10 ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

22 mayo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Empezamos por el enlace más urgente, porque es para HOY. Hablamos de la nueva iniciativa de Alma, “Interior Noche”. El sindicato ha organizado una cena para promover el networking y las relaciones entre guionistas y, además, ha invitado a Javier Olivares, cocreador de ‘El ministerio del tiempo’. La cena es esta misma noche, así que, si te interesa, DATE PRISA.

2. Esta semana ha terminado ‘Mad Men’. Ya no habrá más Don Draper. Por eso, seis guionistas de la serie han elegido y hablado sobre la mejor escena que han escrito en la serie.

3. También esta semana se han entregado los Premios Max. Fue una gala reivindicativa, con varios momentos emotivos y con un montón de premiados que puedes consultar aquí.

4. José Alba, Óscar Bernàcer, Pau Brunet… Éstos son algunos de los nombres que la revista Variety ha incluido en su lista de las diez estrellas emergentes del cine español.

5. Canal + estrena producción propia y la dedica… ¡a los guionistas! Se llama ‘Escríbeme una serie’ y se dedicará a dar voz a los autores de las series más importantes de nuestro país. ‘Cuéntame’, ‘Velvet’, ‘El Príncipe’… Raro sería no ver a algún bloguionista luciendo palmito en alguna entrega.

6. ¿Tienes entre manos un guión con un surtido de personajes variadito? Pues es bastante probable que este enlace te venga de perlas.

7. Aunque si lo que tienes es un documental, imprímete estas 13 reglas de Michael Moore y pégalas donde puedas leerlas.

8. Y la última lista de la entrega de hoy es del bloguionista Carlos G. Miranda. Son nueve cosas que puedes hacer para desarrollar la escritura creativa. Pon especial atención en la última, que es la que más interesa al autor.

9. Filmarket Hub ha organizado la segunda edición de su concurso de guiones. Tenéis hasta el 15 de junio para mandar vuestros proyectos. El ganador entrará en mercado online Filmbox por tiempo ilimitado y recibirá notas de guión de Joaquín Oristell.

10. Hablando de guiones: el de esta semana es ‘La vaquilla’, de Luis G. Berlanga y Rafael Azcona. Y hablamos del archivo original, una auténtica joya.

¡Buen fin de semana!

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¿Y AHORA QUÉ, DON DRAPER?

18 mayo, 2015

por Carlos López

Esta noche se emite en España el último capítulo de Mad Men.
ESTE POST ES UNA COLECCIÓN DE SPOILERS.

Draper llega por el pasillo, deja el sombrero y la gabardina a su secretaria.
Draper saca una camisa limpia de un cajón rebosante de camisas recién planchadas.
Draper se sirve una copa. Roger se sirve una copa. Es lo primero que hace al entrar en su despacho, en el despacho de otro, en cualquier parte.
Draper sestea en horas de trabajo. Draper mira al techo y hasta en eso mira como nadie.
Eso que llamas amor lo inventaron tipos como yo para vender medias.
Con el cigarrillo colgando del labio, Betty Draper dispara escopetazos contra las palomas que echan a volar.
Peggy se prueba un nuevo modelo de sujetador, a solas en su apartamento.
¿Eres una Marilyn o eres una Jackie?
La torpe secretaria conduce el cortacésped por la oficina, arrolla al nuevo jefe, la sangre salpica las blancas camisas.
Ken trata de ligar con la nueva secretaria, pero Freddie sale de pronto de su oficina para interpretar a Mozart con la cremallera de su pantalón.
Clearasil, Playtex, Lucky Strike, Kodak, American Airlines, Chevy, Burger Chef, Belle Jolie, Patio Cola, Judías Heinz, Glo-Coat, Hotel Hilton, Jaguar, Samsonite, Popsicle, Mohawk Airlines.
Megan canta Zou Bisou Bisou en su nuevo piso, delante de todo el mundo, y Don la mira como a un trofeo.
Rachel Menken, la hija del potentado comerciante, le canta las verdades a Draper en la azotea de los grandes almacenes.
Si no te gusta lo que se está diciendo, cambia de conversación.
Joan levanta acta de las reuniones de socios. Joan recibe instrucciones. Joan recibe propuestas de matrimonio y solo mueve las aletas de la nariz. Joan pone en su sitio a una secretaria impertinente. Joan cruza la oficina como entraron los aliados en París.
Draper se despierta con resaca. Maldormido. Respira fuerte. Probablemente arrepentido de casi todo. Un día más.
Salvatore se niega al cortejo de un cliente en la sala de revelado.
Peggy se desnuda de cuerpo entero para sacarle los colores al modernillo de Rizzo. Y los dos siguen trabajando frente a frente, en la habitación de hotel.
Ante las fotos de su verdadero yo, Don busca la excusa definitiva, le pregunta a Betty “¿tú qué habrías hecho?” Parece sincero, pero una chica espera fuera en un coche. Esperará toda la noche.
La reunión sigue mientras al fondo tratan de llevarse el cadáver de la secretaria, Mrs Blankenship. No vaya a estropear el negocio.
Roger vomita sin freno en mitad de la oficina, después de una sobredosis de ostras y martinis.
Joan se deja colocar un colgante al cuello, como la soga de un ahorcado, vendiéndose a sí misma por el bien de la empresa.
La antigua amante de Don le asalta en el vestíbulo para pedirle dinero. Don acepta comprarle un cuadro, que contemplará como quien se asoma a su propio abismo.
No existe una gran mentira. No existe el sistema. El universo es indiferente.

OFICINA MAD MEN
Peggy y Pete folletean en un tresillo que golpea contra la puerta, a deshora, a destiempo, para ser igual que todos.
Draper escucha a los pijos californianos y sabe que nunca jamás pasará como uno de ellos.
Pete y el contable Lane combaten a puño limpio en la sala de juntas.
El vecinito se planta en casa para declarar su amor incondicional por Betty. Ella esperará a que crezca. Y le veremos crecer.
Peggy responde Pizza House al teléfono para no hablar con Draper.
Draper apura un cigarrillo tras otro frente a la puerta de servicio de la vecina. La desea como nunca ha deseado a nadie.
¿Eso es lo que quieres o lo que la gente espera de ti?
Roger cabalga a lomos de las gemelas que han venido al casting.
Draper solo luce sonrisa humana cuando está con Anna Draper, que es su falsa mujer y la única que realmente le conoce. Lo dice el propio Draper.
Sally sorprende a su padre follándose a la vecina.
Betty fuma emboquillados como si en cada chupada quisiera aspirar el mundo entero.
Draper llega a casa, esta vez un apartamento de soltero. La anciana vecina abre la puerta de al lado y recibe a su marido, que viene arrastrando el carro de la compra. Le pregunta: ¿Has traído peras? ¿Has traído peras? ¿Has traído peras? No hay respuesta.
Peggy teclea. Peggy trabaja hasta las tantas. Peggy se pregunta si es la única que puede beber y trabajar al mismo tiempo.
Megan reparte batidos entre los hijos de Draper y se gana un puesto en su vida. Las chicas de dos plantas más arriba bajaban al vestíbulo de Sterling Cooper sólo para ver a Megan. No parece real.
Draper se acuesta con una mujer y se despierta junto a otra a la que no reconoce: un día entero en la nube, un día perdido, un día borrado.
He tenido que aprender un montón de nombres antes de despedirlos. Es el chiste de Roger en un día que no es para hacer chistes.
Cuando dios cierra una puerta, desabrocha un vestido.
Peggy lo hace porque Don se lo ha pedido: acoge en su casa a la mujer de un comicastro que acaba de tener un accidente. Peggy y Bobbi Barrett viven unos días juntas. Parecen de distinta especie animal. Acaban entendiéndose.
Pete se sienta en su despacho nuevo con una escopeta de caza sobre las piernas.
Sally pasa el día en la oficina, y nos preguntamos si alguna vez ella también será como una de las mujeres que cruzan esos pasillos.
Megan filma un anuncio vestida como Blancanieves. Ha mordido la manzana.
Lane Pryce rompe sus gafas para despedirse de la vida, pero tiene que arreglarlas chapuceramente porque el coche no arranca. No era tan fácil decir adiós a todo.
Draper se descalza cada vez que entra en el despacho de Cooper. Es como entrar en el cielo.
Pete viaja en tren a Manhattan y envidia las vidas de todos los demás.
Roger se pelea revolcado en el barro, literalmente, para sacar a su hija de una comuna.
Roger fuma un pitillo de una sola calada, y el cigarro suena como un matasuegras. Roger está de ácido hasta las cejas.
Betty se queda plantada delante de un escaparate. Contempla un diván como si se tratase de un pecado inevitable.
La felicidad es el olor de un coche nuevo.
Betty tiene que soportar que su propio padre, demenciado, quiera meterle mano.
Duke, borracho, se cuela en las oficinas para echar una cagada en mitad de la moqueta.
Harry Crane se queja porque le ha tocado un despacho con columna.
Draper habla de un carrusel de diapositivas como si la vida fuese una ruleta. Draper sabe hablar de grandes cosas a gente pequeña.
Joan estampa un jarrón de flores en la nuca de un marido que no se merece.
Don llega a casa y la suegra francesa se ha llevado hasta la última silla.
Peggy da vueltas al estudio a lomos de una motocicleta para engañar a la agencia rival.
Peggy monta en patinete en la oficina vacía.
Peggy le clava un arpón en la tripa a su novio. Por accidente, claro.
Peggy masturba a un desconocido de la butaca de al lado en una sala de cine.
Peggy puede hacer cualquier cosa y siempre será interesante.
Los ejecutivos de la agencia ven a un grupo de mujeres pintarse los labios tras un cristal opaco. Una papelera llena de besos.
Pobre chica, no sabe que amarte es la peor manera de llegar a ti.
Sally fuma en el coche, junto a su madre. Es un pequeño diablo. Es la sucesora.
Roger recibe a Draper cantándole Frère Jacques y contoneándose con su carísimo traje de lana hecho a medida. Roger es más gracioso cuanto menos trabaja. Y trabaja lo menos posible.
Pete se cae por las escaleras nuevas de la oficina, delante de todo el mundo. Cada vez que quiere parecer digno, Pete hace el ridículo.
Don y Betty cenan en una terraza de Roma y por un momento parece que sólo existe el presente.
Betty lo tenía todo y nunca estuvo segura de tener nada.
Acaban de matar a Kennedy cuando Draper entra en casa. Abraza a su mujer, le dice a sus hijos que todo irá bien. Sabemos que no es verdad.
Draper se ve a sí mismo en una piscina. Se ve y no se gusta. Eso es Draper. Eso somos todos.

¿Y ahora qué vamos a hacer sin Don, sin Peggy, sin Joan, sin Roger, sin Pete, sin Betty, sin Sally? ¿Qué hacíamos antes?

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#MADMENCLASS: LOS JACQUEMETTON EN ESPAÑA

12 mayo, 2014

Por Alberto Pérez Castaños.

Fotos de Héctor Beltrán.

Los días 22 y 23 de marzo pudimos disfrutar de la primera de las dos Masterclass de guion organizadas por ALMA, que trajo a Madrid a Greg Daniels, el nombre que siempre aparece. Fue todo un éxito, como no podía ser de otra manera después del tremendo trabajo de meses y meses que han realizado desde la Junta del sindicato guionistas como Teresa de Rosendo, Josep Gatell, Cristóbal Garrido o Carlos de Pando entre otros, que no solo se esfuerzan para dar la oportunidad al resto de guionistas de disfrutar de experiencias como estas clases magistrales, sino que también están luchando cada día para mejorar la situación del sector.

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Cristóbal Garrido presenta el acto junto a Inés París y Virginia Yagüe

Este fin de semana fue el turno de la segunda Masterclass, gracias a la cual pudimos conocer un poco más a André y Maria Jacquemetton, el matrimonio que está detrás del guion y la producción ejecutiva de Mad Men. Alrededor de 200 personas se volvieron a dar cita, –esta vez en Conde Duque en lugar de en el Matadero– para escuchar a esta pareja hablar sobre los entresijos de una de las mejores series de los últimos tiempos de una manera cercana y desmitificadora, así como de sus inicios en el salvaje mundo del guion, que en Hollywood es más bonito, pero igual o más complicado que aquí.

Los Jacquemetton comenzaron la primera de las dos sesiones hablando de cómo aterrizaron en la industria americana. Ahora están en la élite, podrán decir el resto de su vida que escribieron en Mad Men, pero les costó lo suyo llegar a la cima. Empecemos con André: francés de nacimiento, llegó a Estados Unidos gracias a una beca de deportes –jugaba al fútbol– y empezó trabajando “de cualquier cosa” para mantenerse. Maria también empezó desde abajo. Trabajó, por ejemplo, de ayudante de un agente literario, donde pudo conocer a actores y aprovechaba para leer todos los guiones que llegaban a sus manos. En su primer trabajo en una serie de televisión –de becaria– aprendió, según dijo, a “escuchar y a reescribir”. De esta primera época dejaron varias perlas a modo de lección de vida guionística demostrando que, en el fondo, allí no es tan diferente que en el resto del mundo: a ambos les costó años llegar; “años” no son dos o tres, sino diez. En cualquier caso, nunca dejaron de escribir. Además, aseguraron que no hay una forma estándar de llegar, pero lo que sí tienen claro es que “no basta con tener talento: hay que ser buen compañero y saber trabajar en equipo”.

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André y Maria Jacquemetton durante la primera sesión de su Masterclass

El primer trabajo fijo que tuvieron como guionistas fue en la serie Los vigilantes de la playa, con la que se trasladaron a Hawai a vivir y a escribir. No fue hasta unos años después cuando se toparon con el hombre que les ofrecería el trabajo de sus vidas. Mientras pasaban por Cazatesoros y Star Trek: Entreprise, los Jacquemetton conocieron a Matthew Weiner, que por aquel entonces escribía en la serie Becker. “Le conocimos porque coincidíamos con él al salir a fumar en el estudio”, contaron. En aquellos encuentros, Weiner les comentaba que estaba trabajando en un piloto. Al cabo de unos años, Weiner les llamó y les dijo que había vendido aquel proyecto y que los quería escribiendo con él. Esa serie era Mad Men.

Como es evidente, cuando uno comienza a trabajar en una serie no espera que vaya a hacer historia, por eso, según contaron los Jacquemetton, empezaron a escribir en Mad Men sin ninguna presión: “Al principio, el único objetivo era hacerlo lo mejor que podamos, y mirad hasta donde hemos llegado”. Empezaron un total de siete guionistas en la sala de la primera temporada, de los cuales cinco era conocidos del showrunner, Matthew Weiner. Este dato sirvió a Maria para confirmar que “es fundamental que tus compañeros de trabajo además sean tus mejores amigos”. Sin embargo, no por ello deja de haber competencia entre compañeros: “Los trabajos creativos atraen a gente difícil, con la que puede ser complicado trabajar”, comentó André poco antes de soltar una de las frases de la jornada: “Los guionistas somos seres dañados”, refiriéndose a la compleja personalidad y complicadas vivencias que suelen haber detrás de los escritores, una idea que, por cierto, su mujer no compartía.

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Unas 200 personas acudieron a la Masterclass de los Jacquemetton

Mad Men es una serie compleja que trata temas delicados y aspectos muy crudos de la naturaleza humana. Por eso, no es difícil imaginar que en su sala de guionistas las emociones siempre deben estar a flor de piel, algo que los Jacquemetton confirmaron: “A veces, entrábamos a la sala y todos estaban llorando porque alguien estaba contando sus penas”. Según contaron, los guionistas se preocupaban de que las tramas estuviesen lo más ligadas posible a su propia realidad y, para ello, intentaban que alguien del equipo hubiese pasado por esas experiencias, ya sea un trauma, un divorcio… Pasaban juntos el tiempo suficiente como para confiar los unos en los otros a la hora de contar sus experiencias más oscuras: “Hay que estar dispuesto a mostrar tus cicatrices, de sangrar sobre la mesa, porque de ahí es de donde salen las buenas historias”. Toda esta crudeza puede sonar exagerada vista desde fuera, pero todos nos empezamos a hacer a la idea cuando contaron cómo era un día de trabajo en la serie: empezaban a las 9:30 de la mañana y la jornada era de unas 12 horas, los teléfonos estaban prohibidos en la sala y nadie podía salir de allí –menos para ir al baño–, ni siquiera para comer, ya que les traían la comida de fuera. Como tuiteó el sindicato ALMA: “El drama al servicio del drama”.

André y Maria Jacquemetton aseguraron haberse echado las manos a la cabeza en varias ocasiones al conocer algunos detalles de la industria española. Uno de ellos fue sobre la figura del showrunner: “Nos hemos enterado de que aquí el showrunner no es guionista. De verdad, no sabemos cómo puede funcionar”, dijeron mientras todos asentíamos con todo el dolor de nuestro corazón. Aprovecharon esto para hablar de la figura Weiner como mandamás: “Matt decide todo; un showrunner tiene que ser capaz de controlar todos los aspectos de su serie y de escribir cada capítulo él solo si quisiera. Debe estar presente en todas las reuniones, decidiendo en cada departamento, desde peluquería hasta vestuario. Es el general del batallón”, explicaron.

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Y como general del batallón, donde primero da órdenes es en el inicio de la construcción de la temporada. “Nos juntamos unas nueve semanas antes del inicio de la producción a informarnos, documentarnos y compartir las ideas. Matt nos pedía llegar a cada inicio de temporada con diez posibles tramas nuevas y nosotros las teníamos que vender”, contaron los Jacquemetton. Sobre esto, dijeron que un guionista tiene que saber cómo vender sus ideas, actuando, hablando… “En el equipo de Mad Men no gustan los guionistas que no hablan en las reuniones”, contaron.

Siguiendo con la construcción de la temporada, André y Maria explicaron que, tras un mes hablando de hacia dónde quieren ir, una vez tienen el mapa de tramas listo –el cual generan cortando las escenas en papel y mezclándolas sobre una mesa– y el episodio escaletado, el guionista al cual se le ha asignado ese capítulo se va de la sala durante dos semanas a escribir el primer borrador; una vez pasados esos días estipulados, Matt Weiner se encarga de reescribirlo en tres días para luego terminar una segunda versión en una semana. El presupuesto inicial era de unos dos millones de dólares por capítulo, pero han terminado teniendo casi cinco.

Tras desmenuzar la forma de trabajar en Mad Men, los Jacquemetton pasaron a hablar de la figura del guionista y de su manera personal de ver la profesión. Respecto a las relaciones con directivos, afirmaron que éstos “se sienten incómodos con nosotros porque los guionistas somos más inteligentes que ellos, por eso hay que llevarlos a nuestro terreno”. Y opinaron que si un guionista “no sabe lo que pasa en todas las áreas, desde edición hasta plató, nunca será un buen escritor”. Por otro lado, comentaron un problema habitual que están observando últimamente relacionado con los guionistas jóvenes: “Escriben cosas que nunca han experimentado, y se nota”. Por eso, recomendaron encarecidamente “salir a la calle a investigar sobre lo que vas a contar; si vas a escribir sobre un fontanero, vete con un fontanero”. Maria, por su parte, dijo que para escribir se inspira en historias de gente que conoce o que le han contado.

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También hablaron de las épocas malas que suelen pasar los guionistas, que ellos también las tienen: “En momentos bajos lo que mejor que puedes hacer es escribir siempre que puedas y reinventarte mientras te llega una nueva oportunidad”, y aprovecharon para dar otra lección de cara a enfrentarse a un nuevo trabajo: “Tienes que dar la sensación a quien te va a contratar de que vas a ser un solucionador de problemas, que puedes hacer de todo”.

Actualmente los Jacquemetton ya no forman parte del equipo de guionistas de Mad Men. En la que será la última temporada, la séptima, no han participado. “Preferimos dejarlo en el punto álgido y empezar proyectos propios”, explicaron. Ahora mismo están inmersos en la adaptación que está produciendo la Warner de la novela gráfica DMZ, escrita por Brian Wood para DC. Lo cierto es que no pudieron dar muchos detalles al respecto, solo que ya están escribiendo. La séptima temporada de Mad Men será el cierre definitivo a la serie, pero estará dividida en dos partes, emitiéndose la última tanda de capítulos el año que viene. André contó que la idea de dividirla fue de la cadena, pero que Matthew Weiner estuvo de acuerdo con la decisión.

Como responsables de sus propios proyectos, los Jacquemetton se han tenido que enfrentar a muchos pitches y ofrecieron su visión sobre este momento tan temido por todos los guionistas. André no dudó en afirmar que “escribir un guion es la mitad del trabajo, mientras que la otra mitad es saber venderlo y venderte a ti mismo”. La pareja contó que no saber venderse hasta bien avanzada su carrera es uno de los grandes errores que han cometido profesionalmente. “Los guionistas solemos ser personas tímidas, es normal que nos cueste hacer un pitch, pero hay que aprender a dar un espectáculo cada vez que vendes tu producto”, dijeron. Para esto recomendaron a todos los guionistas que se apuntaran a clases de improvisación e interpretación. “Un pitching siempre es algo complejo, ya que no sabes con quién te vas a encontrar, eso sí, cuanto más corto mejor, 20 minutos es largo, 10, perfecto”, concluyeron sobre el tema.

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Instantes antes de entrar a la Masterclass

Si la idea de que el showrunner español no escribiese guiones les hizo echarse las manos a la cabeza, cuando se enteraron de que en España se escriben biblias de hasta 100 páginas, y gratis, se quedaron boquiabiertos. Contaron que, en Estados Unidos, las biblias son de unas 30 páginas, en las que dedican las 12 primeras a hablar de “la idea general del proyecto” y el resto “a los personajes, cuál será su viaje en la serie y los temas de la temporada”. “En nuestro país no les gusta leer, por eso las hacemos de 25-30 páginas. Lo que hacéis aquí nos parece una locura. Solo con un sindicato fuerte se puede llegar a conseguir que las productoras paguen por biblias, pilotos y primeras versiones”, sentenció Maria.

Otro aspecto que les sorprendió es que aquí no tuviésemos agentes. En Estados Unidos, la figura del agente es indispensable: “Conocen a todos los productores ejecutivos y hablan cada día con ellos para saber qué están buscando por si algún cliente suyo pudiese encajar en el proyecto”, explicaron.

Sin duda, uno de los momentos que permitió a los fans de Mad Men recrearse fue cuando los Jacquemetton contaron detalles de momentos puntuales y claves de la serie. De estos detalles se pudo saber que, por ejemplo, las escenas suelen ser largas y pausadas porque a Matthew Weiner le gusta que los actores se recreen en sus diálogos. Explicaron que los directores obedecen órdenes directas del guionista que ha escrito el capítulo en el que está trabajando; el escritor está con él durante el rodaje y, si éste opina que los diálogos se han interpretado más rápido de lo que él tenía pensado, sin, por ejemplo, respetar silencios clave, se lo hace saber. También pudimos saber que, desde la sala de guionistas, estructuran cada temporada como un gran episodio, usando gráficos para observar los picos emocionales. Normalmente, utilizan el capítulo 12 para el clímax. Otra curiosidad: Weiner decidió articular una temporada poniéndole sabores de helado a cada episodio.

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Respecto a la relación con el espectador y la posibilidad de llegar a decepcionar al fan con alguna decisión tomada en la sala de guionistas, los Jacquemetton afirmaron que ellos jamás escriben pensando en un público concreto, sino que lo que buscan con su escritura es que les guste primero a ellos y que les emocione.

Tras ocho horas en dos días, el matrimonio Jacquemetton se despidió entre aplausos asegurando que estaban encantados con la experiencia de haber venido a España, poniendo así fin a las visitas estelares desde Estados Unidos. Como se ha citado al principio, que hayamos podido disfrutar de estas citas internacionales ha sido gracias a meses de trabajo por parte de la Junta del sindicato ALMA, a los que hay que dar la enhorabuena y las gracias por el esfuerzo realizado, del que pueden sentirse más que orgullosos. Una de las muchas conclusiones que se pueden sacar de ambas clases magistrales es la importancia de tener un sindicato fuerte y unido para mejorar las condiciones laborales del guionista y para que, conforme nos vayan visitando profesionales americanos a los que admiramos, les envidiemos cada vez un poco menos.

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