ESTUDIAR GUION DE SERIES CON LA GENTE QUE HACE LAS SERIES

30 abril, 2020

El Máster en guion de series de ficción de la ECAM ha abierto el plazo de matriculación. Sus coordinadores, los guionistas Ángela Armero y Carlos García Miranda, nos detallan las particularidades de esta 2ª edición del Máster, que empezará el próximo 9 de octubre en Madrid.

Lanzáis la próxima edición del máster en un momento en que Madrid aún está bajo un estricto confinamiento. ¿Cómo se están desarrollando las clases de la primera edición?

Ángela Armero: Todas las clases del máster de guion están impartiéndose de manera telemática, no diría con normalidad porque en estas circunstancias es todo muy extraordinario, pero sí con continuidad. Los alumnos y alumnas están motivados para escribir y los profesores mantienen su calendario y sus objetivos docentes, por supuesto con atención a las circunstancias personales de cada alumno, pero la respuesta está siendo muy positiva.

Carlos García Miranda: Si hay algo a lo que sacar provecho de esta situación es a la obligación de tener que pasar muchas horas en casa que puedes invertir en escribir una buena historia. Valorando esas circunstancias personales, desde el Máster se les ofrecen las herramientas necesarias para poder seguir trabajando en cualquier escenario. Como dicen en los corrillos, lo cierto es que se va a necesitar más ficción para consumir en casa que nunca.

¿Qué expectativas hay de reabrir físicamente la ECAM? ¿Manejáis alternativas de aula virtual para el próximo curso en caso de que la Covid-19 impusiera restricciones al uso de las instalaciones de Madrid?

Ángela Armero: Desde que se decretó el estado de alarma se ha continuado con los contenidos de manera online y en cuanto las autoridades lo permitan, retomaremos las clases presenciales, siempre siguiendo las medidas sanitarias y de seguridad decretadas por el gobierno. Las informaciones se actualizan continuamente, pero manejamos varios escenarios según las fases de la desescalada, con el objetivo de culminar el cierre del curso lectivo (másteres y diplomaturas) e iniciar el próximo.

A diferencia de otros máster que abarcan muchos ámbitos, el vuestro se centra exclusivamente en series televisivas. ¿Es una limitación o una ventaja?

Carlos García Miranda: A mí me parece que la especialización es una ventaja, la verdad. Lo cierto es que no es lo mismo crear ficción cinematográfica que televisiva. No son matices, sino una perspectiva distinta a la hora de encontrar una idea, elaborar personajes, diseñar el recorrido seriado de sus tramas… Cada contenedor tiene su contenido. También es distinto el “negocio” de la televisión que el del cine, sus mecanismos tanto de acceso como de puesta en marcha son diferentes. Teniendo todo eso en cuenta, si alguien tiene muy claro que lo suyo son las series, suena mejor tener una formación especializada que una general en guion.

En los últimos dos años, Madrid se ha convertido en un “pequeño Hollywood” de las series para streaming. ¿Hasta qué punto van a poder catar vuestros alumnos algo de ese caldo de cultivo?

Ángela Armero: Una de las características de este máster es poner en contacto a los alumnos y alumnas con las personalidades más relevantes del panorama audiovisual. Lo hacemos especialmente a través de masterclasses o de segmentos o talleres académicos, es decir, a través de la formación. Por otro lado, la gran mayoría de nuestros profesores son profesionales en activo. Adicionalmente, la ECAM tiene convenios con empresas del sector, pero dependen de la necesidad de producción de estas y del perfil de cada alumno. Por supuesto, creemos que la titulación de la ECAM, una de las mejores escuelas audiovisuales de Europa, avala a quienes logren el título del Máster de Guion.

¿Qué experiencia profesional tienen los profesores del máster ECAM? ¿Podéis darnos algunos ejemplos? 

Carlos García Miranda: Contamos con un abanico de escritores de televisión de lo más diverso. Desde guionistas históricos como Carlos López (Hospital Central, Hache) hasta Verónica Fernández, ganadora de un Goya y directora de contenidos de Netflix, pasando por la creadora de series diarias Aurora Guerra (El secreto del puente viejo, Acacias).

También hay nombres como el de Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo), Cristóbal Garrido y Adolfo Valor (Cuerpo de élite), Estíbaliz Burgaleta (Skam) o Álvaro Fernández Armero (Vergüenza). Tenemos a Ramón Campos de Bambú, a la responsable de desarrollo de Movistar, Susana Herrera, y de Atresmedia a su directora Sonia Martínez…

Estos han sido algunos de los nombres de la primera edición (con quienes estamos absolutamente satisfechos) y de cara a la segunda puede haber cambios, siempre de acuerdo a las tendencias de cada temporada y la disponibilidad en la agenda de los profesionales.

A la hora de elegir a los profesores, Ángela y yo siempre pensamos en los que nos habría gustado conocer cuando estudiábamos guion. Estamos convencidos de que no podríamos tener mejor cartel.

El máster, de 250 horas lectivas y limitado a veinte alumnos, se impartirá en la Ciudad de la Imagen de Madrid entre el 9 de octubre próximo y el 19 de junio de 2021. Más información y matrícula haciendo clic en la imagen:


A PROPÓSITO DE WOODY / 1

1 abril, 2020

La semana pasada se publicó, casi por sorpresa, “Apropos of Nothing”, la autobiografía de Woody Allen. El gigante editorial Hachette había renunciado poco antes a sacarla al mercado tras el plante del hijo de Allen, el premio Pulitzer Ronan Farrow, quien amenazó con romper su propio contrato con Hachette si publicaban las memorias de su padre. 

La editorial Arcade Publishing no sólo no vio problema en la resucitada polémica sobre las acusaciones de abuso sexual contra Allen, sino que ha aprovechado para publicar las memorias deprisa y corriendo.

Sin entrar a valorar las acusaciones de Mia Farrow contra Allen ni la actitud de las editoriales, por aquí unos cuantos nos hemos lanzado de cabeza a comprar el ebook. Independientemente de la inocencia o culpabilidad de Allen, debate que dejamos a otro tipo de publicaciones, en Bloguionistas no íbamos a dejar pasar la oportunidad de leer (y comentar para nuestros lectores) las memorias de uno de los guionistas vivos más importantes, con nada menos que tres Oscars a Mejor Guión Original y catorce nominaciones, sin contar sus logros como actor, director, dramaturgo.

Entre hoy y mañana, cuatro de los autores de este blog reseñaremos otros tantos capítulos de este libro imprescindible para cualquier amante del cine.

WOODY ALLEN, EL ATLETA, por Ángela Armero (cap. 1)

Las primeras palabras de Apropos of Nothing me dan lo que tanto tiempo he anticipado: una entrada privilegiada a un universo conocido, pero también el descubrimiento de unos detalles sorprendentes.

“Nunca perdoné una comida, nunca caí enfermo de gravedad como por ejemplo de polio, que estaba en todas partes. No tenía síndrome de down, como un chico de mi clase, ni tenía joroba como la pequeña Jenny, ni me afligía la alopecia como al pequeño de los Schwartz.

Yo estaba sano, era popular, muy atlético, siempre me escogían el primero para formar equipos, jugaba al balón, corría, y aún así de algún modo logré convertirme en un ser nervioso, timorato, un desastre emocional, que lograba mantener la compostura por los pelos. Siempre vi el ataúd medio vacío”.

En esos párrafos retrata su conversión en un chico deportista y feliz a un chaval amargado, malo y desequilibrado, sin aparente trauma de por medio. Allen lo atribuye al “descubrimiento de la mortalidad” a la edad de cinco años.

“Llegué a la misma conclusión que atormentó al antiguo Príncipe de Dinamarca: ¿Por qué sufrir las hondas y las flechas cuando puedo simplemente mojarme la nariz y meterla en el enchufe, y no tener que lidiar con la ansiedad, el desengaño, o los huevos hervidos de mi madre nunca más? Hamlet decidió no suicidarse porque temía lo que pudiera sucederle en el más allá, pero yo no creo en ello, así que dada mi escasa valoración de la condición humana y su dolorosa absurdez, por qué continuar vivo? Al final, solo pude llegar a una conclusión: simplemente, los humanos estamos cableados para resistirnos a la muerte”.

La foto que emerge a través de estas líneas ya se vuelve más reconocible, la voz más familiar. A la edad de seis, el joven Allen Konigsberg ya palidecía ante la muerte, bromeaba con el suicidio y la falta de sentido de la existencia, lo que constituye el reverso oscuro de otra faceta suya, quizá no tan explotada pero también continua en la obra de Allen: el amor por la vida.

 

 

GOEBBLES 1 – HAMLET 0, por Sergio Barrejón (cap. 2)

Woody Allen demuestra en su autobiografía estar en plena forma. Los capítulos tienen el ritmo endiablado de sus comedias más célebres, y una densidad parecida de chistes por página. El estilo aparentemente bufonesco de su prosa esconde con habilidad la estructura del libro. A primera vista, parece el lector estar ante una mera sucesión de estampas graciosas, pero Allen entreteje sutilmente las anécdotas del día a día en el Brooklyn de la posguerra con los indicios de su emergente vocación de escritor.

Por ejemplo, en el segundo capítulo, refiere la época en que su padre trabajó de camarero en Sammy’s, un bar del Bowery frecuentado por todo tipo de borrachos (uno de los innumerables empleos que encadenó tras haber perdido el abuelo toda su fortuna en el crack del 29). Entre los parroquianos de Sammy’s, dice Allen, había mucho ladrón.

“Tenían un objetivo bien definido: dinero para el próximo whisky, y si alguien se dejaba algo por allí, desaparecía en cuestión de segundos”.

Entre las cosas que los borrachos afanan y luego le venden al padre de Allen está, cómo no, una máquina de escribir Underwood, por un dólar y medio.

“Escribí mis primeros chistes en una máquina de escribir robada”.

La escena parece ir de unos pícaros borrachines afanando quincalla, un poco a lo Bill Macy en Shameless. Eso es lo que Allen, digamos, pone delante de la cámara en primer término. Pero ¿no late en el fondo la intención de subrayar sus orígenes humildes? ¿De dejar claro que él no es Hollywood royalty, que todo lo que tiene se lo ganó currando?

El capítulo continúa narrando cómo entre los regalos de su bar mitzvah está un libro de magia, que le motiva a practicar trucos y trucos… hasta que descubre el Flatbush Theatre, un cine de Brooklyn que, tras la película, programa un show de vaudeville en el que actúa, entre otros, un cómico. La fascinación que siente por ellos es tal que, con sólo trece años, Allen acude cada fin de semana al teatro… con lápiz y papel, para tomar nota de todos sus chistes.

“Yo era ese listillo que va a una sala de cine y suelta un chiste en voz alta en mitad de una escena romántica y le arruina el momento a todo el mundo. Las protestas igualaban a las carcajadas”.

Una de las delicias de este capítulo es la historia de su amor por el jazz. Para los que sufrimos su inenarrable concierto de Madrid el pasado verano, reconforta mucho leer párrafos como este:

“Practicaba mucho. Aún practico. Practico cada día con tal devoción que para asegurarme que cumplo he practicado en playas heladas, en iglesias mientras mi equipo de rodaje iluminaba, en habitaciones de hotel, después de trabajar, a medianoche, poniéndome el edredón por encima para no despertar a otros huéspedes. Pero a pesar de toda la música que he escuchado, todas las inspiradoras historias que he leído sobre la vida de otros músicos, y todo lo que he soplado y soplado con diferentes boquillas y lengüetas, siempre buscando la combinación que me diera mejor sonido… sigo siendo malísimo.”

A pesar de ser una lectura amena, ligera, divertida y llena de interés histórico, uno no puede evitar preguntarse si tanto auto flagelación no es un salva-el-gato, si no es una maniobra para congraciarse con el lector y predisponerlo a favor del autor antes de que lleguen los escabrosos capítulos de su relación con Soon-Yi y las acusaciones de abuso sexual vertidas por Mia Farrow.

Pero puesto todo en la balanza, en mi opinión el contexto y las intenciones ocultas pierden peso en comparación con la diversión que producen las anécdotas y la valentía del autor de desnudar tantos defectos, como por ejemplo cuando reconoce que decidió leer, visitar museos y educarse no por sentido común, sino para no quedar como un idiota cuando salía con una mujer inteligente. Mi pasaje favorito del capítulo:

“Te impresionaría saber todo lo que ignoro, todo lo que no he leído. Después de todo soy un director de cine, un escritor. Nunca he visto un Hamlet en directo. Ni he visto Our Town, en ninguna versión. No he leído Ulises, Don Quijote, Lolita, Catch-22, 1984, nada de Virginia Woolf, ni E.M. Forster, ni D.H. Lawrence. Nada de las Brönte ni de Dickens. Por otro lado, soy uno de los pocos tíos de mi círculo que ha leído la novela de Joseph Goebbels.”

 

 


PEQUEÑOS TRUCOS DE GUIÓN

26 marzo, 2020

Ayer, la ganadora del Goya Alicia Luna lanzaba un reto en su Twitter:

Yo no soy mucho de grabarme con el móvil, así que aceptaré el reto en nombre de Bloguionistas, pero en formato post. Mi truco para escribir es alejarme del ordenador. Intento retrasar al máximo el momento de abrir un documento. Prefiero refugiarme en el papel. Y no cualquier tipo de papel: mi truco infalible es estructurar toda la historia en tarjetas de cartulina de diversos colores. Una tarjeta, una escena (o una secuencia de escenas).

 

“Quemad Barcelona”, largometraje. Se me acabaron las tarjetas de colores y tuve que hacerlo todo en amarillo. Y mira tú por dónde, la peli no se hizo y todavía me deben dinero. Si es que los trucos están para respetarlos.

 

Se parece un poco al truco que tuiteó el guionista de “Cuéntame” y creador de “Hernán” Curro Royo, sólo que él lo hace con post its y yo prefiero claramente las tarjetas de cartulina: no se despegan, no se doblan y se clasifican mucho mejor.

A mí me gusta cambiar de lugar de trabajo. Soy culo de mal asiento. Por eso necesito un soporte que pueda guardar en la mochila y llevarme a un café, a una biblioteca, a una oficina… O simplemente pasarme del estudio al salón, si me apetece… En mi despacho normalmente las dispongo sobre una superficie metálica, sujetadas con imanes. Pero a veces me voy al sofá y las dejo sobre la mesa. Según me da.

Un proyecto actual.

Eso sí, al igual que Curro, tiendo a separar las tramas o las localizaciones por colores, porque eso me permite visualizar de manera muy clara la estructura de la película, calibrar si alguna subtrama está parasitando la historia principal, o si me estoy olvidando de algún personaje.

Alguna vez, incluso, he descubierto la solución a una trama atascada por algo tan tonto como “falta color azul” (siendo el azul el color elegido para una determinada localización, en la que podría ocurrir una escena clave para desatascar la trama). Sobre los colores, es importante reservar al menos un color para las ideas que no sabes dónde irán, o que no tienen forma de escena (que son una imagen, una línea de diálogo, una intuición abstracta…) Nunca desecho una idea sólo porque no sé cómo usarla en ese momento. Me hizo mucha ilusión ver que el maestro Curro Royo también mencionaba esa costumbre en su vídeo:

Las tarjetitas me sirven no sólo para estructurar mis historias, sino también para estudiar la estructura de películas o capítulos de series que tengo como referentes. Analizar la construcción de otras películas me ayuda a entender qué puede estar fallando en la estructura de mi historia.

El único problema de este truco es que interfiere con mi otro truco: tener siempre varios proyectos en marcha, para vacunarme contra la frustración de los bloqueos, las esperas y los rechazos. Cuando tienes muchas historias empezadas, no te queda tiempo para andar lloriqueando porque te has atascado en el segundo acto, tal productor no te responde o tal otro te responde que no. Te pones con otro proyecto y a correr. El problema, claro, es que haciendo esto puedes llegar a juntarte con varios cientos de tarjetitas de colores. Más te vale ser ordenado si no quieres volverte loco o perder material valioso. Y para eso me han servido mucho estos cacharros:

Si venís a mi casa a robar, no busquéis joyas ni dinero: en esos archivadores está lo más valioso que poseo.

A cualquiera que esté pensando en utilizar este truco, le sugiero comprar un tarjetero cuanto antes: tenemos mucho confinamiento por delante, y si tenéis un ataque de creatividad, podríais acumular muchísimas tarjetas.

Hablando de lo cual: si a alguien le cuesta generar nuevas ideas para rellenar tarjetitas, que esté atento a nuestras redes y a nuestro boletín de noticias, porque mientras dure el confinamiento planeo hacer varias ediciones online de la actividad Cazadores de ideas, pensada para todos aquellos escritores (guionistas, novelistas, dramaturgos…) que estén viviendo la angustia del no se me ocurre nada.

En estos momentos están abiertas las inscripciones para la edición que celebraremos el domingo 29 y lunes 30. Si te suscribes a nuestro boletín a lo largo de hoy, esta misma tarde recibirás instrucciones para participar en la actividad.

Y ahora os dejo con los trucos de otras grandes guionistas: Ángela Armero y Virginia Yagüe. Gracias por la iniciativa, Alicia.

Salud,

Sergio Barrejón.