YO ESCRIBÍ UNA GALA DE LOS GOYA Y VIVÍ PARA CONTARLO

12 marzo, 2020

Raúl Díaz, guionista de la 32ª edición de los Goya y director de los Feroz 2020, nos adentra en la cocina de las galas de premios más importantes del audiovisual español.

A la hora de ponerte a escribir, ¿cómo de embridado vas?

Pues ya vas mal de tiempo antes de empezar, porque el número de premios son demasiados. En los Feroz, por ejemplo, son 22 premios, que son 22 agradecimientos. Si pones que cada uno está 5 minutos y lo multiplicas ya estás en el límite de lo que te tiene que durar una gala.

En los Goya (gala de 2018: la de los chanantes) decidimos prescindir del número musical porque casi nunca sale bien. Barajamos ideas de medley, etc, pero al final lo convertimos en un running gag, como que los presentadores iban a hacer un número musical pero siempre se interrumpía.

Y al final, cuando parecía que iba a suceder, al presentador le aplastaba el pie de de los Monty Pyton Flying Circus. Eso no tenía sentido cuando se emitió la gala, pero lo tenía cuando se escribió… porque iba a venir Terry Gilliam a entregar el premio a mejor película europea. Finalmente se puso enfermo y no pudo acudir. Otra cosa que dejó a medias (risas). Lo supimos el mismo día de la gala. Eso es otra cosa a la que te tienes que enfrentar: en todas las galas, de media, dos entregadores o tres te fallan.

Ah, o sea… ¿Se puede negociar que no haya número musical?

Correcto. Nosotros en la propuesta inicial teníamos número musical, pero no quisieron comprar esa idea inicial, el tiempo pasaba y como estábamos muy cerca, fue como una “muerte necesaria”. Lo más importante de las galas en realidad es la duración, siempre te lo dicen. Esa es una de las pocas cosas que hicimos bien. Tú tienes una suma temporal de en qué minuto debes estar en ese momento de la gala y tú ves cómo vas de largo. En los Goya tú decides cómo cortas los agradecimientos: si les bajas el micro, si les subes la música, si haces que entre un actor-policía a llevárselo… Pero ya das por hecho que los premiados se van a pasar de largo.

Muchas veces los presentadores son cómicos de stand-up. ¿Hasta qué punto escribís lo que dicen y hasta qué punto lo decide el presentador?

Nuestro año fue raro, porque a los presentadores (Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla) como mucho les llegamos a meter alguna línea suelta. Lo que decían, en general, estaba escrito por ellos y Miguel Esteban, que es como su guionista de cabecera. Nosotros nos centramos en el resto de monólogos y en los sketches. Aunque en los sketches había alguno suyo y alguno nuestro. Son los chanantes. Nosotros lo que podíamos era editar el texto. Sobre todo, nosotros les decíamos “esto queda largo” (corto no quedaba nunca).

Entonces, lo que mandas a la productora y lo que la productora entrega a la Academia… ¿Exactamente qué es? ¿Un Word?

La escaleta es un Excel y el guión es un Word. Usábamos un formato de programa de Globomedia.

 

¿El diálogo va a un prompter?

En los Goya sí, en los Feroz no. De hecho, en los Feroz tienen una apuesta arriesgada que a mí me gusta mucho: no es sólo que no se haya prompter, sino que los que están en el escenario no tienen nada en las manos. Muchas veces los actores que van a entregar un premio, que no son los presentadores, no se lo preparan porque son sólo tres parlamentos. Y de pronto te preguntan “¿Pero no tengo un tarjetón?” y hay que explicarles que no hay para nadie. Pero incluso este año Vigalondo tenía un monólogo en los Feroz que se acabó cayendo por duración porque íbamos largos y él tenía un recurso como que sacaba un papel con preguntas y se lo tenía que hacer él porque no había texto para nadie.

Volviendo a los Goya: vuestro año, el de los chanantes, tuvo críticas muy duras.

Fueron durísimas. He de decir que ahí había una trampa: con los chanantes, si no haces su tipo de humor, los fans se va a sentir decepcionados; y si lo haces, el público mainstream se va a perder. Pero era el mayor escaparate que iban a tener nunca los chanantes, de hecho era como su sueño. Entendí que se lo tomaron como algo personal, ya habían hecho bastantes presentaciones en años anteriores y sí, es verdad que era una apuesta arriesgada, pero a mí me gustaba la apuesta.

¿La apuesta de quién era? ¿Era de la productora, era de los guionistas?

De la productora. No recuerdo un nombre pero recuerdo cuándo me llegó a mi la noticia. Yo dice “¡Ah, que guay!” porque yo ya había trabajado con Joaquín en Anclados y ya nos conocíamos.

Entonces cuando presentáis el dossier no está esta propuesta de presentadores todavía.

No, era otro presentador.

¿Entonces… es intercambiable?

Yo pensaba que no, pero resultó que sí.

Nuestra propuesta (cuyo nombre no puedo decir) tenía otro tono completamente distinto y era alguien que no genera su propio material. Yo no puedo decir que no apostase por lo que salió, porque ahí estuve, pero la idea inicial era otra.

Luego había otra cosa; nosotros habíamos planteado esta gala como un poco conmemorativa del 30 aniversario de muchas cosas. Ése era el esquema de nuestra gala de los Goya, cosas que habían pasado hace 30 años: Amanece que no es poco, Mujeres al borde de un ataque de nervios… Cosas así vertebrando la gala. Nos lo compraron con ese presentador y con esa estructura, y luego una de las premisas que nos dio la Academia fue “todo actual. Ni un chiste de algo del pasado. Todo tiene que ser de este año”. Fue como “What?”. Lo cambiamos y no pasó nada, pero recuerdo un sketch que había que era “Los personajes del cine español hablando sobre sus películas favoritas”. Recuerdo que se cayó porque no podía salir por ejemplo Alatriste. Esa directriz nos cambió todo el concepto de la gala.

¿Os imponen el número de sketches?

Eso es más de nuestro diseño. Tiene que haber sketches, pero hay que ajustarlo a la duración. Si sólo hay hueco para uno, pues uno.

¿Con cuántas semanas de antelación se producen los sketches?

Son unas dos semanas. El primer paso son las promos de la gala, antes incluso que los sketches. Las fechas son muy malas porque tienes las navidades. Entonces las promos se graban después de Navidad y no queda mucho tiempo. Tanto en promo como en sketches hay mucho filtro, nosotros presentamos unas 50 ideas para sketches. Entonces ellos eligen los que se quedan y sobre eso dialogamos. Y luego los propios presentadores también proponen. Joaquín y Ernesto propusieron cinco o seis sketches.

Tu estás muy metido en programas de cine. ¿Que parte de tu trabajo se ve beneficiada por eso?

Va siempre a favor que los guionistas sean cinéfilos. Tanto en los Goya como en los Feroz cuando te encargan el proyecto te dan una clave de una plataforma donde puedes ver los estrenos. Veomac o VeoFeroz. Eso te sirve para ponerte al día y tener los referentes claros. Lo bueno de hacer un programa de cine es que yo me había visto la mayoría de las películas ya.

Lo que sí quiero dejar claro es que, ni en los Goya ni en los Feroz, ni siquiera dirigiendo la gala… nunca sé quién gana. Yo hago quiniela con los que me gustaría, pero yo nunca he tenido ni puñetera idea. Pero volviendo a tu pregunta, yo creo que te viene muy a favor estar al día, sobre todo en los Feroz, donde muchos chistes son para la prensa, chistes como muy endogámicos. Es una especie de roast.

En los Goya, ¿Dónde estabas sentado?

No estaba sentado. Estaba al final, por donde entran los que van a dar el premio. El director de la gala estaba a veinte pasos de mí. Vas tomando medidas de precaución y hablando de “si esto va largo recortamos por aquí, etc.”

¿Cuánto tienes de ensayo para los Feroz?

La diferencia para mí básica de los Feroz es que hay muchísimo tiempo más tiempo de ensayo con la presentadora y con los entregadores. Es como hacer monólogo teatral. Y todos los chistes y las intervenciones de la presentadora van más o menos pactados, no hay nada que se diga “por obligación”. Porque siempre hay gente que dice “ese chiste se lo han obligado a decir” cuando algo no le gusta mucho. Pero no, se hacen varias versiones, con propias vivencias de los actores que los están interpretando o lo que sea. Este año quisimos romper en los Feroz la propia estructura de la gala, no hicimos ni sketch inicial ni monólogo inicial, sino que decidimos empezar con dos entregas de premios (y de premios gordos). Quisimos descolocar. De hecho este año el monólogo inicial estuvo en el minuto 20 y lo distribuimos en tres monólogos cortos para que no se hiciera tan largo.

Para mí los Feroz fueron una oportunidad de quitarme la espina de los Goya. De las críticas tan duras. Me llega la oportunidad por Álvaro Velasco, porque se le caen las personas que iban a hacerlo ese año y él se acuerda de mí y sucede que es el primer año que la gala se transmite por Youtube y no por televisión, entonces la presión ya es mucho menor. Y que es en Bilbao, que es de donde soy, y me lo tomé como una señal para demostrar que sé hacer una gala de premios. Tuvimos unas reuniones de propuestas de presentadores, etc., pero los Feroz es mucho más libre, no hay tanta diferencia de lo que escribes a lo que se ve. La productora además siempre es la misma, La Tropa. Y no ponen muchos cambios.

¿Se vive de esto?

¿De las galas? No creo. Hay quien vive durante todo un año de la organización de un festival, pero no son los guionistas. Yo en los Goya no cobré nada extra, seguí con mi nómina. Suele pasar que cuanto más apetecible es el encargo peor pagan (risas).

Entrevista de Sergio Barrejón y Paula Sánchez Álvarez.

Fotos de Sergio Barrejón y Ana Álvarez Prada.

 

 

 

 

 

 

 


OLATZ ARROYO: PANES Y GUIONES

5 febrero, 2020

Entre libros de cine, en la cafetería 8 y Medio a Olatz Arroyo se le iluminan los ojos al hablar de comedia. Llevamos años riéndonos con ella, en Aída, en Allí Abajo, en El mejor verano de mi vida… Y este año seguiremos haciéndolo con su nueva película Hasta que la boda nos separe (Dani de la Orden, Febrero 2020) que coescribe con Eric Navarro y Marta Sánchez; y con su serie Supernormal, creada y escrita junto a esta última. 

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del guión?

Fueron tardíos. Yo estudié Filosofía, como es una carrera tan densa y tan profunda salí con muchas ganas de escribir algo más ameno y pensé en escribir guiones. Estudié un año de guión y cuando terminé me costó mucho encontrar trabajo de guionista, es un mundo muy hermético para los que están empezando, es muy complicado entrar. Me dediqué a trabajar en otras cosas hasta que me harté y decidí dejarlo todo para intentarlo con todas mis energías. Por casualidad hice una prueba para la serie Aída, la leyeron, gustó y me contrataron, así entré. Y desde entonces la verdad es que no he parado. Entré tarde, pero entré muy decidida. Cuando lo conseguí dije “ya esto no lo suelto” (risas).

A pesar de haber “entrado tarde”, tienes una extensa carrera en esto. Después de haber sido miembro “raso” de equipo de guión, ¿Cuáles son los principales retos de la coordinación de un equipo de guionistas? ¿Qué valor adquiere ese aprendizaje en el momento en el que creas una serie o eres showrunner? 

Como coordinadora el primer reto es formar el equipo, tienes que conseguir juntar un buen equipo de guionistas que se complementen. También hay que tomar decisiones: de argumento, giros de temporada, vivir con los plazos, entregar a tiempo con un plató pisándote los talones… Y gestionar todo eso. Y resolver, resolver siempre en el último minuto. Como has estado donde están tus guionistas ahora, intentas ser útil y ayudarles. Los guionistas somos inseguros, nos gusta involucrarnos en los procesos, no estar en nuestra casa aislados. Además tienes que entender que coger el tono requiere de tiempo, y que los guionistas necesitan ir poco a poco asimilando los entresijos de la serie. Y luego como coordinadora también aprendes que cuando surge un problema de guión siempre termina apareciendo la solución, termina saliendo la “idea feliz”. Cuando te hacen cambios de tramas y tienes que añadir dos capítulos en la última temporada que ya tienes cerrada, parece que no hay nada que hacer, que no se te va a ocurrir nada… y de repente aparece… Siempre sale algo. Cuando ya has vivido varias crisis de estas, sabes que siempre vas a salir adelante. Y a la hora de crear una serie te da muchas tablas, desde luego. 

Este año se estrena Supernormal, la comedia que has escrito junto con Marta Sánchez Guillén para Movistar +.  Con Allí abajo ya comenzábais a explorar un tipo de humor menos textual (como podía ser el de Aída) y más de situación. ¿En Supernormal continuáis por ese tono? 

Sin duda. A mí siempre me ha gustado mucho más ese tono, de situación, de personajes y no tanto de chiste de texto, que también están bien, eh. No hay que renunciar tampoco a los chistes de texto. Movistar nos ha dejado total libertad y ha sido maravilloso. Hemos explorado mucho el personaje protagonista, la situación y el universo en el que vive, que es un poco especial porque es un banco de inversión. Yo he sido secretaria en un banco de inversión, lo conocía desde dentro y conocía todas sus particularidades (que no son pocas) y hemos querido explotar eso, ese contexto, y que la gente descubriese lo que pasa realmente en ese universo. Y teniendo una protagonista femenina nos apetecía plasmar situaciones muy nuestras que normalmente no se ven en pantalla.  

¿La comedia más “pura” se está quedando obsoleta? Porque en la actualidad cada vez son más las comedias que mezclan géneros, se alejan del humor textual…

Pues a mí es que me sigue gustando la comedia pura. Agradezco cuando en una comedia siento que se ha hecho todo lo posible por explotar y por sacar todo el potencial cómico a las situaciones. Y sí, es verdad que ahora se mezclan mucho los géneros pero yo no dejo de reivindicar “la comedia-comedia”. Aunque también es cierto que la mezcla está bien y es enriquecedora. Ahora los guionistas tenemos más libertad a la hora de escribir y se nota que existe más variedad de tonos, géneros, formas de entender el humor. Porque cada autor tiene su personalidad. Todo es menos homogéneo y menos uniforme, y eso está muy bien.

La protagonista de Supernormal es fuerte, ambiciosa y en ella reside el peso de la comedia. Este último punto es cada vez más frecuente y por suerte ya no nos sorprende verlas, ¿Crees que gracias a series como la tuya, Vida Perfecta o Fleabag el público está “normalizando” más a las mujeres protagonistas cómicas? 

Eso espero. Ya toca. Es que es un movimiento casi natural y lógico, y necesario e inevitable. El mundo está lleno de mujeres divertidísimas, siempre lo ha estado. Ya es hora de que la pantalla y las historias muestren eso. El hecho de que cada vez haya más mujeres creando y escribiendo propicia que empecemos a ver más historias contadas desde nuestro punto de vista. Es sorprendente pero resultan hasta “frescas”. Y en realidad no debería ser algo tan “nuevo”, porque siempre ha habido mujeres cómicas. Lo que nos ha faltado es un altavoz. Si ahora se nos abre esa ventana y podemos hacerlo genial, no vamos a desaprovecharlo. Ya es hora de que se normalice y de que un protagonista femenino cómico deje de resultar llamativo.

¿Qué papel  juegan las plataformas en estas nuevas narrativas? 

Muy importante. Las plataformas han cambiado radicalmente la forma en que se escriben, se producen y se emiten los contenidos. Muchas plataformas ahora piden los proyectos directamente a los autores, buscan voces originales, series más de “autor”. Necesitan crear contenidos muy variados para un amplio catálogo, y permitir que cada cual encuentre su serie. Lo que no quita para que también encarguen series a productoras, como se hacía antes con las cadenas. Lo importante de las plataformas es que han empezado a pedir proyectos directamente a los autores, antes siempre teníamos a la productora de intermediaria, que era la que proponía ideas y vendía. Hoy los guionistas empezamos a gozar de cierto prestigio, y eso está muy bien. 

¿Podrías hablar de algunos retos del sindicato en materia de igualdad? 

ALMA está muy volcada en las guionistas, porque queremos que haya más mujeres afiliadas. Hicimos hace poco un acto de mujeres escritoras, y vinieron muchas guionistas de todas las edades. Pudimos hablar, intercambiar opiniones, ver cómo podemos ser más visibles, hablar de nuestras experiencias, y que las chicas jóvenes que quieren ponerse a escribir no sientan que sus historias importan menos. Estamos en ello. Es verdad que hay muchas menos mujeres afiliadas pero en las últimas altas hemos recibido más peticiones de mujeres que de hombres y eso está fenomenal. Hay muchas mujeres guionistas jóvenes y necesitamos que tengan referentes y que vean que sus voces son tan necesarias e interesantes como las de cualquiera. 

¿Qué te gustaría destacar del trabajo de ALMA como vicepresidenta?

Pues muchas cosas. Tengo que destacar tanto el trabajo de las personas que trabajan en el sindicato como el de los miembros de las juntas, presentes y pasadas. En treinta años ALMA se ha convertido en un referente. Ha conseguido que los guionistas tengamos una visibilidad en medios que hace unos años no teníamos. También estamos presentes en entidades internacionales como la Federación Europea de Guionistas. A parte de los muchísimos encuentros que organizan para guionistas y por supuesto los premios del sindicato. Dentro de poco celebramos la segunda edición, y esperamos que la gala sea tan divertida y emotiva como la primera. Otra cosa de la que estamos muy orgullosos es de la negociación del convenio colectivo y de un programa de mediación para resolver conflictos entre autores, además de haber abierto la puerta a negociar con productoras.

¿Cuáles son tus rutinas de escritura?

Yo escribo en mi casa. Soy de escribir por la mañana, pero porque tengo hijas y cuando las dejo en el colegio tengo mis horas de tranquilidad máxima que son mi santuario y mi templo.  Por la tarde cuando vuelven a casa me resulta más difícil. Y mientras escribo pues: hago pan, cocino, pongo una lavadora, todo muy glamuroso. Así es la vida de una guionista-madre: ya que tengo que estar varias horas en casa trabajando, si un día no escribo nada bueno, por lo menos que fermente una masa  (risas)  

-Serie que recomiendas: Pues acabo de ver The Morning Show, que me ha encantado. Habla del acoso en el trabajo, las relaciones de poder, el silencio, la complicidad de los que callan… Muy tremendo todo. Y con unos actores excepcionales. También me ha gustado The crown, el personaje de la reina me ha hecho casi monárquica. After Life de Ricky Gervais y The Kominsky Method también, son comedias muy personales y con mucha ternura. Españolas me gustaron mucho Arde Madrid, El día de mañana y Paquita Salas

-Guionistas/escritoras referentes Muchas. Sally Wainwright me encanta, Maren Ade, Tamara Jenkins, en comedia Nancy Meyers, Amy Sherman Palladino… Y en España, una mujer guionista de comedia en la que me fijé cuando empezaba era Yolanda García Serrano, ha sido un referente para muchas. 

¿Qué consejo darías para los nuevos y las nuevas guionistas?

Que escriban. En esta profesión te haces escribiendo. Hay que entrar con muchas ganas porque la clave del éxito como escritor es el trabajo, no hay más. Tienes que tener esa necesidad de contar, de querer que tus historias sean vistas, de divertir, de entretener. Así que mi consejo es escribir y juntarse con otros guionistas, que aprovechen las oportunidades que les brindan ALMA o asociaciones como CIMA, encuentros de guionistas, talleres. Escribir es como cualquier artesanía, tienes que coger músculo y soltura. 

Olatz acaba definiendo su tono como “un canto a la vida”, porque según ella, en esta vida ya se ven demasiados dramas.

Entrevista por Paula Sánchez Álvarez
Fotografías por Ana Álvarez Prada


GEMA R. NEIRA: “ME MOLESTA EL TÉRMINO ‘SERIES PARA MUJERES'”

15 enero, 2020

Gema R. Neira entra a la cafetería 8 y medio con entusiasmo y con una energía vital admirable para alguien que se gana la vida coordinando series. La directora de desarrollo de proyectos de Bambú ya avisaba de cómo no morir con esto en una entrevista anterior para nosotros. Uno de los rostros detrás de exitazos como Fariña, Velvet o Las chicas del cable nos habla de sus inicios, del sindicato y de la importancia de utilizar la presencia en los medios para reivindicar.

¿Cual ha sido el camino para acabar siendo creadora de series?

Yo empecé en Galicia, haciendo diálogos para una serie autonómica. Luego estuve haciendo argumentos, luego de coordinadora de una serie, luego participé en un departamento de desarrollo; a partir de esto último fue cuando empezamos a generar ideas propias y fue cuando vendimos la primera serie original nuestra, que fue Desaparecida. Fueron muchos años, mucho trabajo para otros y trabajar con personas muy diferentes. Intenté aprender un poco de todas esas personas y de sus maneras de trabajar. Sobretodo es coger experiencia. Cuando voy a un máster me preguntan los alumnos “¿Cómo puedo vender mi serie?” y yo siempre le digo “A lo mejor ahora no es el momento de que vendas tu proyecto sino de que aprendas cómo trabajar dentro de una serie, lo que es una serie, el formato,… Para luego aplicar todo eso a tu propio proyecto, pero con más solidez.” Las mil primeras páginas de alguien siempre son horrorosas, del mejor escritor del mundo también. Entonces lo que hay que hacer es escribir mucho.

¿Qué perfil de guionista busca Bambú?

Trabajamos con perfiles muy distintos porque ahora por ejemplo estamos en un momento de mucha producción, ha entrado mucha gente nueva, con menos experiencia… Para mí una de las cosas más importantes es que sea gente que sepa trabajar en equipo, que le apasione su trabajo, porque no estamos haciendo tornillos. Gente a la que realmente le guste escribir y que se enamore voluntariamente de los proyectos. Que sienta que puede aportar algo personal. Para mí siempre ha sido muy importante el ambiente creativo de la empresa, que todos los guionistas puedan compartir las ideas unos con los otros. Y que si tienen un problema puedan meterse en el despacho de los otros y decir “chicos estamos bloqueados”. Que haya un ambiente colaborativo y nunca de competencia. 

La pasión yo creo que es lo más importante. Bueno y el trabajo también, que soy muy exigente (risas). Yo cuando empiezo a trabajar con alguien siempre le aviso “me voy a pegar a ti, y voy a ser muy pesada y voy a revisar y reescribir todo lo que hagas. Eso durante tres o cuatro capítulos, al quinto que ya veo que has entendido lo que quería te voy dejar mucho más espacio.” Creo que eso es lo que tengo que hacer porque creo que es imposible saber lo que está en la mente de una persona si esa persona no te lo dice. Lo primero es contar lo que tengo en mi cabeza y trasladarlo. Pero tampoco queremos escribanos. Yo no quiero gente que transcriba, yo quiero gente que aporte cosas. El resultado nunca va a ser exactamente el que tengo en la cabeza, si tengo suerte es mucho mejor. Pero para eso tienes que dejar un espacio para que otros pongan una parte de sí mismos. Además si haces eso, esa gente va a amar el proyecto, se van a quedar ahí y lo van a hacer lo mejor que puedan. 

En esta profesión, tan ligada a la pasión como dices, es difícil lidiar con el rechazo.

Yo siempre le digo a los chicos que vienen nuevos a Bambú “Escribir es reescribir”, y es asumir que va a salir una cosa bien de cada cincuenta mal. Y no pasa nada. Y cuando aprendes que no pasa nada ya no te frustra, asumes que a lo mejor esa serie no sale nunca, o que a lo mejor sale dentro de siete años, de nueve años… Porque eso también pasa mucho, a nosotros nos pasó con Fariña. Nosotros en Galicia queríamos hacer una serie sobre el narcotráfico y no había manera, porque en aquel momento en la televisión no había antihéroes como protagonistas, era todo mucho más blanco. Cuando años después apareció el libro de Nacho fue como “Ahora igual sí que es el momento de hacer esto que quisimos hacer durante tanto tiempo. Además tenemos una base que es un libro al que le ha ido bien y que además tiene el espíritu de lo que nosotros queríamos contar, que es ese carácter gallego que le da el puntito de comedia.” Hay muchas series de narcos en el el mundo pero ninguna puede ser como esta, porque en ningún sitio son como somos los gallegos. Eso es justo lo que evidenciaba el libro de Nacho y lo que nos molaba a nosotros. Y de repente fue todo súper rodado y la serie salió fenomenal y estamos felices, pero era una idea de hace un montón de tiempo. Cuando la gente dice “es que esto no ha salido” yo digo “no te preocupes, las cosas en las que uno confía hay que dejarlas ahí porque nunca sabes cuando se van a reactivar y cuando van a salir, que la industria cambia mucho.”

¿Que supone para ti pertenecer a ALMA?

Ha habido una labor interesantísima por parte de ALMA en los últimos años que nos ha dado mucha visibilidad a los guionistas y eso ha llevado a que tengamos más derechos. Creo que eso es lo interesante del sindicato,  por eso tenemos que apoyarlo todos, que cualquier lucha personal se convierta en una lucha colectiva. Ese tipo de lucha siempre tiene más fuerza y tiene más voz. Así que pienso que todo guionista debería afiliarse y intentar hacer lo que pueda a nivel particular. Porque es verdad que cada uno tiene su propia vida y sus cosas pero creo que lo que podamos aportar cada uno es interesante y hay que hacerlo. Nosotros hablábamos el otro día en los encuentros de ALMA del papel de la mujer dentro del mundo del guión, y yo siempre decía que a mí no me gustan nada los focos, no me gustan las entrevistas, no me gusta salir, a mi lo que me gusta es escribir; pero lo hago por conciencia, porque creo que es interesante demostrar que hay modelos femeninos en esta industria, y yo puedo decir en voz alta lo que muchas de mis compañeras dicen y no puede salir. Cuando no nos sacan en prensa, cuando nos relacionan siempre con un tipo de proyectos que tienen que ver con historias que se consideran femeninas… todas esas cosas hay que decirlas porque muchas veces ni quiera hay consciencia de que está siendo así. Hay que decirlo para que haya una reflexión y para que haya un cambio, lo tenemos que hacer a nivel particular y lo tenemos que hacer a nivel como colectivo. 

Entonces, ¿Hay una especial distinción a las guionistas en según qué géneros?

En los proyectos que se consideran más masculinos muchas veces los nombres de las mujeres que participamos en el proyecto han desaparecido de las noticias. Es bastante llamativo, nunca desaparecen de las noticias sobre Velvet o sobre Las chicas del Cable. Pero desaparecen de las noticias de Fariña y de El corredor de la muerte, porque se asocian directamente solo a mis compañeros. Qué curioso que sea justo en estos proyectos. No es casual. No quiero decir que sea intencionado, porque no creo que sea intencionado, pero creo que hay una ‘cosa’ interna. Muchos periodistas consideran que hemos participado menos, sin meditarlo, porque son series “masculinas” y “no seremos tan importantes.” Ese tipo de cosas hay que decirlas y hay que compartirlas con el sindicato, sobre todo cuando no se ponen los nombres de los guionistas en las noticias, a mí me han llegado mil veces quejas de los guionistas con este tema. [···] Para mi lo ideal es que nadie se preocupe si algo lo ha escrito un hombre o una mujer.

Siempre creo que se menosprecia un tipo de proyectos que tienen que ver con lo más comercial y sobre todo que tienen que ver con lo femenino. Y a mí eso me molesta mucho. Porque creo que hacer una serie como se ha hecho Velvet durante tantísimas temporadas, que viaje internacionalmente, es una cosa muy complicada. No sé por qué tiene que tener menos valor dentro de la industria que Fariña. Yo no lo creo. Además siempre me molesta el término “series para mujeres”, porque viene a decir que están las series y las series para mujeres. No existe el “series para hombres”; existen las series buenas y las series para mujeres, como en una segunda categoría. Como la novela rosa, siempre por debajo. Oye no, serán series todas. Y las verá además quién quiera. Si tu ves las audiencias de Velvet hay una audiencia masculina brutal, es una mentira que sean para mujeres. No hay una diferencia nada notable, es muy poquita. 

¿Rutinas de escritura?: Yo soy ‘de ofi’. Soy de horario fijo. Me gusta tener un espacio para escribir y un espacio para mi vida privada. 

Recomienda una serie: La serie de Mrs Maisel, que me encanta. 

Escena de la que te sientas más orgullosa de haber escrito: No es una escena mía solo, esto es un trabajo en equipo, pero me gusta mucho el momento en Fariña en el que el poder pasa a las mujeres porque creo que es una sorpresa. Porque hasta ese momento han estado siempre en segundo plano y de repente cuando aparecen, aparecen con una fuerza… Pues es increíble. 

Actualmente estás trabajando en: La tercera temporada de Alta mar, que estamos en rodaje, y con un montón de cosas nuevas que no te puedo contar (risas) Que espero que salgan. Y escribiendo más pelis.

Tiene muchos proyectos en el aire pero una cosa clara: por ahora, seguirá en ficción. Gema R. Neira está enamorada profundamente de su trabajo, el cual ahora mismo está centrado en explorar aspectos de la producción, y en continuar aprendiendo y mejorando cada día.

Entrevista por Paula Sánchez Álvarez
Fotografías de Ana Álvarez Prada