ALICIA LUNA: ASÍ SE ESCRIBIÓ EL GUIÓN DE “LA BODA DE ROSA”

4 septiembre, 2020

Ganaron el Goya a Mejor Guión Original en 2004 con Te doy mis ojos. Icíar Bollaín y Alicia Luna vuelven a escribir a cuatro manos en La boda de Rosa, cuyo reciente estreno ha logrado atraer ya a más de 50.000 espectadores, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la situación actual.

Hablamos con Alicia Luna sobre la génesis de la historia y el proceso de escritura del guión.

¿Cómo surge el proyecto de La boda de Rosa?

La idea surge de un artículo en The Guardian que Icíar Bollaín encontró sobre una agencia que organizaba soloweddings en Kioto. Y aprovechando que Icíar estaba promocionando su película El Olivo en Tokio, nos fuimos las dos a investigar cómo era esa aventura.

Lo que descubrimos no fue exactamente lo que buscábamos porque aquellas bodas estaban organizadas en torno a las fotos que las mujeres querían tener de sí mismas vestidas de novia. Pero les coordinaban todo, vestuario, peluquería, maquillaje, sauna. Una locura.

Así que seguimos investigando y encontramos en España a May Serrano, una turolense que vive en Bilbao y que se hace llamar a si misma casamentera porque organiza bodas consigo misma e incluso realiza un cursillo prematrimonial. Así pues no hay exactamente una idea original de una u otra. Es más bien la construcción entre ambas de esa idea de la que queríamos hablar.

Son tiempos muy complicados para levantar una producción, incluso para una directora de la talla de Icíar Bollaín. ¿Fue difícil poner en pie el proyecto?

Muy difícil, sí. Hemos tardado tres años. Al principio nadie de quienes leían o a quienes les contábamos la idea, la entendían. Les parecía una tontería. Pero nosotras seguimos adelante escribiendo la escaleta e investigando. Hablamos con una psicóloga sexóloga y continuamos entrevistando a mujeres que se habían casado solas.

Un día Cristina Zumárraga nos oyó hablar de la historia y nos la pidió. Ella sola con su productora, que por aquel entonces era Tormenta Films, se lanzó a financiar el guión y a buscar cómo levantarla. Y de repente Tormenta se convirtió en Tandem Films, una productora más grande e internacional.

La guionista y profesora de guión Alicia Luna.

¿Cómo os organizasteis el trabajo?

Icíar y yo trabajamos codo con codo en todo el inicio del guión. Me refiero a conversaciones interminables sobre la idea que queremos contar, de qué queremos hablar, etc. Y eso para nosotras dos es fundamental. Hasta que no tenemos claro cuál es esa idea que hay debajo de la historia que se cuenta y hacia dónde vamos, no arrancamos.

Cuando lo tuvimos claro comenzamos a escribir la escaleta. Era verano y ambas teníamos cargas familiares. Así que me trasladé con mi madre anciana al pueblo donde ella estaba con su familia. Allí comenzamos a construir (recuerdo que de 4 a 6 mientras todos dormitaban la siesta). Tomábamos apuntes para una escaleta y comenzamos a pergeñar a esa Rosa y a su familia. Aquella familia de los inicios ha cambiado mucho con respecto a la que hay hoy en la pantalla. La escaleta la escribimos y reescribimos una y otra vez. Investigamos para construir mejor a los personajes, nos hacemos mil preguntas.

Y cuando creemos que la escaleta ya está, la redactamos en algo parecido a una escaleta argumental (la anterior es de trabajo) y la testamos con lectores. Las devoluciones suelen ser demoledoras, pero las encajamos con deportividad y volvemos a corregir escaleta y a veces, muchas veces, a cambiar a los personajes hasta de sexo y condición. Hay que conseguir que la historia funcione como un todo, hay que conseguir que los personajes sean no solo interesantes sino auténticos, hay que conseguir también que nadie se sienta excluido de la historia, que nadie piense que lo que les pasa a esos personajes no va con ellos.

Cuando hemos conseguido ese punto comienza la redacción del guion. Tanto en Te doy mis ojos como en La Boda de Rosa, es Icíar quien se encierra a escribir. Es muy rápida. En quince días ha escrito un primer borrador. Yo leo y comenzamos las correcciones o discutimos sobre las flaquezas del guion y se vuelve a escaletar.

Casi siempre, cuando creemos que ya tenemos una buena versión hacemos una escaleta por acciones. Cada una hace la suya y analizamos de nuevo para hacer una última versión que poder entregar a la productora. Producción lee y por regla general lo testa con analistas de guion. Y vuelta a empezar con una nueva versión y a veces desde la escaleta, de nuevo.

Es tu segunda colaboración con Icíar tras Te doy mis ojos, con la que triunfasteis en los Goya. ¿En qué medida ha facilitado esa trayectora compartida el proceso de colaboración?

Bueno, Icíar y yo hemos trabajado juntas en otras historias más pequeñas, anuncios de Campofrío, docu-anuncios para Aldeas Infantiles… Nunca hemos desconectado del todo, profesionalmente hablando. Hace tanto tiempo que nos conocemos que ya somos muy cómplices en el trabajo y en la vida. Eso facilita la tarea. Nos decimos incomodidades que duelen pero se quedan en el entorno del guión. Y las ideas que una propone, muchas veces la otra las mejora, hasta el punto de que a veces no recordamos quién propuso qué. La complicidad en el trabajo de creación es importante.

¿Cuántas versiones del guión habéis llegado a hacer?

No puedo decir el número, y no porque sea un secreto sino porque realmente no llevo la cuenta. Pero nunca son pocas.

Icíar Bollaín en el rodaje de La boda de Rosa.

¿Qué grado de presencia has tenido en el proceso de rodaje y montaje?

En general a mí no me gusta aparecer en el rodaje si no soy necesaria. En Te doy mis ojos fui un día porque Icíar me invitó y ella misma en un momento del rodaje dijo “todo el que no tenga que ver con la acción que se vaya”. Entendí a la perfección.

En La Boda de Rosa también me invitó y esta vez fue una semana. Yo no tenía nada que hacer más que mirar y disfrutar de la puesta en escena, del hecho de que las ideas se hubieran hecho realidad a través del trabajo de todo un equipo técnico y artístico. Lo disfruté mucho. Asistí justo en el momento de la boda. Creo que Icíar lo había planificado así para que pudiera disfrutar. Fue muy emocionante ver la transformación.

En cuanto al montaje, en Te doy mis ojos estuve presente en todo el proceso como oyente invisible aunque en algunos momentos Icíar se giraba hacia mí, que estaba a su espalda, y me preguntaba algo. Recuerdo que tenía que estar bien atenta para tener una respuesta lo más audaz posible.

En La Boda de Rosa, simplemente Icíar me iba pasando algunas de las versiones de montaje para testar si funcionaba con tal o cual secuencia o algunos detalles.

La película parece eludir deliberadamente los resortes narrativos de las comedias de boda convencionales. No hay un tic-tac dramático que se incremente conforme se acerca la boda; no hay un protagonista ni un antagonista que intenta evitar el enlace… ¿Había una voluntad de acercaros a un estilo documental, híper realista, y liberaros de las exigencias de una trama modélica tipo viaje del héroe… o me estoy flipando yo?

Nunca hemos pensado en el viaje del héroe mientras escribíamos. Y es un texto que conozco al dedillo porque lo enseño a mis alumnos. En realidad no nos fijamos en la estructura a medida de ningún género cinematográfico. Quizá yo asumo un poco más el papel de pepito grillo cuando algo no funciona y salto a hablar de estructura, pero nuestro trabajo juntas suele ser acercarnos más al funcionamiento profundo de los personajes y sus conflictos. Las tres preguntas de McKee: qué quieren, quien se lo impide y cómo lo consiguen.

Es verdad que no teníamos un antagonista claro y eso nos generó muchas dificultades a la hora de conseguir que la historia no tuviera grandes parones dramáticos. Siempre hay más de un antagonista. En La Boda de Rosa, un antagonista es la propia Rosa y su incapacidad de dejar de ser como es: la auxiliar para todo. Es el antagonista interno. Y el gran antagonista físico, es la familia en su unidad. El ente familiar, cada uno de sus componentes con sus propios problemas.

Eso dificultó mucho la consecución de una estructura que caminara. No queríamos hacer a ningún personaje malo ni bueno. Queríamos que todos pasaran por la tensión de tener que comprender a Rosa para verse a s mismos con la soga al cuello de problemas vitales que no habían sido capaces de resolver. Queríamos que ellos mismos pudieran verse en el reflejo de Rosa, a la que inicialmente no entienden, porque en realidad lo que no entienden es la vida que lleva cada uno de ellos. El vórtice en el que han asumido que están engullidos para seguir viviendo.

Me gusta mucho la película De óxido y hueso de Jacques Audiard donde no hay un antagonista claro, porque los antagonistas son los propios protagonistas y su manera de luchar contra su propia felicidad. La película funciona con antagonistas internos. Claro, este tipo de guiones no los puedes escribir cuando te hacen un encargo y quieren ver funcionar la trama desde la primera versión de escaleta. Pero con Icíar hemos podido ir paso a paso.

La película tiene una protagonista claramente definida, pero no renuncia al punto de vista de varios personajes de su familia. Me parece un hallazgo, porque de alguna manera compensa y justifica ese anhelo de Rosa de reivindicarse. Digamos que ese yo-mí-me-conmigo de sus votos podría percibirse como narcisismo si el guión no retratase todos los satélites que gravitan a su alrededor. (Vale, esto no es una pregunta, pero ahí queda).

El yo mí me conmigo es el reflejo de ti misma que necesitamos todas esas personas que nos hemos visto borradas por los requerimientos de todos cuantos nos rodean. Y no es narcisismo. Es el antibiótico necesario para matar el bicho que se lleva dentro y no te deja ser tu misma. Es reconocerse. Nada más.

Cuando comenzamos a construir a Rosa le pasaban muchas cosas antes de ese inicio en que está cosiendo vestidos de novia sin poder parar ni para dormir. Habíamos construido las historias de tres mujeres desde niñas. Dos hermanas y una amiga. Y al final todo ha quedado en tres hermanos, dos chicas, un varón y una hija. Más el padre, que inicialmente era madre.

Me llama la atención lo específicamente localizada que está la película en Valencia y Benicàssim. ¿Hay algún motivo en particular para situar la historia allí?

Nos gustaba mucho la idea valenciana porque es un lugar que ambas adoramos. Inicialmente era Madrid y Benicàssim. Benicàssim es un lugar que Icíar conoce bien, su luz, su ambiente que es casi aroma tangible y queríamos tener un lugar de felicidad que fuera el referente al que regresar. Cambiamos a Valencia porque nos parecía más realista con la idiosincrasia de la familia.

La historia presenta a una gran variedad de personajes femeninos fuertes y autónomos. Por el contrario, los personajes masculinos tienden a ser frágiles y muy dependientes de mujeres. ¿Os ha planteado algún problema esta óptica feminista? ¿Habéis encontrado con alguna resistencia o algún intento de notallmenizar el guión?

Es que esta es la historia de una mujer rota que se recompone y comparte su reconstrucción con sus seres queridos, hombres y mujeres. Y claro, en torno a una persona que se ha dado tanto a los demás, hombres y mujeres, hasta llegar al punto de que todos se han acostumbrado a seguir pidiéndole porque ella siempre está dispuesta, no puede haber más que personas que no se dan cuenta de la cantidad de agujeros vitales que tienen ellos mismos.

En realidad no hemos hecho otra cosa que escuchar sinceramente a las personas, hombres y mujeres, con las que hemos hablado para construir a los personajes. Ocurre un poco que estamos demasiado acostumbrados a encontrar en las pantallas a personajes masculinos siempre fuertes. Y en la realidad la mayoría de los hombres son tan frágiles como lo son las mujeres y las mujeres son tan fuertes como los son los hombres.

En la vida hay de todo, pero hasta ahora en las pantallas sólo se han ofrecido miradas muy sesgadas.


Entrevista de Sergio Barrejón.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: TAMBIÉN LA LLUVIA (ESPOILERS)

24 enero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

También la lluvia” la última película de Icíar Bollaín, escrita por Paul Laverty, es una de las grandes favoritas para los Goya que se entregan en un par de semanas.

Como dice la propia directora en esta entrevista, el guión fue escrito por Laverty (guionista habitual de Ken Loach) para que lo dirigiera Alejandro González Iñárritu que prefirió finalmente rodar “Biutiful”. Se trata de la primer película de Bollaín en la que ella no participa (al menos no acreditada) en el guión. Creo que esta información es bastante útil a la hora de entender algunas características de la película.

Como siempre, os advierto a todos los que queráis ver la película que, a partir de este punto habrá docenas de (e)spoilers.

Breve resumen

También la lluvia” trata sobre el rodaje en Bolivia (Cochabamba) de una película española sobre el descubrimiento de América,  todo se complica cuando se produce una insurrección popular en la que está implicado como líder uno de los actores locales.

Pequeño análisis de la estructura

Detonante de la acción:

Gracias a la insistencia de Sebastián, el director de la película (Gael García Bernal) el productor Costa (Luis Tosar) contrata a Daniel (Juan Carlos Aduviri), un boliviano algo rebelde, para uno de los papeles que quedan por asignar.

Primer acto:

Comienza el rodaje. Presentación de los actores, de su implicación con sus papeles. Incómodos paralelismos entre la invasión que están rodando y la que están cometiendo para rodar.

Daniel y Costa tienen un primer roce debido a la actitud “explotadora” del productor.

Mientras tanto, la empresa del agua local cierra los pozos de recogida de agua de la lluvia. Las autoridades la respaldan.

Primer punto de giro: Se produce una insurrección popular contra las autoridades por cerrar los pozos de recogida de agua de lluvia.

Segundo acto:

La insurrección dificulta el rodaje de la película. Sobre todo cuando Daniel se implica como líder en la “Guerra del agua”.

Costa trata de evitar que Daniel continúe participando en las reivindicaciones pero no lo logra, ni siquiera “sobornándole”.

Daniel es detenido por las autoridades bolivianas, cosa que imposibilita el rodaje de algunas secuencias clave. Costa debe localizarlo y pagar para sacarlo de prisión y así poder seguir rodando.

Una vez que logra sacar adelante las secuencias más esenciales, el equipo de la película se va a marchar a una zona más segura para proseguir el rodaje.

Segundo punto de giro:

La mujer de Daniel pide a Costa que acuda a ayudar a su hija, que ha sido víctima de los disturbios.

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Tercer acto:

El productor decide ir a buscar a la niña, dejando solo al equipo de la película.

Costa logra rescatar a la niña, que quedará gravemente herida.

Sin embargo, el agravamiento de los disturbios y el miedo de los actores impide que la película continúe.

Daniel agradece a Costa su intervención para salvar a su hija. Se despiden como amigos.

Protagonista:

Costa, productor de la película

Antagonista:

Daniel, líder popular y actor de la película

Objetivo del protagonista:

Sacar adelante la película de la manera más rápida y barata posible.

Aliados:

Sebastián, todo el equipo de actores y técnicos, autoridades locales.

Obstáculos, reveses:

Revueltas populares, policía local, autoridades, miedos de los actores…

Nota: He tenido muchas dudas a la hora de decidir quién era el protagonista de esta película. Inicialmente, me inclinaba por dividir el protagonismo entre Sebastián, el director, y Costa, el productor. Después de pensarlo un poco más, me decido por el protagonismo de Costa, ya que creo que es el personaje que realmente toma decisiones y lleva el relato. Sebastián sería su principal aliado (pese a veces algo incómodo para Costa).

Mi análisis:

En general, el guión de “También la lluvia” tiene, en mi opinión, bastante ritmo y un estilo “muy profesional”. Los personajes están muy definidos, con motivaciones muy claras y un conflicto evidente.

Un grupo de personas parece dispuesta a darlo todo por hacer una película. El entorno se vuelve hostil, revelándoles una situación de pobreza a la que no están acostumbrados. Sin embargo, luchan con todas sus fuerzas para conseguir rodar la película en las mejores condiciones. Sin embargo, en el proceso, uno de ellos descubre que ese objetivo no es tan importante. Existe algo más grande que su película. No alcanza lo que quería al comienzo. Alcanza algo un poco mejor.

Pienso que los mejores momentos de la película ocurren en el primer tercio, cuando observamos el irónico paralelismo entre la invasión española encabezada por Cristóbal Colón y la pacífica del equipo de cine, cinco siglos más tarde. La descripción de los actores y su identificación con los personajes a los que encarnan, las discusiones que genera entre ellos la película que están rodando, la relación con el productor, la monomanía del director, que sólo parece levemente más interesado que Costa en los conflictos de la realidad que les rodea…

Aquí me parece ver la mano de Icíar Bollaín, que nos tiene acostumbrados a un cine aparentemente menos ambicioso que “También la lluvia”, pero con mayor atención a los conflictos humanos y a la descripción de personajes creíbles.

La irrupción de la revuelta del agua y, sobre todo, la implicación en ella de Daniel ocasionan los mayores problemas para la película. Y no hablo sólo de la que produce Costa, sino de la que dirige Bollaín.

La película comienza a convertirse, progresivamente, en algo cercano al cine de acción. Y Costa, el productor, pasa de ser un desalmado productor que presume de lo mal que paga a los locales, a un tipo que abandona la película y atraviesa una ciudad “en guerra” para salvar a una niña a la que apenas conoce porque se lo pide una mujer a la que tampoco conoce mucho más.

Es ese punto, en mi opinión el segundo punto de giro (no puedo decir el minuto de metraje en el que ocurre, esta vez no anoté nada, lo siento), la historia se viene abajo.

¿Por qué?

Pienso que se trata de un estupendo dilema: ¿seguir con mi proyecto (egoísta) o ir a salvar a una niña?

Ya en Netflix: JEFE, la película escrita y dirigida por bloguionistas

Pero, en mi opinión, no está suficientemente preparado y, en el momento en el que se plantea, suena falso. Suena que esa mujer boliviana apostada ante el hotel es el guionista de la película. (Sí, creo que es Laverty con peluca pidiendo a Costa que acuda a buscar a Laverty con faldita).

Por varias razones:

– No queda claro por qué la mujer acude a Costa para que rescate a su hija (la relación con él ha sido mínima, nada le hace pensar que se trate de un buen hombre, tampoco se ha sembrado que Costa tenga poder alguno que pueda facilitarle el rescate de la niña…)

– Que el clímax de la historia dependa del rescate de un personaje prácticamente anónimo (la niña) suena algo gratuito (una decisión de guionista colocando a un personaje absolutamente instrumental en una situación crítica). Si Costa se jugara el cuello por alguien que ha tenido importancia en la historia (el propio Daniel, por ejemplo) creo que hubiera tenido más sentido.

– No se nos ha indicado suficientemente que Costa pueda estar cambiando de parecer, relativizando la importancia de su película y simpatizando con los problemas de los habitantes de Cochabamba. Siendo fieles al personaje, el dilema no hubiera tenido fuerza alguna: Costa hubiera apartado a la boliviana con una sonrisa falsa,  y tal vez unos billetes, y se hubiera subido a la camioneta de producción, para continuar con su película.

El posterior desenlace con Costa al volante de un todoterreno, atravesando barricadas, rescatando a la niña y a otros heridos, me resultó del todo inverosímil. El “villano” había pasado a ser héroe y yo no sabía ni porqué ni cómo había ocurrido. Era como si, de pronto, hubiéramos entrado en otra película. Posiblemente una de Iñárritu: en la que un héroe oscuro, pese a no lograr su objetivo inicial, se acaba redimiendo. Lamentablemente, el porqué sólo lo podemos adivinar.

 

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