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LA BOLA NEGRA: NO SÉ CUÁNTOS MOTIVOS PARA LLEVARLA A LOS OSCARS

por Jorge Naranjo.

Hace días, en otra agotadora campaña de premios que solo acaba de empezar, recibí un correo promocional acompañado de una tramposa reflexión. En ella, se insistía en enviar “El ser querido” a los Oscar argumentando que “La bola negra” ya iba a tener repercusión asegurada en dichos premios al contar con la ayuda de Netflix. Más allá de que ese mail entre o no (¿o no?) en un terreno moralmente discutible, ese argumento es, de hecho, la principal razón por la que la obra de Calvo y Ambrossi debe ser la que represente a España este año.

Pero no es el único. Aunque podría serlo. El mero hecho de que Netflix se hiciera con los derechos de la película en pleno Festival de Cannes (antes de conocerse el premio Ex Aequo a Mejor Dirección) y que haya propuesto darle 45 días de exclusividad cinematográfica antes del streaming (la ventana más larga concedida por la plataforma en toda su historia) sería motivo suficiente para entender que “La bola negra” es la mejor apuesta para entrar en las quinielas. No en vano, ya tiene una candidatura, “La nieve”, canción de Raül Refree y Guitarricadelafuente que ya ha sido presentada para competir por Mejor Canción Original.

Además, el músico y protagonista empieza a sonar para Mejor Actor (por delante, todo hay que decirlo, del impecable Javier Bardem de “El Ser Querido”, aunque todavía hay que ver qué evolución va a tener “Bunker”) y Gris Jordana para Mejor Fotografía.

Pero cuidado. Que suenen no significa que sean nominaciones aseguradas. Ni siquiera es seguro que la película que elijan estos días los académicos y académicas de España llegue a la alfombra roja del Kodak Theatre, eso depende de importantes y carísimas campañas y, por supuesto, de la calidad del film (aunque esto último no siempre parece importar).

Y para eso, por supuesto, está el gran aparato de Netflix que, además, va a proteger durante seis semanas la proyección exclusiva en salas. Asimismo, la película ha ganado el Premio del Público en el Sidney Film Festival y ha participado en el Festival de Telluride, prestigioso certamen que sirve de plataforma a la campaña de premios norteamericanos.

Incluso, se da la coincidencia de que una de sus protagonistas, Penélope Cruz, va a recibir en Toronto el TIFF Special Tribute Award, y que otra de sus actrices no necesita ningún premio porque se llama Glenn Close. Es decir, “La bola negra” ya está haciendo campaña en Estados Unidos. Ya suena en los pronósticos de The New York Times y, encima, la produce todo un tótem aquí, allí y en todo el mundo: Pedro Almodóvar.

Todavía no he hablado de la película (ahora voy) pero todo este peso monumental promocional e industrial ya reside en “La bola negra”. Por eso, la reflexión inicial carece de todo fundamento porque sería paradójico (y doliente) que lo que potencia las posibilidades reales de que una obra española gane un Oscar se convierta en la razón para no enviarla (¿?).

Y alrededor de esta maquinaria, Federico García Lorca. Una figura que, aunque todavía cuesta creerlo en según qué círculos, está reconocida mundialmente y especialmente en Estados Unidos, sobre todo, gracias a trabajos como “Poeta en Nueva York”. Y en el eje del film, una temática que cruza generaciones y habla de represión homosexual, libertad y creación, todo ello articulado en una historia que toca a (casi) cualquier persona de cualquier región de cualquier continente.

Pero ya hemos dicho arriba que muchas veces no importa la calidad de la obra.

En este caso, es que encima es un peliculón.

Pero también lo es “El ser querido”.

Y mi adorada “Los domingos”.

Pero pocas veces se alinean tantas circunstancias industriales y creativas, de prestigio y relevancia, de alcance comercial y éxito de crítica, de valor universal e historia nuestra.

Y pocas veces pasa que una película nacida en España y que habla de este país, sus contradicciones, sus derrotas (más que de sus victorias) y de uno de sus artistas más influyentes (y que, no se olvide, murió asesinado y del que todavía no se han encontrado sus restos), sea la elegida por la mayor y más influyente plataforma del mundo para hacer del film un fenómeno global.

La Academia de Cine de España y, sobre todo, sus miembros, tienen la oportunidad de conseguir que Federico regrese a Estados Unidos casi cien años después de su primer viaje a Manhattan. No sé lo que pensará quien lea esto, pero creo que Rafael Rodríguez Rapún estaría de acuerdo.

Y el padre de Federico, que le sigue esperando enterrado en el Gate of Heaven Cemetery de Nueva York. Quizás ya va siendo hora de ir a visitarle. Es cierto que iría a Hollywood, pero le pilla cerca.

 


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