por Ángela Armero.
Cuando vi que la preselección para los Óscar la conformaban “El Ser Querido”, “Los Domingos” y “La Bola Negra” pensé que estamos en un momento excepcionalmente bueno de la historia reciente de nuestro cine.

No soy muy complaciente, e incluso hay años en que la mayoría de las películas del circuito de premios me parecen algo ahormadas. Como hechas con el mismo patrón. En cambio, estos tres títulos, que obedecen a lo mejor del relevo generacional de nuestro cine, no pueden ser más distintos, y a su manera, más potentes.
He visto las tres y las he disfrutado enormemente, pero si tuviera que apostar por una de ellas, lo haría por la película dirigida por Rodrigo Sorogoyen y escrita por Isabel Peña y por él.
No entraré en el debate de por qué puede ser más del gusto de la Academia de Hollywood. Desgranaré algunos motivos por los que para mí es una película extraordinaria.
- LA INTENSIDAD
Hay algo común a todas las pelis de Sorogoyen y en esta brilla excepcionalmente. La intensidad. Los tiempos muertos operan como bombas de relojería. Los diálogos brillan en los silencios. Los volúmenes se multiplican en las palabras que no se han dicho.
Este estilo dramático y visual converge en la máxima de Billy Wilder “no aburrirás”, y también en la máxima de David Mamet del trabajo del dramaturgo: hacer que nos importe lo que pase a continuación.
Desde la escena inicial entre los soberbios Vicky Luengo y Javier Bardem, se nos lanza a una historia que nos hipnotiza, que nos concierne, que nos importa, que de algún modo es la de todos. Esto nos lleva al siguiente motivo:
- LA VERDAD
No hace falta haber vivido algo para percibirlo como verosímil o verdadero. Sin embargo, todos o casi todos conocemos, de un modo u otro, el eje central de la película. El trauma del hogar roto, el abandono, la hija dividida en dos afectos, y finalmente, abandonada, y el relato vital que eso genera en dos personajes (padre e hija) que vuelven a cruzarse en una circunstancia muy diferente.
Es un recorrido emocional carente de complacencia, sin sentencias ni cierres, pero que aviva memorias en muchos de nosotros. Toda forma de arte que merezca la pena es un espejo de la realidad, una voz que nos dice: “yo he estado ahí.”
- EL JUEGO MÁS CARO Y TRASCENDENTAL
Tampoco hace falta ser Sorogoyen para saber que el cine es a la vez lo más serio y lo más accesorio del mundo. No seré yo quien dispute la necesidad de películas en el mundo porque no sé quién sería sin ellas. Pero el cine se parece al fútbol en ser una pasión complicada y cara que se vive a tumba abierta (y no solo para quienes vivimos del audiovisual) cuando en realidad se compone de pequeños fragmentos mentirosos que cuentan una historia que no existe.
Esta doble naturaleza de trascendencia y juego se refleja a la perfección en la escena más inolvidable de la película, la de la comida. Pasa de la tensión al humor y del humor a la tensión, y todo ello sin olvidar la esencia de la película. Un padre diciéndole a su hija adulta cómo tiene que comer, como si fuera una niña pequeña, cuando quizá en su momento no estuvo ahí para decírselo, o en aquel momento no le importó.
- EL ENTIERRO DEL DIRECTOR ALFA
“El Ser Querido” también retrata el ocaso de cierto tipo de masculinidad que antes no solo se permitía, sino que se aplaudía en los ámbitos de poder.
Antes de la (legítima) preocupación por la salud mental en los ámbitos laborales y educativos, recordamos las figuras clásicas de directores exaltados, gritones, mandones, implacables, cuyo carácter no solo era temido sino respetado como una forma extrema (y muy heterosexual) de liderazgo.
No sólo en el cine. Antes eran frecuentes los maestros “firmes”, los ejecutivos crueles, del mismo modo que el acoso físico o verbal moderado era algo con lo que las mujeres teníamos que convivir.
Pero los tiempos han cambiado. Esteban Martínez, el personaje de Bardem, alcanzó la fama con un carácter fuerte que dice ahora dominar, consciente de que gritar o mostrarse autoritario tiene un coste que antes no tenía, por ejemplo, el motín del equipo. Esa forma de ser también está relacionada con su forma (inexistente) de ser padre o de cuidar. Ese modelo de hombre en descomposición es un retrato de nuestro tiempo.
- ASUMIR RIESGOS (Y QUE TE SALGA BIEN)
Muchas pelis con vocación autoral me sumen en un estado narcoléptico. Eso tiene que ver con los riesgos que se asumen en la forma de contar, que a veces aciertan de pleno con lo de ser personales pero fallan en lo de aportar una lectura relevante o como mínimo estimulante para los espectadores.
He debatido mucho con colegas sobre las cuestiones más arriesgadas de la película (el cambio de formatos, la existencia o no del tercer acto) y me parece que Sorogoyen y Peña siempre van más allá.
“El Ser Querido” resultaría una muy buena película desde el drama realista, pero el riesgo asumido en la puesta en escena, con cierta ambigüedad dramática en algunos momentos y con la mezcla de tonos provoca que, además de ser un peliculón, sea única. Y ahora que no nos oye nadie: me gusta muchísimo más que “Valor Sentimental.”