David Bermejo. Recuerdo que en su clase me tocó dialogar una escena de comedia, algo que consideraba que se me daba especialmente mal. Hablé con él y le trasladé mi miedo y mi deseo de cambiar a una escena de drama, pero David insistió. Tras una primera corrección, el resultado fue gratificantemente óptimo.

Trabajamos mucho en aquel taller y eso sí que me parece fundamental, la cantidad de horas de escritura que hicimos tanto en aquel taller como en el resto.

Carla. Ninguna en concreto. Siempre recogías alguna perla de sabiduría de cualquier clase, taller o charla. Te das cuenta de que hay tantos consejos como ponentes y profesores. A veces, incluso, contradictorios. Todos siguieron caminos distintos para abrirse paso en el mercado laboral, y todas sus historias te aportan algo.

Alberto. Creo que todos los talleres te dan alguna herramienta para enfrentarte al mercado laboral. Te hacen trabajar en equipo, que es algo que harás en prácticamente todos los curros de guionista; tienes que cumplir fechas de entrega, algo indispensable en nuestro oficio, y los talleres tocan todos los palos (largometraje, cortometraje, series, desarrollo, sketches…), aunque te lo vas a tener que seguir currando –mucho, muchísimo– cuando salgas del máster, sabrás más que suficiente para ir tirando.

¿Recomendarías a una joven estudiante de guión cursar el máster de Salamanca?

Beatriz. Sin duda. Te da las herramientas para aprender a trabajar en equipo, algo muy valioso en la profesión, y te pone en contacto con profesionales del sector que, además, tienes la suerte de que sean tus profesores. Y aunque parezca una tontería, si el guión no está hecho para ti, también te darás cuenta al cursar el máster.

Pablo. Encarecidamente.

Carla. Sin duda, y la razón es triple: el aprendizaje, los contactos y la propia experiencia.

Alberto. Sin duda. Allí dan clase algunos de los mejores guionistas que hay en este país y, además, son profesores estupendos. En el máster coincidirás con compañeros y compañeras con las mismas inquietudes que tú y será muy difícil que no acabes escribiendo proyectos con alguien. Además, Salamanca es una ciudad preciosa. ¿Y he dicho algo de los bares?


Entrevista de Sergio Barrejón.