“CREO QUE CUANDO UN ESCRITOR PIERDE LA CURIOSIDAD LO PIERDE TODO”

7 enero, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Daniel Remón es un autor para el que la historia que quiere contar es lo que importa, por encima de intermediarios y otros condicionantes. Nada más. Aprovechando la lectura dramatizada que hizo de “El Diablo” (obra galardonada con el premio Calderón de la Barca) hemos hablado con él para reflexionar sobre su obra, donde están presentes gran parte de los elementos característicos de su forma de entender la escritura.

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Eres un escritor polifacético, que ha trabajo tanto en cine como en teatro. ¿Qué te aporta, a nivel creativo, escribir en cada uno de estos formatos?

El cine me ha aportado la idea del entretenimiento, de no aburrir al espectador. Una estructura, también, que es importante. Cierta rigidez. El teatro, como la narrativa cuando he escrito relatos, me aporta libertad. Escribo lo mejor que puedo, sin pensar en intermediarios, ni presupuestos, ni nada más que en las palabras. He tardado quince años en darme cuenta, pero a mí lo que importa son las palabras. En literatura, en teatro, la palabra pesa. En cine no tanto.

En la misma línea, ¿cómo detectas si lo que estás escribiendo se ajusta más al teatro o, sin embargo, lo que tienes entre manos es un guión cinematográfico?

Ahora mismo no me pongo a escribir un guion a no ser que vaya a dirigirlo yo, o que haya ya una productora y un director que me interesen involucrados. Así que normalmente sí que sé si lo que estoy haciendo es cine o literatura. Son animales diferentes, y eso se nota ya desde que son muy pequeños.

“El Diablo”, tu obra más reciente, ha conseguido hacerse con el prestigioso galardón teatral Calderón de La Barca, después de que Muladar ganara el premio Lope de Vega. Es una pregunta complicada para hacerle al autor, pero, en un ejercicio de análisis, ¿qué crees que pueden tener en común ambas obras para haber destacado hasta hacerse con sendos galardones?

La primera la hice con mi hermano, la segunda solo. Pero yo estaba ahí mientras las dos obras se escribían. Eso es lo que tienen en común. Además, en ambas hay personajes obtusos, violentos, de una torpeza sentimental extraordinaria. Es gente que pincha al besar, gente áspera. Conozco a esa gente y, aunque he crecido en Madrid, conozco el silencio de los pueblos. Vengo de un sitio en que nunca se habla de lo importante. Cada uno tiene sus traumas, sus problemas, pero se los traga porque así ha sido siempre. Hay una expresión española que me parece terrible, pero que encaja a la perfección con lo que estoy diciendo. “Aquí se viene llorado de casa”. A lo mejor es eso lo que está en el fondo de las dos obras. 

Centrémonos, ahora, en “El Diablo”. Algo que destaca de la obra (y, de hecho, de gran parte de tu trayectoria) es la facilidad que tienen tus personajes para desprender cierto naturalismo a la hora de conversar. ¿Cómo trabajas los diálogos para conseguir esta sensación de que estamos frente a una charla que se va desarrollando conforme la escuchamos, que no existía previamente?

Me gusta oír hablar a la gente. Me fascina la manera que cada uno tiene de decir las cosas, me da curiosidad. A veces he tenido pocas ganas de escribir. A veces he pensado en dejarlo. Pero lo que me hace continuar es la curiosidad. Creo que cuando un escritor pierde la curiosidad lo pierde todo. Yo no la he perdido, y por eso trato de escuchar a la gente. Alguien que trabajaba en un centro psiquiátrico me contó una vez que allí había un enfermo que siempre lanzaba la siguiente amenaza. “Tened cuidado conmigo, que tengo 7.750 buitres leonados a mi servicio”. Esa frase es el germen de esta obra. Al final, la frase no está en el texto, pero eso es lo de menos. Me sirvió para escribirla. Lo primero es el lenguaje.

Del mismo modo, también resulta muy interesante notar cómo algunos de los diálogos, aparentemente banales, esconden varias capas de subtexto en las que, una vez analizadas, puedes encontrar los verdaderos temas de la obra. Suponemos que para conseguirlo debe ser imprescindible trabajar mucho el perfil de los personajes, sus conflictos y necesidades.

No trabajo el perfil de los personajes, no me interesa eso. No conozco su psicología. Cómo es tal o cuál personaje, qué conflictos tiene, qué le pasó de pequeño… No sé, son preguntas que he dejado de hacerme, al menos cuando escribo lo que me da la gana. De los personajes me preocupan sobre todo dos cosas: cómo hablan y cómo se mueven. Si eso está bien, todo lo demás, el subtexto del que hablas, viene solo.

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En este aspecto, y relacionado con los temas de la obra, es indudable que existe cierta progresión en los tres actos de la obra a través de la cual vas llegando hacia algunas conclusiones. Intuimos que, para conseguir esta sensación de naturalidad, detrás debe haber un gran trabajo de escaleta, de saber por qué puntos debes pasar.

No es así en absoluto. No me gustan las escaletas, creo que los guionistas están obsesionados con ellas, con la parte menos creativa del proceso. A veces hay que hacerlas, pero para mí es un peaje, un precio a pagar. Lo veo cuando doy clases de guion. La mayoría de los alumnos se están preguntando dónde está el primer punto de giro, o el midpoint. A mi juicio, esa es casi siempre una pregunta inútil. Y lo es, sobre todo, porque tiene respuesta. Las preguntas importantes son las que no se pueden responder. Al final, por supuesto, habrá una especie de escaleta, pero en el caso de esta obra es algo que se formó solo a partir del lenguaje. Las palabras son las que marcan el camino. Yo solo tenía un principio, y una vaga idea de dirección. Estaba perdido mientras escribía. Con el tiempo he aprendido que estar perdido es algo bueno. Siempre lo estamos, aunque pensemos que no. Aferrarse a una escaleta es como estar perdido en medio del desierto y tener un mapa del metro de Madrid.

Antes de la lectura pudimos escucharte decir que estabas contento con la manera en la que la habían presentado, porque dicha manera coincidía con la forma en la que tú habías concebido la obra. Es decir, el mensaje del creador llegó íntegramente al lector. ¿Crees que existen algunas herramientas que permitan al escritor intuir si esto está ocurriendo?

Es una pregunta muy interesante, y por eso muy difícil de responder. En primer lugar estamos dando por hecho que el creador tiene un mensaje que transmitir, cosa de la que no estoy muy seguro. Yo no quiero transmitir ningún mensaje. Quiero decir: mirad esto que yo he visto, mirad a esta gente que he conocido. Es un pedazo de un mundo, eso es todo. Pero no tengo una opinión formada sobre ese mundo, y de hecho trato por todos los medios de no tenerla. Dicho esto, creo que desde hace tiempo busco que ese mundo que quiero compartir con el lector/espectador le llegue de la forma más parecida posible a cómo yo me lo he imaginado. Por eso me interesa cada vez más la literatura, porque no hay intermediarios. El cine es distinto. Hay muchas manos, y es más difícil que la cosa salga como tú te la imaginabas. Eso no es necesariamente malo, de todos modos. Pero es otra cosa.

A todo esto, y ya que tenemos la suerte de hablar contigo. A tu juicio, ¿de qué habla “El Diablo”?

Me gusta eso que decía Pinter de que él no era capaz de resumir ninguna de sus obras. Estoy convencido de que sí era capaz, pero no quería hacerlo. Me identifico con esa resistencia a etiquetar las cosas. “El Diablo” deja mucho espacio al espectador. Creo que debe ser él quien decida de qué habla la obra. Mi trabajo es escribirla, y eso ya es suficiente. Puedo decir, eso sí, que en la obra hay dos hermanos y una mujer. Hay alcohol y dificultades para comunicarse. También hay un padre que desaparece y un monte que arde.

En la lectura dramatizada pudimos escuchar las columnas de acción de la obra, con lo que se podía apreciar la gran riqueza de detalles que exponías en la misma. Sin duda, da mucha más información decir “un calendario de cooperativa” que simplemente “un calendario”. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre aquellos detalles que te aportan valor a la obra y aquellos que, al contrario, pueden ser innecesarios y ralentizar la lectura?

Para mí, los detalles son lo más importante. Los elementos que se ven en la obra –el calendario de la cooperativa, la botella de pacharán casero, la longaniza colgada de un clavo, el hule de cuadros…- son los detalles que yo recuerdo de mi casa del pueblo. Se trata de crear un universo a partir de esos elementos, cosas que podemos tocar. La Historia del cine está llena de objetos. El trineo de “Ciudadano Kane”, la figura de “El halcón maltés”, los pendientes de “Madame De…”, la bicicleta de “El ladrón de bicicletas”… Los detalles innecesarios se detectan con cierta facilidad, creo, igual que los adjetivos. Si los quitas y no pasa nada, quítalos.

Respecto a la lectura dramatizada, ¿en qué crees que puede ayudar al escritor este tipo de ejercicios de cara a una posible reescritura?

A mí me ha ayudado mucho. He visto en directo las cosas que funcionan y las que no. Cuando las pones en escena con actores te das cuenta de que a veces lo que creías que funcionaría muy bien no funciona, y viceversa. Es lo mismo que me suele pasar cuando escribo un corto que voy a dirigir y me pongo a ensayar. En cine y en teatro las palabras están ahí para ser dichas, y a veces cuando se dicen cambian lo que tú pensabas sobre ellas. El texto está vivo, se mueve alrededor de ti. Ese movimiento es muy libre y es lo que a mí me da ganas de seguir dirigiendo.

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En el caso de “El Diablo”, también eres el director de la obra. De hecho, tiene un estilo tan personal que resulta complicado creer que la persona que la dirija sea diferente a la que lo ha escrito. Bajo tu punto de vista, ¿qué beneficios tiene que escritor y director sean la misma persona?

Se trata de que haya una mirada, no dos. Yo vengo del cine, de escribir para otros, donde no siempre se tiene tanta libertad. Aquí he querido poner en pie un mundo particular. Seguramente la persona que mejor entiende ese mundo soy yo, pero a lo mejor me equivoco. Creo que hay directores que podrían dirigir “El Diablo” perfectamente. Es un mundo propio, pero tiene cosas en común con otros mundos y otros lenguajes.

Por último, ¿dónde podrá verse la obra?

No lo sé. Hasta el momento he estado centrado en montar la lectura de la mejor manera posible. Ahora tenemos que sentarnos y ver cómo, cuándo y dónde se puede poner en escena “El Diablo”.

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MESAS REDONDAS, CURSOS Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

6 febrero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. El primer enlace de esta semana es el más urgente. ¿Por qué? Porque es un Curso Intensivo de Especialización en Presentación de Proyectos impartido por Daniel Remón que tiene una pinta estupenda y se celebra este mismo sábado en Madrid. Aquí puedes mirar la programación e inscribirte. Los precios van de 27 a 47 euros.

2. Como se dijo ya en su momento, el 2014 ha sido el mejor de la historia del cine español. En El País han reunido a los nombres más rentables de los últimos años para ver qué opinan al respecto.

3. También fue un año histórico para los guionistas. Gracias al trabajo del sindicato ALMA se firmó por fin un convenio de trabajo. Es un gran logro para la profesión, sin duda, pero seguro que algunos seguís teniendo preguntas o dudas sobre el asunto. No pasa nada, aquí te las responden a todas.

4. Y además de luchar por los derechos del guionista, en ALMA también se sacan eventos de la manga con una facilidad que asusta. Y no cualquier evento. Para HOY, durante todo el día, te tienen preparadas –en colaboración con la Fundación SGAE– mesas redondas con guionistas de televisión que contarán el proceso de creación de sus series y con los guionistas nominados al Goya este año. Casi nada.

5. Si no puedes ir a las mesas redondas de ALMA no pasa nada, seguro que habrá más. Mientras, puedes leer esta interesantísima entrevista a Lena Dunham.

6. O ver si en tu guión hay alguna de las escenas incluidas en esta lista de las más comunes en los guiones de hoy en día.

7. Y para terminar, un recordatorio. Ayer jueves, el compañero Gabi Ochoa estrenó su obra ‘Las guerras correctas’ en el Teatro del Barrio, en Madrid. Felipe Gonzalez, Iñaki Gabilondo, el caso GAL… Suena demasiado bien como para no ir. Estará en cartel hasta el 1 de marzo. Tenéis tiempo para organizaros.

Buen fin de semana.

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#JORNADASPROFESIONALES: DÍA 1

9 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños.

Fotos: Héctor Beltrán.

¿Cómo puedo acceder al mercado audiovisual? ¿Qué buscan las productoras? ¿Quién está produciendo y qué está produciendo? ¿Cómo debo presentar un proyecto? Éstas, y muchísimas más, son algunas de las preguntas que los casi 40 asistentes a las “X Jornadas Profesionales: Guionistas y Mercado” de Madrid vieron respondidas durante este fin de semana de puente, lunes incluido. Estas Jornadas Profesionales, organizadas por Abcguionistas y Ars-Media, contaron con un plantel de ponentes realmente interesante: guionistas como Daniel Remón, Manuel Ríos San Martín o Cristóbal Garrido, o productores de la talla de Mikel Lejarza, Gonzalo Salazar-Simpson o Gustavo Ferrada dieron su visión personal sobre la situación actual del mercado audiovisual español. También se desgranaron los secretos de un buen pitching de la mano de María José Díez y se habló de la industria nacional e internacional –low cost incluido– con José Luis García Berlanga, Luis María Ferrández, Jose Luis Acosta y Hugo Serra. Un total de tres sesiones que fueron retransmitidas en el twitter de Bloguionistas, que tendrán sus correspondientes crónicas en el blog a lo largo de la semana y que podrán ser disfrutadas en vídeo, muy pronto, en las webs de los organizadores.

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Los asistentes a las Jornadas escuchan a Valentín Fernández-Tubau

El primer ponente de la sesión del sábado fue Valentín Fernández-Tubau, también organizador del evento. Valentín fue el que comenzó con el que sería el tema del día: la situación del mercado audiovisual, y lo hizo con un dato algo deprimente: más del 70% de los proyectos que se mueven en este país lo hacen sin que sus guionistas reciban un solo euro. “Si dejas que un productor mueva tu guión gratis, además de no cobrar, corres el riesgo de que el proyecto se queme”, afirmó. Es decir, no has cobrado por tu trabajo y éste ha dejado de ser interesante para los posibles clientes. Nunca es una buena idea dejar tu trabajo gratis en manos de alguien y, para demostrarlo, Valentín apeló a la lógica: “Un productor que ha invertido su dinero en un guión lo defenderá mejor, porque tiene algo que perder”. Para terminar, aconsejó a los guionistas que, antes de lanzarse a lo loco a mandar su guión a productoras, hagan un análisis completo de aquellos productores que “están haciendo las cosas bien” para así evitar estar dentro de ese 70%.

A continuación, el guionista Daniel Remón habló sobre cómo presentar proyectos. Lo primero que aconsejó el co-autor de ‘Casual Day’ o ‘Cinco metros cuadrados’ a los asistentes fue “olvidarse de cómo entrar en la industria” y les animó a hacer lo que ellos quisieran. “Así es como llamaréis la atención”, aseguró. Respecto a la presentación de proyectos, Remón dijo: “Hay que evitar mandar el proyecto a todas las productoras de la misma manera”. Es decir, lo ideal es personalizar tu dossier dependiendo a quién lo vayas a enviar.

“Cuando envías un proyecto estás compitiendo con mucha gente, por lo que ayuda muchísimo hacer un dossier bonito”, contó Remón cuando empezó a hablar de los documentos habituales en las presentaciones. Estos documentos son, tal y como contó, sinopsis, memoria y tratamiento. “Yo prefiero las sinopsis cortas, de no más de un folio, con protagonista, punto de partida, desencadenante y conflicto principal. Se puede contar el final de la película o no, depende del proyecto”, comentó. Como su máxima era que fuese lo más breve posible, continuó diciendo que mejor “evitar los personajes secundarios”. Respecto al estilo, “en presente, tercera persona y evitando los adjetivos”. En cuanto a la memoria, que según dijo Remón, para él “es lo más importante del proyecto”, hay que explicar, principalmente “qué tipo de historia estás haciendo”. Respecto a la longitud de ésta, era más generoso que en las sinopsis: “Prefiero hacer sinopsis de un folio y memorias de cuatro. Hay que ser sinceros y no vender humo nunca“, dijo. Finamente, a la hora de hablar del tercer y último documento necesario, el tratamiento, explicó que es “contar la película como si fuese un relato. Y mejor si puede ser un relato con la prosa cuidada y de unos 15 folios, o menos”.

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El guionista y director Daniel Remón.

Por la tarde llegó el turno de los productores cinematográficos. El primero fue Gonzalo Salazar-Simpson, de La Zona (‘Ocho apellidos vascos’, ‘No habrá paz para los malvados’), que centró su ponencia en aconsejar a los asistentes sobre sus futuras visitas a productores. “El único objetivo del pitch es conseguir que el productor se lea vuestro guión, así que contad en pocos minutos de qué va. Y evitad siempre decir aquello de que vuestra película es barata”, dijo Salazar-Simpson. Sobre añadir apoyo audiovisual durante la presentación no dudó en afirmar que “siempre es bueno; los teasers funcionan”.

Es habitual pensar que, porque recientemente una película haya triunfado, un productor va a querer más como ésa. Sin embargo, Gonzalo lo negó rotundamente: “No funciona. Además, el hecho de que un productor haya hecho últimamente un género concreto no es garantía de nada“. Respecto a la actitud del guionista ante la negativa a un proyecto, Salazar-Simpson aseguró que “los noes son noes, mejor ir a ver a otro productor”, además de que los guionistas “no deben tener miedo a realizar parte del trabajo del productor”, porque eso “hará que les miren con otros ojos”. Por último, animó a los asistentes que no se encierren mucho tiempo en un guión: “Mejor escribir varios proyectos diferentes en varios medios”.

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Gonzalo Salazar-Simpson, productor de ‘Ocho apellidos vascos’

El siguiente invitado fue Gustavo Ferrada, productor de, entre otras ‘La Caja 507’, ‘Los Pelayos’ o ‘Futbolín’, que insistió durante toda su ponencia en que el guionista “debe conocer a todos sus ‘personajes’: el productor, la TV, el distribuidor y el público”. Ferrada dejó claro que los productores y los guionistas no deben pensar que se dedican al cine para “forrarse”, ya que el objetivo de ambos es “vivir de hacer películas”. Ferrada también hizo hincapié en la importancia de la presentación del proyecto: “Me da igual lo que escribáis siempre y cuando yo lo quiera comprar, pero no puedo vender nada a una tele que no me entusiasme, si no me creo lo que me vais a contar, no va a funcionar”. Sobre el público, el productor afirmó que los productores no necesitan que sea “masivo”, sino “fiel y concreto”. Como todo el mundo sabe, los procesos de producción son largos y tediosos, por eso, Ferrada dijo: “Mi trabajo es saber lo que va a querer el público en dos o tres años y el vuestro, escribirlo”.

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El productor Gustavo Ferrada.

El encargado de cerrar el primer día de las Jornadas Profesionales fue Mikel Lejarza, presidente de Antena 3 Films, que, lo primero que dijo fue que “si este sector existe es porque alguien se sienta delante de un folio en blanco, así que, honor y gloria a los guionistas“. Durante todo el día se habló de la importancia de las principales televisiones –TVE, Telecinco o Antena 3–  y su aportación imprescindible para que una película tuviese luz verde, pero Lejarza afirmó que A3 Media no es “una televisión”, sino “un grupo de comunicación que engloba muchos medios incluido, el cine” es decir, que son “la productora de una cadena, no unos banqueros que financian”. Lejarza explicó el funcionamiento de A3 Media, que trabaja tanto con proyectos individuales generados desde la cadena como con coproducciones, pero siempre dentro de la ley que les obliga a no poseer más del 60% de una película. Este funcionamiento les ha llevado a ser, con una amplia diferencia, la mayor productora de España y una de las más prolíficas del mundo, algo que demostró con datos: este año han estrenado más de una decena de películas y en la actualidad tienen 32 proyectos en marcha.

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Mikel Lejarza en un momento de su intervención.

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