ADAPTABLES: LA LADRONA DE TOMATES

23 junio, 2020

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«Toma, este te lo regalo yo». Supongo que Jónatan, uno de mis libreros de cabecera en Madrid, en la librería La Sombra del Barrio de las Letras, detectó rápidamente la mirada de escepticismo que le eché al pájaro brillante que protagoniza la portada de La ladrona de tomates, de Ursula Vernon (Ed. Cerbero, 2018). 

Yo le había pedido algunas recomendaciones para retomar esta serie de «Adaptables». Escogí unas cuantas de las que me dijo y añadí algunas intuiciones propias. Cuando me iba, Jónatan me sacó las poco más de cien páginas de esta novela corta norteamericana, ganadora del premio Hugo en su categoría en 2017. A priori tiene varias cosas que me echan para atrás: una desconfianza atávica pero injusta a la literatura de ciencia ficción y fantasía, la ceja levantada cada vez que hay un premio detrás y, bueno, el extraño sentido del humor de Jónatan.

pez de plata

Cien páginas

Reconozcamos que cien páginas es una cifra irresistible para ponerse con un libro sin pensárselo mucho. Y ahí es donde sucede la magia. Literalmente.

Lo primero, el argumento: la abuela Harker es una anciana con considerable mala leche que vive aislada en una pequeña casa en el desierto, seguramente en algún lugar de Nuevo México. Su hija pretende que se mude más cerca del pueblo, o al menos que contrate a una chica para que la ayude con la huerta. Pero la abuela Harker es testaruda y celosa de su independencia y se niega rotundamente. La realidad es que la abuela es particularmente celosa de sus secretos como horticultora, y en particular de sus magníficos tomates, que están a punto de alcanzar su punto perfecto de madurez. Solo que, justo en ese momento, alguien empieza a robarlos durante la noche.

Aquí hay una serie

La ladrona de tomates es el capítulo piloto de una estupenda serie de fantasía para cualquier canal de pago, temático o no. Te presenta un personaje formidable, una anciana con sentido del humor bastante negro, carácter indomable y personalidad arrolladora. Es creíble, es desvergonzada, es tridimensional. 

Te sitúa rápidamente en un entorno familiar, cercano al western, con una ligera distorsión de la realidad que conocemos para que en seguida nos demos cuenta de que no estamos en nuestro mundo sino en uno que se le parece. O quizás que está un poco más adelante en el tiempo.

Pero, sobre todo, te construye un universo poblado de magia, mitología propia, criaturas, mundos alternativos, distorsiones temporales y espaciales, personajes que solo se mencionan brevemente o solo aparecen unos minutos… Todo ello con muy pocas pinceladas, dejando auténticas ganas de conocer más en profundidad ese territorio mítico que por muy poco no está sacado de una película de John Ford. 

La ladrona de tomates es oro para un guionista: no tanto por lo que es, sino por todas las ramificaciones e historias que promete ser.

Alberto Haj-Saleh en la librería La Sombra de Madrid. Foto ©Ana Álvarez Prada.

LA ESCENA QUE HAY QUE RODAR

Hay una anciana con una cantimplora, hay un dragón mortífero que yace exhausto en el suelo y está la frase «cuando alguien pide agua en el desierto, se la das». No hay mucho más que decir. 

EL CASTING

Aunque solo tiene 64 años, no se me ocurre una mejor abuela Harker que Whoopi Goldberg, que parece nacida para interpretarla. No puedo evitar ver a Melissa Leo haciendo de la vieja Anna, la amiga (o no) de la abuela Harker y a la que acude buscando ayuda. Y para este piloto imaginario vendría estupendamente un nombre como el de Elle Fanning, como mujer-ruiseñor-ladrona de tomates.

Texto: Alberto Haj-Saleh. Fotos: Ana Álvarez Prada.


CINCO LIBROS DE GUIÓN QUE PUEDES CONSEGUIR GRATIS LEGALMENTE

22 mayo, 2020

Durante muchos años, Alba Editorial ha sido un referente en el ámbito del libro sobre guión. Títulos clásicos como EL GUIÓN de Robert McKee y joyas como CONVERSACIONES CON DAVID MAMET aparecieron por primera vez en castellano en Alba.

Muchos guionistas viejunos atesoramos estas ediciones en papel. Pero Alba Editorial, que de viejuna no tiene nada, ha sabido ponerse al día no sólo publicando muchos de estos títulos en ebook, sino también incluyéndolos gratis en Kindle Unlimited, “el Spotify de los libros”.

Estos son cinco de los libros gratuitos disponibles en el momento de publicar este artículo:


EL GUIÓN, de Robert McKee.

El gurú del guión por excelencia. Odiado por muchos, idolatrado (y muy bien pagado) por otros tantos, ésta es su biblia:


ANATOMÍA DEL GUIÓN, de John Truby

“Uno de los mejores manuales de guión que he leído”. Coral Cruz (Hierro, Los días que vendrán, Incierta gloria)


SALVA AL GATO, de Blake Snyder

“Todos lo odian pero, a escondidas, todos lo usan”. Roger Drew (Veep, The Thick Of It)


ESCRIBIR CINE, GUÍA PRÁCTICA PARA GUIONISTAS de la Gotham Writers’ Workshop

“Toneladas de consejos prácticos”. Keith Gordon (Homeland, Fargo, Better Call Saul)


LAS PARADOJAS DEL GUIONISTA, de Daniel Tubau

Y si te cansa tanto libro gringo sobre las reglas del guión, aquí tienes uno que profundiza en las excepciones y desmonta tópicos sin piedad. Escrito por uno de los más prestigiosos profesores de guión de España.


Destaco estos cinco por no alargarme, pero hay unos cuantos más. Es cierto que hay que suscribirse a Kindle Unlimited para poder leerlos, pero el servicio te ofrece un mes gratuito de prueba, que puedes cancelar en cualquier momento. Si eres capaz de leer estos libros en un mes (y deberías, porque todos ellos son altamente devorables), te saldrán por cero euros.

Y recuerda que en nuestra sección de libros de guión tienes una selección mucho más amplia de títulos indispensables en la biblioteca de un guionista. Que los disfrutes.

Sergio Barrejón.

 

 

 

 

 


A PROPÓSITO DE WOODY / y 2

2 abril, 2020

La semana pasada se publicó, casi por sorpresa, Apropos of Nothing, la autobiografía de Woody Allen. Cuatro autores de este blog nos hemos comprado el libro y lo estamos reseñando para nuestros lectores.

Lee aquí la primera entrega: https://bloguionistas.com/2020/04/01/a-proposito-de-woody-1/

EL DON DE LA OPORTUNIDAD, por Natxo López

Woody desarrolla en uno de los capítulos más interesantes su paso al drama. Incide en la inseguridad que le supuso, al mismo tiempo que consideraba una obligación creativa, expandir sus límites como cineasta y no quedarse en la comodidad de lo que ya sabía hacer (comedia). También se recrea en algunos de los errores que cometió a lo largo del proceso, como estos dos que comenta de la película “Interiores”.

“Mi primer error fue hacer algo que no había hecho antes y que nunca he vuelto a hacer, que es ensayar. Yo no tengo paciencia para ensayar, y haciendo comedias, cuando más escucho el texto, menos divertido se vuelve. Es por eso que cuando termino un guion […] nunca vuelvo a mirarlo hasta que lo ruedo”. [..] “Así que invito a mi apartamento a estas dos fabulosas actrices, Maureen Stapleton y Geraldine Page, para ensayar o al menos hablar sobre los personajes […] y entonces cometo mi segundo error. Les digo: “¿os gustaría beber algo?”. Podéis imaginar cómo termina esto. Corte a: dos horas después, ninguna de las dos consigue mantenerse en pie”.

Puede que lo más interesante del capítulo sea el espacio que dedica a la que seguramente es su obra maestra, Manhattan. Cuenta, por ejemplo, cómo la idea de la película fue surgiendo en las cenas que tenía con el director de fotografía Gordon Willis en los Hamptoms, durante el rodaje de “Interiores”.

“Decidimos que deberíamos rodar mi siguiente película, una historia de amor neoyorquina, en blanco y negro y formato panorámico. Siempre habíamos visto el formato panorámico al servicio de películas bélicas y westerns al aire libre, donde el tamaño de la pantalla podía ser explotado visualmente. Nuestra idea era usarlo para transmitir la intimidad de las historias de amor”.

Woody sabe que Manhattan es considerada por muchos como su mejor película, pero habla de ella con la distancia de quien es consciente de que, al final, la diferencia entre una buena película y una mediocre a menudo tiene que ver con el don de la oportunidad y con la suerte.

“Durante el rodaje de esa película, oímos que New York iba a tener unos fuegos artificiales espectaculares esa misma noche. Lo dejamos todo, corrimos al apartamento de un amigo en Beresford, y nos preparamos. Así, forzando la suerte, capturamos unos planos maravillosos, que nos brindaron la impactante apertura de la película”.

A PROPÓSITO DE TODO, por Jorge Naranjo

Nunca pensé que solo un episodio del libro podía incluir tanto contenido que no solo daría para escribir un post infinito, sino otro blog, o una novela, o una pieza teatral, o el guion de otra película del genio y neurótico neoyorquino.

Y como este libro es un mastodonte, creo que lo más honesto por mi parte será echarme a un lado e ir enlazando, con las menos palabras posibles, algunos de los recuerdos del creador de “Manhattan”, “Annie Hall” y tantas obras maestras.

“Aquí estoy, soltero, a punto de hacer el casting para Sueños de un seductor”.

Así arranca el octavo bloque de esta colección de anécdotas, curiosidades, chistes y verdades que ningún seguidor de Allen debería perderse. Un bloque donde habla de cine, de guiones, de los Oscars, de amigos y estrellas, y donde también menciona a algunas de las mujeres de su vida, desde Mia Farrow a Soon-Yi, desde Mariel Hemingway a Stacey Nelkin. Y sobre todo, a la que él mismo define como una de las personas más importantes de su vida y a quien enseña sus guiones y sus primeros montajes antes que a nadie: Diane Keaton. Allen recuerda perfectamente la primera vez que la vio. Fue durante ese mismo proceso de casting.

“Permítanme decirlo así: Si Huckleberry Finn hubiera sido una mujer bellísima, eso es lo que vi entrar (…).Era genial. Genial en todos los sentidos. Si la presencia de alguien puede iluminar una habitación, la suya iluminaba un bulevar. Adorable, divertida, con un estilo original, real, fresca. Al salir, sabíamos que aún teníamos que ver otras actrices que estaban en la agenda pero, en nuestras cabezas, ella ya tenía ese papel”.

Y sigue:

“Hace grandes fotos, actúa, canta de maravilla, baila, escribe bien. Nos hicimos amigos íntimos casi al instante de conocernos. Al acabar el montaje de “Toma el dinero y corre” junto a Ralph Rosenblum, se la proyecté y me dijo que era una película buena y divertida, y que no tenía nada de qué preocuparme. Desde entonces, ha sido mi estrella del norte y mi persona-a-la-que-acudir (…) Siempre le he enseñado mi trabajo y es una de las pocas personas cuya opinión realmente me importa”.

Por supuesto, fueron pareja. Y antes de que lo hiciera todo Hollywood, Allen se enamoró de cada detalle de Keaton, empezando, claro, por su forma de vestir:

“Claramente tenía una visión de artista. Lo sabías por su forma de vestir, que podía ser “trendy” para quien crea que colocarse la pata de un mono muerto en la solapa puede resultar “chic”. Digamos que Keaton siempre vestía con cierta imaginación excéntrica, como si su “personal shopper” fuera Buñuel”.

Quizás, lo mejor de estas memorias es que Allen no esconde nada, no huye de nada. Toca cualquier tema sin miedo, sin esconderse, entre ellos, su romance con la joven actriz Stacey Nelkin (cuyo romance proporcionó unas anécdotas que, como cuenta Allen, acabarían en el guion de Manhattan) y, por supuesto, la eterna polémica de su matrimonio con Soon-Yi (“espero que no sea la razón por la que compraste este libro”, advierte) y todo lo que ahora rodea su figura:

“Mi primera mujer era tres años mayor que yo. Igual que la segunda. Se puede decir que Diane Keaton sí tenía una “edad apropiada”, igual que Mia Farrow, con quien estuve trece años. De todas las mujeres con las que he estado, casi ninguna era más joven que yo (…). Cuando me enamoré de Soo-Yi, reviví lo que conté en Manhattan y adquirí reputación de ser alguien obsesionado con las mujeres jóvenes. He vivido obsesionado con los gángsters, los jugadores de béisbol, los músicos de jazz y las películas de Bob Hope, pero las chicas jóvenes han sido una minúscula fracción de mis parejas a lo largo de mi vida”.

Pero hay más. Porque en este capítulo también habla, claro, de cine. Y mucho.

Primero, de sus maestros…

“Yo aprendí a hacer cine de dos maestros (…) de Ralph Rosenblum, un montador con gran talento, y todo lo demás de Gordon Willis. Gordon lo sabía todo. Le vi llamando a Kodak desde Rochester para decirles cuánto nitrato de plata tenían que poner en el negativo. Era rígido, duro con su equipo, temperamental, pero jamás nos cruzamos una mala palabra y trabajamos juntos durante diez años”.

De la importancia de los guiones:

“Mi teoría, tras años en la industria, es que el problema suele ser el guion. Es mucho más duro escribir que dirigir. Un director mediocre puede hacer una buena película con un guion pasable, pero un gran director nunca podría sacar una película estupenda de un guion flojo.”

Y hasta de Gene Wilder:

“Menudo talento (…). Quizás pueda ser algo excéntrico, pero… ¿cuántos tipos pueden actuar de una manera tan brillante dándole la réplica a una oveja?”.

Todo eso y mucho más es este libro, donde uno puede irse a cenar con Allen y Keaton a Elaine’s, donde cualquier noche se encontraban con Fellini, Kennedy, Tennesse Williams, Antonioni, Michael Caine, Nora Ephron, Robert Altman, Simone de Beauvoir, Gore Vidal y Roman Polanksi, por citar algunos ejemplos. O recibir algún consejo: “Lo divertido de hacer una película es hacerla, el acto creativo. Los aplausos no significan nada”. Y más de un destello de sinceridad:

“Todo lo que puedo decir es que hice lo que pude, amigos. Si las películas no son mejores, yo soy el único responsable. Tuve absoluta libertad para hacer los proyectos que quise (dentro de un presupuesto dado) y control artístico total”.

Gracias a los años que pasé trabajando en Ocho y Medio, mi segunda casa, he tenido acceso privilegiado a muchos manuales sobre cine y he leído bastantes memorias de grandes directores, y no creo que me equivoque al decir que este “A propósito de nada”, de Woody Allen, estará a la altura histórica y literaria de tótems como “Mi último suspiro”, de Luis Buñuel, la “Autobiografía” de Akira Kurosawa o “Groucho y yo”, del capo de los Marx. Ojalá gocéis tanto su lectura como yo y como, probablemente, disfrutó su escritura el creador de “Hannah y sus hermanas”, “Maridos y mujeres”, “El dormilón”, “Bananas”, “Zelig” o “Match Point” porque, como el propio Allen apunta en esta Biblia:

“Todo lo que cuento se resume en que lo único que realmente importa de este trabajo es divertirse”.