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A VECES OLVIDO QUE…

Y no solo conviene escribir una escena o dos, sino, si ya se tiene una escaleta o un tratamiento completos, lanzarse y dialogar todo el guión. Sin mirar atrás, sin parar, hasta que te duela tanto el culo de estar sentado en tu silla que no tengas más remedio que levantarte para desentumecer los glúteos.

A VECES OLVIDO QUE…

“Muy poco tiempo después de empezar a trabajar juntos, cuando aún estábamos a unos 400 o 500 folios de poder escribir algo medio legible, Antonio y yo nos dimos cuenta de que la única manera de inventar una historia interesante era dejar fluir libremente la imaginación, esperando que alguna de las tonterías que decíamos en una de aquellas mañanas de sábado en las que quedábamos para escribir acabara sirviendo para algo”.