David Muñoz

LOS NINGUNEADOS

Bueno, a lo que iba: que no creo estar diciendo nada muy descabellado al afirmar que todos estos “coordinadores” más de una vez y más de dos deberían cofirmar la dirección de las películas en las que trabajan.

UN DESCANSITO

“Los guionistas deberíamos hablar más de dinero. A los únicos a los que no les conviene que hablemos de dinero es a quienes nos lo pagan (y, sobre todo, a quienes dejan de pagárnoslo)”.

A VECES OLVIDO…

Un problema que me he encontrado es el exceso de diálogo. Los globos de texto “tapan” centímetros cuadrados a la imagen y encontrar un balance entre la letra y la imagen puede ser complicado. Eran viñetas con tanto diálogo que no veía forma de cumplir con la descripción de la imagen con tantos globos alrededor.

A VECES OLVIDO…

Como guionista estás acostumbrado al ninguneo sistemático y a que ante todo se te exija una capacidad casi camaleónica para adaptarte a lo que te piden tus jefes. La docilidad se valora más que el talento. Y de pronto… ¡eres un autor! Te sientes casi como… gulp… ¡un escritor! ¡Se te respeta! ¡Se te pide que tengas un punto de vista, un tono, que seas TÚ!

A VECES OLVIDO…

Pero empeñarse en respetar escrupulosamente la Biblia que escribiste para venderle la serie a la cadena suele ser imposible. Como siempre, al profundizar en el material es cuando se descubre la verdadera forma que debe adoptar.

A VECES OLVIDO QUE…

Llegados a este punto todos los implicados suelen haber caído víctimas de un síndrome muy habitual en los procesos de desarrollo: la búsqueda del “guión perfecto”. Que más o menos es como buscar la mítica ciudad sudamericana de El Dorado que obsesionó a los conquistadores españoles.

A VECES OLVIDO…

Se formula de muchas maneras pero el transfondo siempre es el mismo. El guionista en ciernes pretende poco menos que, como hace Morpheus con Neo en Matrix, le demos una píldora de color rojo cuya ingesta le permita pasar automáticamente “al otro lado del espejo”.