A PROPÓSITO DE WOODY / y 2

2 abril, 2020

La semana pasada se publicó, casi por sorpresa, Apropos of Nothing, la autobiografía de Woody Allen. Cuatro autores de este blog nos hemos comprado el libro y lo estamos reseñando para nuestros lectores.

Lee aquí la primera entrega: https://bloguionistas.com/2020/04/01/a-proposito-de-woody-1/

EL DON DE LA OPORTUNIDAD, por Natxo López

Woody desarrolla en uno de los capítulos más interesantes su paso al drama. Incide en la inseguridad que le supuso, al mismo tiempo que consideraba una obligación creativa, expandir sus límites como cineasta y no quedarse en la comodidad de lo que ya sabía hacer (comedia). También se recrea en algunos de los errores que cometió a lo largo del proceso, como estos dos que comenta de la película “Interiores”.

“Mi primer error fue hacer algo que no había hecho antes y que nunca he vuelto a hacer, que es ensayar. Yo no tengo paciencia para ensayar, y haciendo comedias, cuando más escucho el texto, menos divertido se vuelve. Es por eso que cuando termino un guion […] nunca vuelvo a mirarlo hasta que lo ruedo”. [..] “Así que invito a mi apartamento a estas dos fabulosas actrices, Maureen Stapleton y Geraldine Page, para ensayar o al menos hablar sobre los personajes […] y entonces cometo mi segundo error. Les digo: “¿os gustaría beber algo?”. Podéis imaginar cómo termina esto. Corte a: dos horas después, ninguna de las dos consigue mantenerse en pie”.

Puede que lo más interesante del capítulo sea el espacio que dedica a la que seguramente es su obra maestra, Manhattan. Cuenta, por ejemplo, cómo la idea de la película fue surgiendo en las cenas que tenía con el director de fotografía Gordon Willis en los Hamptoms, durante el rodaje de “Interiores”.

“Decidimos que deberíamos rodar mi siguiente película, una historia de amor neoyorquina, en blanco y negro y formato panorámico. Siempre habíamos visto el formato panorámico al servicio de películas bélicas y westerns al aire libre, donde el tamaño de la pantalla podía ser explotado visualmente. Nuestra idea era usarlo para transmitir la intimidad de las historias de amor”.

Woody sabe que Manhattan es considerada por muchos como su mejor película, pero habla de ella con la distancia de quien es consciente de que, al final, la diferencia entre una buena película y una mediocre a menudo tiene que ver con el don de la oportunidad y con la suerte.

“Durante el rodaje de esa película, oímos que New York iba a tener unos fuegos artificiales espectaculares esa misma noche. Lo dejamos todo, corrimos al apartamento de un amigo en Beresford, y nos preparamos. Así, forzando la suerte, capturamos unos planos maravillosos, que nos brindaron la impactante apertura de la película”.

A PROPÓSITO DE TODO, por Jorge Naranjo

Nunca pensé que solo un episodio del libro podía incluir tanto contenido que no solo daría para escribir un post infinito, sino otro blog, o una novela, o una pieza teatral, o el guion de otra película del genio y neurótico neoyorquino.

Y como este libro es un mastodonte, creo que lo más honesto por mi parte será echarme a un lado e ir enlazando, con las menos palabras posibles, algunos de los recuerdos del creador de “Manhattan”, “Annie Hall” y tantas obras maestras.

“Aquí estoy, soltero, a punto de hacer el casting para Sueños de un seductor”.

Así arranca el octavo bloque de esta colección de anécdotas, curiosidades, chistes y verdades que ningún seguidor de Allen debería perderse. Un bloque donde habla de cine, de guiones, de los Oscars, de amigos y estrellas, y donde también menciona a algunas de las mujeres de su vida, desde Mia Farrow a Soon-Yi, desde Mariel Hemingway a Stacey Nelkin. Y sobre todo, a la que él mismo define como una de las personas más importantes de su vida y a quien enseña sus guiones y sus primeros montajes antes que a nadie: Diane Keaton. Allen recuerda perfectamente la primera vez que la vio. Fue durante ese mismo proceso de casting.

“Permítanme decirlo así: Si Huckleberry Finn hubiera sido una mujer bellísima, eso es lo que vi entrar (…).Era genial. Genial en todos los sentidos. Si la presencia de alguien puede iluminar una habitación, la suya iluminaba un bulevar. Adorable, divertida, con un estilo original, real, fresca. Al salir, sabíamos que aún teníamos que ver otras actrices que estaban en la agenda pero, en nuestras cabezas, ella ya tenía ese papel”.

Y sigue:

“Hace grandes fotos, actúa, canta de maravilla, baila, escribe bien. Nos hicimos amigos íntimos casi al instante de conocernos. Al acabar el montaje de “Toma el dinero y corre” junto a Ralph Rosenblum, se la proyecté y me dijo que era una película buena y divertida, y que no tenía nada de qué preocuparme. Desde entonces, ha sido mi estrella del norte y mi persona-a-la-que-acudir (…) Siempre le he enseñado mi trabajo y es una de las pocas personas cuya opinión realmente me importa”.

Por supuesto, fueron pareja. Y antes de que lo hiciera todo Hollywood, Allen se enamoró de cada detalle de Keaton, empezando, claro, por su forma de vestir:

“Claramente tenía una visión de artista. Lo sabías por su forma de vestir, que podía ser “trendy” para quien crea que colocarse la pata de un mono muerto en la solapa puede resultar “chic”. Digamos que Keaton siempre vestía con cierta imaginación excéntrica, como si su “personal shopper” fuera Buñuel”.

Quizás, lo mejor de estas memorias es que Allen no esconde nada, no huye de nada. Toca cualquier tema sin miedo, sin esconderse, entre ellos, su romance con la joven actriz Stacey Nelkin (cuyo romance proporcionó unas anécdotas que, como cuenta Allen, acabarían en el guion de Manhattan) y, por supuesto, la eterna polémica de su matrimonio con Soon-Yi (“espero que no sea la razón por la que compraste este libro”, advierte) y todo lo que ahora rodea su figura:

“Mi primera mujer era tres años mayor que yo. Igual que la segunda. Se puede decir que Diane Keaton sí tenía una “edad apropiada”, igual que Mia Farrow, con quien estuve trece años. De todas las mujeres con las que he estado, casi ninguna era más joven que yo (…). Cuando me enamoré de Soo-Yi, reviví lo que conté en Manhattan y adquirí reputación de ser alguien obsesionado con las mujeres jóvenes. He vivido obsesionado con los gángsters, los jugadores de béisbol, los músicos de jazz y las películas de Bob Hope, pero las chicas jóvenes han sido una minúscula fracción de mis parejas a lo largo de mi vida”.

Pero hay más. Porque en este capítulo también habla, claro, de cine. Y mucho.

Primero, de sus maestros…

“Yo aprendí a hacer cine de dos maestros (…) de Ralph Rosenblum, un montador con gran talento, y todo lo demás de Gordon Willis. Gordon lo sabía todo. Le vi llamando a Kodak desde Rochester para decirles cuánto nitrato de plata tenían que poner en el negativo. Era rígido, duro con su equipo, temperamental, pero jamás nos cruzamos una mala palabra y trabajamos juntos durante diez años”.

De la importancia de los guiones:

“Mi teoría, tras años en la industria, es que el problema suele ser el guion. Es mucho más duro escribir que dirigir. Un director mediocre puede hacer una buena película con un guion pasable, pero un gran director nunca podría sacar una película estupenda de un guion flojo.”

Y hasta de Gene Wilder:

“Menudo talento (…). Quizás pueda ser algo excéntrico, pero… ¿cuántos tipos pueden actuar de una manera tan brillante dándole la réplica a una oveja?”.

Todo eso y mucho más es este libro, donde uno puede irse a cenar con Allen y Keaton a Elaine’s, donde cualquier noche se encontraban con Fellini, Kennedy, Tennesse Williams, Antonioni, Michael Caine, Nora Ephron, Robert Altman, Simone de Beauvoir, Gore Vidal y Roman Polanksi, por citar algunos ejemplos. O recibir algún consejo: “Lo divertido de hacer una película es hacerla, el acto creativo. Los aplausos no significan nada”. Y más de un destello de sinceridad:

“Todo lo que puedo decir es que hice lo que pude, amigos. Si las películas no son mejores, yo soy el único responsable. Tuve absoluta libertad para hacer los proyectos que quise (dentro de un presupuesto dado) y control artístico total”.

Gracias a los años que pasé trabajando en Ocho y Medio, mi segunda casa, he tenido acceso privilegiado a muchos manuales sobre cine y he leído bastantes memorias de grandes directores, y no creo que me equivoque al decir que este “A propósito de nada”, de Woody Allen, estará a la altura histórica y literaria de tótems como “Mi último suspiro”, de Luis Buñuel, la “Autobiografía” de Akira Kurosawa o “Groucho y yo”, del capo de los Marx. Ojalá gocéis tanto su lectura como yo y como, probablemente, disfrutó su escritura el creador de “Hannah y sus hermanas”, “Maridos y mujeres”, “El dormilón”, “Bananas”, “Zelig” o “Match Point” porque, como el propio Allen apunta en esta Biblia:

“Todo lo que cuento se resume en que lo único que realmente importa de este trabajo es divertirse”.

 


“CASTING”: UN GUIÓN DESDE LOS ACTORES

18 abril, 2016

Por Jorge Naranjo. 

FOTOGRAMA CASTING

Justo antes de entrar en la Academia de Cine para hacer esta entrevista a Alberto Marini, pregunté a los responsables de Bloguionistas si les interesaría colgar aquí el guión de “Casting”, una película que hice hace tres años y que, aunque no llegó al circuito comercial, sí logró que se hablara de ella en muchos círculos. Sobre todo, en el círculo de mi casa. Para mi sorpresa, no sólo me dijeron que sí, sino que me animaron a escribir este post, que podría completar el que ya escribió mi amigo Silvestre García hace unos años. Y como quedan pocos días para que se proyecte en el Círculo de Bellas Artes (miércoles 20, 19:30 horas), he decidido aprovechar tan buena coyuntura para hacer algo de autopromoción y, de paso, explicar cómo escribí este guión de 87 páginas para el que seguí un método tan poco ortodoxo como práctico: cambiarlo a medida que iba eligiendo a los actores para irlo adaptando a sus personalidades.

El experimento empezó con “Casting”, el cortometraje homónimo. Y sin querer.

Otoño de 2010. Estoy en casa de mi amigo Javier López, y le acaban de llamar para el casting de “Bob Esponja: El musical”. La prueba es el día siguiente y, entre otras cosas, le han pedido llevar un monólogo de humor de un minuto. Como Javi siempre me contaba anécdotas de sus propios castings mientras me suministraba cervezas (y tapas) gratis en el bar donde trabajaba, surgen rápido los chistes. Y a los pocos minutos, le había escrito una primera versión que nos gustaba. Javi fue al casting. No le cogieron. Es más. Aquel monólogo nunca se lo pidieron, pero decidimos guardar los chistes para insertarlos en su videobook y, posteriormente, en un corto que hicimos para el Notodofilmfest. Y en todas esas grabaciones, se mantuvo un gag que terminaría abriendo el cortometraje y la escena inicial del guión de la película: “Hola, soy Javier López y soy actor. Bueno, actor… Hay actores de muchos tipos. Hay actores que hacen drama, hay actores que hacen comedia… Yo no, yo hago castings”.

El resto del corto incluía momentos reales que Javi había vivido en un casting (“nos gustaría que hicieras de zapato rojo sudado”) y sensaciones auténticas de ambos, tanto económicas como profesionales. Supongo que eso convirtió el corto en una historia muy cercana y generó cierta simbiosis. De hecho, a Javi le confundirían conmigo durante meses; y viceversa. Y hace pocas semanas, en un colegio donde di una charla y en el que se proyectaron algunos de mis cortos, un niño preguntó, al ver a Javi en pantalla: “¿Ese eres tú?”… Y acertó.

Y al mismo tiempo, no.

Pasaron los meses, y yo decidí volver al guión con el que me estaba peleando. Se llamaba “Blog” y era una historia muy personal sobre un guionista que llega a Madrid después de fracasar en prácticamente todos los ámbitos de la vida en Barcelona y, a través de la escritura, intentaba desenredar y curar sus basuras emocionales. La historia funcionaba y, además, me estaba ayudando a superar varios fracasos sentimentales, pero es cierto que le faltaba algo y, además, era demasiado autobiográfica (si es que eso existe). La suerte quiso que la ESCAC estrenara en esas fechas una película llamada “Blog”. Y ante la perspectiva de tener que cambiar el título, empecé a pensar en otras alternativas. Por aquel entonces, el notodo que había rodado con Javi estaba teniendo cierto éxito. Incluso, alguna vez pararon a Javi por la calle para preguntarle si era “el tío de Casting”. Así que me planteé incluir aquellas aventuras, anécdotas, derrotas y miserias personales en una estructura que tuviera un casting como excusa (o sea, como McGuffin) y los distintos actores fueran los vehículos para cada una.

Y así surgió la idea de transformar tres minutos y medio en una película de 90.

Era la primera vez que me enfrentaba solo a un guión de tantas páginas (antes sólo había escrito uno que redacté a cuatro manos también con Silvestre y que, gracias a una iniciativa de abcguionistas, podéis encontrar aquí), así que lo primero era encontrar una estructura, un mapa para no perderme, una ruta… Siempre me he sentido más cómodo dialogando que creando ese armazón, así que necesitaba un modelo sencillo, práctico y funcional. A medida. Para todos los públicos… Y lo encontré en el viaje del héroe. Y lo copié punto por punto.

EL VIAJE DEL HÉROE

Si uno analiza el guión de “Casting”, le resultará fácil encontrar la llamada a la aventura, el rechazo, las pruebas, los aliados, la caverna, el calvario, el elixir… De hecho, siguiendo el modelo del “Episodio IV: Una nueva esperanza” de la saga de “Star Wars” (como es sabido, ejemplo incombustible para explicar la estructura heroica), también añadiría a mis C3PO y R2D2. Solo que, en este caso, no eran robots, sino humanos. Y se llamaban Ken Appledorn y Nay Díaz.

A Ken lo conocí porque me envió su videobook por Facebook y caí rendido por su fisonomía, su perfil y su capacidad para despertar ternura y comedia. Y a Nay, en una fiesta imposible. Pronto me di cuenta de que serían el coro perfecto de la película, y tendría que hacer con ellos lo mismo que ya había empezado a hacer con Javi y Esther Rivas. Es decir, escribir con sus voces. La diferencia era que a Javi y a Esther ya les conocía, ya eran amigos (Esther es la voz en off del corto “Casting” y la presentadora de otro notodo, “Llama ya”). Y a ellos no. Así que quedamos y, sobre la marcha, empezamos a escribir las tramas en función de sus personalidades. Si Nay era muy fan de Al Pacino, lo incorporábamos al personaje. Si me contaba alguna anécdota sobre técnicas actorales (véase en la película la escena del “Happy Birthday”, con cameo del amigo David Sáinz), se incluía en el guión. Y lo mismo con Ken, con quien me reuní cerca de Cádiz para conocernos y buscar juntos su principal motivación. Y encontramos dos: la primera, sus dificultades como actor americano en España; y la otra, el día en que decidió casarse. Hasta usaría su propio anillo.

“Casting” es una historia por y para los actores. Desde el principio, sabíamos que no podríamos contar con actores conocidos porque nadie se creería que un rostro famoso de televisión sufriera en un casting. Tenían que ser caras que nadie pudiera ubicar. Por suerte, muchos amigos y amigas quisieron participar y, valientemente, exponer ante la cámara su realidad y mezclarla con la ficción. El personaje de Ruth Armas siente en primera persona una fuerte presión por haber salido en una portada de “Interviú” que se publicó en la vida real y, como ella, todos los personajes van haciendo desfilar sus conflictos junto a los míos.

No siempre, claro. Por ejemplo, la entrevistadora del casting, Natalia Mateo, personifica todo lo contrario a lo que exhibe su personaje. Natalia trabaja desde el bien. La examinadora de la película, desde el lado oscuro. Pero tener a una maestra de actores como ella era básico para que los actores llegasen a sitios a los cuales, sin su ayuda, no hubiéramos accedido. De hecho, en los castings surgieron sorpresas que no estaban escritas. Y que sí están en el metraje final.

Pero salvando excepciones como Natalia o la ayudante de casting, Carmen Mayordomo, casi todos los actores depositaron parte de su vida en el guión. A veces, era solo un detalle que ayudaba a detonar la trama. Otras, un rasgo concreto de su personalidad. Y en el caso de Esther, una forma de ser. Quizás por ello, se convertiría en la luz del film, como describió con cariño algún crítico.

El guión se escribió sin subvenciones ni productoras interesadas. De hecho, nunca se mandó a ninguna institución. Entre otros motivos, porque queríamos rodarlo ese mismo verano y que no perdiera frescura. Y buscar subvenciones implica esperar. Así que se convirtió en una aventura de libertad absolutamente inconsciente. Por eso, incluye momentos imposibles como una banda sonora extraña, carísima y descerebrada en la que se daban cita canciones de Suede, Antonio Vega y hasta el “Me lo tiro”, de Berto & The Border Boys. Sabía que nunca podríamos tener esos temas, pero pensé que podría ser útil incluirlas y que los actores leyeran algunas escenas con esas canciones… Y las sintieran.

El final del guión no tiene nada que ver con lo que terminamos rodando. Y las dos escenas del inicio se resumieron en una más corta, eliminando finalmente el chiste que ya había aparecido en el corto y nos había llevado hasta aquí. También hay dos escenas que tienen el mismo avance, pero nunca se corrigió porque nos dimos cuenta dos días antes del rodaje, en la lectura final (y única), y todas aquellas notas y acotaciones se quedaron archivadas en un documento que guardo en casa y que, quizás en algún momento, acabe pasando a limpio.

GUION CASTING

No seré yo el que diga que ésta es una buena manera de escribir un guión. Es más, ahora que lo he puesto por escrito me parece una auténtica locura, pero sí puedo decir que a nosotros nos funcionó. “Casting” está llena de errores y aciertos, pero creo que respira honestidad. Y supongo que esa sinceridad y el trabajo de unos intérpretes que se dejaron la piel en cada plano hicieron que la película se alzara con las Biznagas a Mejor Actor de Reparto y Mejor Actriz de Reparto para todo el elenco en el XVI Festival de Cine Español de Málaga.

Hoy, miro ese guión con cinco años de pudor. Y me planteo en qué momento se me ocurrió colgarlo. Pero supongo que es justamente ella, la vergüenza, la que me obliga a hacerlo. Al fin y al cabo, los actores siempre luchan con ella. Y los guionistas, agazapados tras el ordenador, sólo la combatimos escribiendo.

* La película “Casting” se proyecta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el próximo miércoles 20 de abril a las 19:30 horas. Entradas aquí o en taquilla (5’50 euros. 4 euros para estudiantes y miembros de la Unión de Cineastas).

 “Cásting” también se puede ver en Filmin.

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ALBERTO MARINI: “ME GUSTARÍA SER GUIONISTA DE CINE DE PALOMITAS”

15 febrero, 2016

Por Jorge Naranjo. 

Fotos: Pablo Bartolomé. 

Fue otro de los guionistas que no pisó la alfombra roja en la última edición de los Premios Goya, pero firma una de las películas mejor escritas del año (y de la década). “El desconocido”, dirigida por Dani de la Torre, se alzó con los galardones a Mejor Montaje y Mejor Sonido y con uno de los más ansiados de cualquier cineasta: contentar a público y crítica, éxito compartido con “Truman”, la ganadora de la noche. Un día antes de la llamada “fiesta del cine español”, ALMA había reunido a los guionistas nominados en la Academia de Cine para hablar de sus films y, sobre todo, de escritura. Al acabar, abordamos a Alberto Marini (Turín, 1972), uno de los pocos nominados que faltaban por aparecer en Bloguionistas. No tuvimos alfombra roja, pero sí una fila de butacas de colores.

FOTO 1

Has dicho que “El desconocido” es un encargo. ¿Cómo te llega?

Yo ya había trabajado con Vaca Films en el pasado y me dijeron que querían trabajar con un director novel que tenía una idea. El director era Dani de la Torre y la idea era la de un banquero lejanamente vinculado con las preferentes que, al sentarse en su coche, descubría que había una bomba de alguien que quería vengarse. Éste era el concepto, más o menos. Desde el principio estaba claro que querían apostar por el thriller de acción pero con trasfondo social. Y sobre esto empezamos a trabajar.

¿Te llega algo escrito por Dani o empiezas de cero?

No, me contó la idea. Me vi con él en Sitges. Me explicó toda la historia y luego me dejaron un par de días para pensármelo y decidir… Y claro… A ver… Yo vivo de esto, sé que al año tengo que tener uno o dos guiones para pagar la hipoteca, pero para mí, lo más importante, más allá de las historias, es con quien trabajas. He tenido experiencias que me han gustado mucho a nivel de guion, pero en las que no he congeniado con el coguionista o con el director, así que siempre me doy un tiempo para trabajar con esa persona que no conozco y ver si nos entendemos. Y Dani y yo hemos congeniado mucho. A pesar de que el guion lo firme yo solo, ha sido un trabajo codo a codo. Él ha estado presente en todo momento, nos hemos visto a menudo sin importar la distancia, hemos hablado prácticamente cada día, y ha sido un proceso creativo en el que hemos ido de la mano. Dani ha conseguido sacarme muchas cosas que estaban allí, mejorar lo que estaba… y ha sido un proceso muy fluido.

¿Cuánto tiempo ha durado el proceso?

El encargo llegó en 2013, empezamos a trabajar en 2014 y en primavera de 2015 se empezó a rodar… Eso haría un año y medio, más o menos.

El guion que podemos descargarnos AQUÍ es la décima versión…

Sí, hicimos diez versiones, pero los cambios más radicales se hicieron de la primera a la segunda y de la segunda a la tercera. Eso fueron los cambios más gordos. Por ejemplo, en la primera versión no salíamos del coche nunca, era una apuesta estilística. Después, decidimos hacer una película más grande, menos artística, así que salimos fuera del coche, y entonces modificamos cosas del villano. El antagonista cambió bastante.

¿En qué sentido?

Había versiones anteriores en las que era más implacable, más duro. Y en las ediciones siguientes buscamos una mayor empatía con el público.

Al ver la película, busqué en el guion cómo escribiste el famoso plano secuencia donde llega el personaje de Belén (Elvira Mínguez).

Al decidir que saldríamos del coche, Dani empezó a tener en la cabeza cómo rodar algunas cosas. Por ejemplo, en las últimas versiones yo ya sabía que habría un plano secuencia ahí, igual que también me dijeron que en la persecución final se usaría la Scorpio para salir y entrar del vehículo… Con Dani ha sido genial que primero se cerró el guion a nivel argumental y luego se pensó en cómo rodar la película. Después hubo pequeños cambios, pero la manera de rodar no influyó en el argumento.

De hecho, ese momento no está escrito como plano secuencia…

No, no… Se deja ver, eso es lo bonito. Igual que el plano en el que la cámara Scorpio entra en el coche. (SPOILER) Después de que le han disparado al protagonista en el brazo, empieza la persecución final. La cámara hace un giro de 360 grados alrededor del vehículo, entra en el asiento trasero y sale por otro lado. Yo sabía que habría una virguería de ese tipo, pero Dani no me dijo nunca: “Haz una secuencia para que podamos hacer esto”. Había una secuencia, y él apuntó que estaría bien rodarla de esa manera para que le diera más espacio en el guion y no quedara demasiado breve, así que me limité a dejar espacio para que esa escena no fuera tan corta. Solo eso. Pero no es algo impuesto por rodaje. A veces te encuentras directores que quieren forzar un plano y entonces acabas forzando la historia para que el plano encaje. Aquí no.

¿Ya teníais actores en la cabeza durante la escritura?

Sabíamos lo de Luis Tosar. No estaba confirmado, pero sí sabíamos que estaba muy interesado y que se iba a leer el guion y todo eso, pero los demás no. Supe que su pareja sería Goya Toledo a guion más o menos cerrado, al igual que el resto de personajes. Los niños fueron los últimos.

¿Sentiste algún tipo de presión por parte de la cadena?

La cadena (Atresmedia) trabaja como productora creativa con Vaca Films, es decir, Emma Lustres. Ambas son productoras que intervienen en el contenido con sugerencias y, como guionista, uno tiene que recibir las sugerencias y saber ir adaptándolas al texto final. O, al menos, dar respuesta a sus preocupaciones. Digamos que hay dos opciones: o se acepta la sugerencia o se busca otra solución posible que responda a las preocupaciones que tienen. Son productores creativos, no imponen. Son muy respetuosos con el trabajo, tanto Vaca Films como Atresmedia.

Según el guion, también se cambió tanto el principio como el final.

El cambio principal se hizo entre la segunda y la tercera versión. Quisimos un final agridulce. Es decir, a pesar de haber pasado un mal rato durante una hora y media, queríamos terminar con una sensación feel-good, así que optamos por un final más alegre para el publico, más esperanzador. Lo que ha quedado en el guion es una secuencia en la que (SPOILER), una vez que el desconocido ha muerto, el protagonista hace “algo” a favor de “El desconocido”. Es decir, hacemos que la muerte de “El desconocido” no sea inútil y que esa consecuencia se vea en pantalla. Se rodaron algunas partes, pero se vio que no funcionaba y que ésta no era una película para darse abrazos… Una cosa es que el protagonista sobreviviera, pero lo otro era demasiado… Yo creo que el final que hay ahora una vez rodada la película es el mejor final posible.

¿Todo eso lo ibas hablando con Dani?

Con Dani la comunicación fue siempre muy fluida. No tenía por qué hacerlo, pero siempre me enviaba montajes provisionales y, de hecho, fui a ver el primer corte a la productora. También coincidió que, en ese momento, yo estaba trabajando en otro proyecto con el montador, Jorge Coira. Jorge es un gran montador y conoce perfectamente las pautas del storytelling porque también escribe y dirige, así que no ha ido a lucirse, ha ido solamente a respetar y a trabajar para que la historia saliera bien.

 FOTO 2

Antes has dicho que tú eres un “guionista de cine palomitero”…

Bueno, no lo soy, digamos que me gustaría ser guionista de cine de palomitas. Quiero llegar al mayor público posible, aun sabiendo que ya tengo 43 años y empiezo a no conectar demasiado con el público muy joven. Ojo, no porque ellos sean tontos o tal, es una incapacidad mía. Y me explico. Yo veo “El destino de Júpiter” y “El corredor del laberinto” a priori y no sé decirte cuál de los dos va a arrasar y cuál será un fracaso. Veo que empiezo a tener una distancia con los jóvenes que me sugiere que ya no soy tan capaz para escribir para ellos como antes. Si quiero conectar con ellos, tengo que trabajar con gente que conecte con ese público. Al mismo tiempo, me gusta saber siempre cuál va ser el target, porque así procuro llegar dentro de esa franja al mayor público posible.

Pero “El desconocido” es una película que ha conectado muy bien.

Sí. “El desconocido” es una película con más pretensiones palomiteras que autorales. De hecho, tanto a nivel de guion como de director creo que hemos cumplido. Yo estoy muy contento con la peli como resultado y por el director que he conocido. Y también estoy feliz con la respuesta del público. Todo lo que ha venido luego han sido como bonos extra. No lo digo por modestia, pero no esperábamos ni tan buena reacción por parte de la crítica ni por parte de los académicos. Siendo una película con temas sociales pero con evidente pretensión palomitera, pensamos que acabaría generando cierto rechazo, tanto de unos como de otros…

De hecho, el guion ha entrado en la lista de los nominados al Goya.

Sí, la verdad es que estoy muy relajado… No es falsa modestia, pero para mí el mejor guion original de este año es “Truman” con diferencia, al menos comparándolo con el de “El desconocido”, sin mezclar al resto.

¿Qué tiene el guion de “Truman” para que lo consideres el mejor?

“Truman” tiene una construcción de personajes fascinante. Habla de emociones, llega al corazón con una naturalidad que desborda y que no es nada fácil. Sí, son personas hablando, pero te provoca, es sincera, te remueve todo y sales con la sensación de que has visto la historia de un tío que se despide de la vida pero, al mismo tiempo, acabas saliendo del cine de buen humor porque la película ha demostrado que la amistad es una gran cosa. Y que un guion te pueda transmitir todo eso, chapó.

Antes decías que tú entiendes el guion como una obra inacabada…

He sufrido como todos los guionistas al principio de su carrera, en ese momento en el que entregas un guion y acabas descubriendo que ese actor que imaginaste de 16 años ahora tiene 30, y ves que se cambia todo, las situaciones, las frases… Al principio lo pasaba fatal, y luego te das cuenta de que tiene que ser así. He conocido a muchos directores y creo que no son malas personas. Simplemente, tienen una función que no es la de preservar el guion sino la de hacer la mejor película posible. El guion va a ir cambiando, pero la obra no es el guion… Es la película. Cuanto más pronto te ves como una parte más del proceso, una parte muy importante, ojo, pero solamente una parte, menos sufres.

¿Crees que la película “El desconocido”, como obra acabada, con todos sus cambios y variaciones, muestra el mejor guion posible?

Como siempre me pasa, si me pongo ahora a ver la película encuentro cosas que me gustaría reescribir, pero es que a mí me tienen que poner un freno porque si no estaría escribiendo mientras duermo.

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