EL DOBLE MÁS QUINCE: UNA ROAD MOVIE ANDANDO

Cuando llegas a la edad adulta, te vienen de golpe preguntas que tenías en la adolescencia, pero con mucha más fuerza y violencia, porque dices: “¿Es esto la vida? Esto que he hecho, ¿es lo que quería hacer? ¿O me he dejado llevar por las circunstancias?”.

Con estas palabras, el guionista y director Mikel Rueda define el alma de su nueva película, El doble más quince, en la que dos personajes de edades muy dispares, interpretados por Maribel Verdú y Germán Alcarazu, realizan un viaje a pie por la ciudad durante el que ahondan en sus sentimientos y en el significado que los años han dado a su vida. “No deja de ser una roadmovie andando, como la llamo yo, películas que se permiten hablar mientras caminan” aclara Rueda, quien buscó referentes como la trilogía Before de Richard Linklater u obras desde la nouvelle vague francesa de Truffaut o el neorrealismo italiano hasta el cine americano de Gus Van Sant, ya que “somos todo lo que vemos”. Es una película que transcurre casi por completo en 24 horas, pero eso hizo que fuera más fluida, la construcción de la historia venía más hilada, y las elipsis fueron las que le resultaron más complicadas y menos orgánicas.

El doble más quince es tremendamente personal para Mikel Rueda. A pesar de que no es autobiográfica, tiene mucha relación con sentimientos y sensaciones que él mismo ha experimentado recientemente. La película junta dos momentos vitales muy importantes: la adolescencia y la edad adulta, sobre los que nos comenta: “La adolescencia es un momento muy importante en la formación de una persona. Estás en proceso de algo que no sabes lo que es, ni siquiera sabes cómo llegar a ello. Tienes muchas preguntas, pero tampoco tienes respuestas a tus preguntas, y de repente te topas con la vida que te marca un camino: estudiar, trabajar, casarte o no, tener hijos o no, comprarte una casa o no. Haces un camino y de repente, cuando terminas ese camino, ¡bum! Llegas a la edad adulta”. Una etapa en la que, a pesar de que la adolescencia ha quedado lejos, las preguntas vuelven de forma arrolladora. De eso habla la película, “de respetarnos, de darnos tiempo, de poder disfrutar de ti mismo”.

Uno de los puntos más controvertidos de El doble más quince es cómo una mujer que supera los 45 años y un joven de 15 años conectan, no solo emocionalmente, sino que también se mueven alrededor de una línea sexual y romántica que están tentados a cruzar. En este respecto, Rueda deja claro que ese no es el tema principal de la película, la cual deja de lado cualquier morbo y mirada sucia que se pueda tener sobre la historia. “Creo que solo cuando colocas al espectador en una situación de riesgo en el que su código moral puede verse tambaleado, se abre la brecha para poder entrar a cuestionarse más cosas. El cine cumple la función de lanzar preguntas, y cuando el que las recibe se las lleva a casa, algo está pasando. Busco esa incomodidad cómoda, ya que a través de esa incomodidad se genera reflexión”.

La película lleva en el tintero desde hace seis años, cuando ya estaban escritas las primeras versiones. En ese sentido, el guión del largometraje es anterior al cortometraje Caminan que Mikel Rueda rodó en 2016 con los mismos personajes y los mismos actores. Mikel explica que le llamaron del festival de cine de Bilbao porque querían hacer algo similar a Paris, je t’aime con directores bilbaínos. Ante esa oportunidad, decidió utilizar una escena autoconclusiva de El doble más quince, para probarla. “Pero rodar Caminan me sirvió mucho para darme cuenta de que tenía que respetar más a estos personajes y los silencios”. Esa lección se debió a que el guión de Caminan era de cinco páginas, pero el cortometraje acabó durando 14 minutos, mientras lo natural es que cada página corresponda a un minuto. “El triple, es una hecatombe de cualquier producción. Llevas un guion de 90 páginas y acabas con una película de cinco horas. Me di cuenta de que esos personajes necesitaban permitirse estar callados también. Son dos personajes que para poder verbalizar todo lo que verbalizan hacen un camino en el que se permiten ser, sólo desde la confianza que les transmite la mirada del otro, para eso era necesario construir también los silencios”.

El guión de El doble más quince va de la mano del hermoso trabajo realizado por el director de fotografía Kenneth Oribe, quien dota a cada escena de una melancólica que transmite perfectamente el estado anímico de los personajes, además de unos enfoques y desenfoques que parecen ser un elemento más del propio desasosiego de los dos protagonistas. Al ver la película, el espectador se encontrará con símbolos recurrentes de las obras de Mikel Rueda. Además de la etapa adolescente que es una constante en la mayoría de sus películas y cortometrajes, también aparece el agua a través de las clases de natación a las que acude el personaje de Germán Alcaruzu, como ya lo hizo en la anterior película de Rueda, A escondidas, sobre el amor homosexual adolescente. El director admite que le gusta el simbolismo del agua: “Tengo un corto que se llama Agua. El agua genera vida, el agua limpia, el agua nos ayuda. Si os dais cuenta, a veces tienes una mala experiencia y te vas a la ducha. Intentas quitártelo de encima, te intentas lavar, porque el agua conceptualmente tiene mucha fuerza, y porque creo que ayuda. En los personajes ocurre eso, se duchan porque están a punto de explotar y necesitan parar.  El agua te saca de tu medio, te obliga a estar quieto, a no moverte mucho, o a limpiarte”.

El doble más quince ya está disponible en los cines, desde el viernes 28 de Febrero.

Escrito por Carolina Daza León. Fotografías de Ana Álvarez Prada.

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