PLAGIANDO, QUE ES GERUNDIO

23 febrero, 2017

Por Julia Gil.

Hace apenas un mes intervine en un juicio por plagio como Perito Judicial [i] de la parte demandante, o sea el supuesto plagiado (aún está visto para sentencia, de ahí lo de supuesto). No es la primera vez que me encargan un peritaje relacionado con este tema, pero si es la primera vez que he tenido que declarar como tal en un juicio, al no llegar las partes a un acuerdo previo. La experiencia ha sido, además de muy interesante, aleccionadora.

LOS HECHOS

Una cadena generalista pide a un profesional del medio, llamémosle JB, que les presente un formato de programa de un género concreto del que JB es reconocido especialista. JB elabora un proyecto de unas 14 páginas, con las características y el formato solicitado y lo entrega a los directivos de la cadena de los que no vuelve a tener noticias al respecto.

Hasta aquí nada fuera de lo común, esto ocurre con frecuencia, (sí, es desalentador) pero reprimid el bostezo porque un punto de giro está a punto de dotar de interés a la trama.

Bastante tiempo después, JB contempla en su televisor como, en la susodicha cadena, se está emitiendo un programa que a JB le parece un plagio del formato que él les había entregado.

A partir de aquí, JB pasa por todas las fases emocionales que le produce el asunto, incluida la duda ¿es o no es plagio?, de la duda pasa a la certeza y de ahí a la duda de nuevo ¿demanda o no demanda? y si lo hace, ¿qué posibilidades tiene de ganar? Es el momento de la cadena de tópicos: David contra Goliat, Confederados contra Unionistas, Replicantes contra Humanos, Rebeldes contra el Imperio… Pero JB, pensando especialmente en la bíblica hazaña y su resultado, se arma con la honda y lanza la piedra de la demanda.

Y hétenos aquí en el juzgado: el demandante, el abogado, los testigos, el perito (o sea, yo misma) y la parafernalia de la parte demandada a la que, por supuesto, le puede faltar cualquier cosa menos munición.

Y ahora, queridos amigos, entramos rumbo a lo desconocido porque el quid de la cuestión, tanto para unos como para otros, no es quién tiene razón si no quién puede demostrar ante el juez que la tiene, y aquí ya nos ponemos serios.

En lo tocante al PLAGIO, especialmente en el audiovisual, andamos en terrenos pantanosos ya que intervienen elementos ajenos que, salvo raras excepciones, tienen el mismo conocimiento de nuestra profesión y su entorno que la señora de Cuenca, tan presente en nuestras vidas. Me refiero a los servidores de la Ley: jueces y abogados a los que conceptos tan básicos como formato, programa y escaleta les resultan tan confusos como a nosotros auto, casación, mora o estado de interdicción, por ejemplo.

Por lo que es imprescindible, tanto si eres demandante como demandado, contar con un abogado que conozca lo mejor posible nuestra profesión, único modo, a mi juicio, de defender de manera clara nuestros intereses. (Por suerte, como sabéis, en ALMA contamos con uno de los pocos abogados especializado en audiovisual y con gran experiencia)

Esto que parece una perogrullada no es tal, pues, en este caso, la mayor parte del tiempo de mi declaración se empleó en tratar de aclarar ideas, valoraciones o falsas impresiones tanto por parte del abogado de la parte demandada como del juez, perdiendo así tiempo para hacer preguntas más incisivas o pertinentes; algo que no ocurrió con el abogado del demandante quién con un breve interrogatorio situó el argumento en el lugar deseado.

Esto que, sobre el papel, puede parecer que nos beneficia de algún modo, no es así, puesto que confunde más que aclara a quien tiene que juzgar, especialmente en los casos de plagio cuyos perfiles, en general, tienden a ser difusos.

De esta experiencia, me gustaría incidir en algunos pasos que no debemos olvidar seguir y que, aunque repetidos por doquier desde ALMA y este mismo Blog por diversos compañeros, seguimos olvidando u obviando:

  1. REGISTRO.- Cuando se presente un proyecto a una productora, un señor de Murcia o una cadena, solicitado o no, es imprescindible registrarlo. (Nos consta que todavía se presentan bastantes proyectos sin registrar)
  2. PRESENTACIÓN.- En las 14 o 16 páginas -en el caso de no ficción- que, en principio, deben bastar para mostrar si el formato es o no interesante para quien se presenta, hay que incluir una ficha técnica lo más detallada posible y una escaleta básica, en la que quede suficientemente clara la estructura y formato del programa.
  3. DOCUMENTO DE ENTREGA.- A la cadena, productora o persona física que recibe el proyecto se le debe solicitar un documento en el que conste la fecha y la firma de la persona o entidad a la que se hizo la entrega. (Da igual si sois amigos, cuñados o tu santo esposo)
  4. PAGO.- En el caso de que el receptor muestre interés y solicite un proyecto más extenso y documentado, hay que pactar un pago y un plazo en el que el proyecto se realizará. En caso contrario, el proyecto debe devolverse al autor.

Grabaos esto a fuego en la memoria, haceos tatuajes en plan Memento o aprendedlo como la tabla del 10, pero siguiendo estas sencillas instrucciones se lo ponéis más difícil a los plagiadores -que no son tantos como nuestro “ego creativo” nos lleva a pensar, pero haberlos, haylos.

NOTA PARA ALMA.- Sería deseable -me consta que es algo que se lleva tiempo barajando- que hubiera un registro especial para las obras audiovisuales, bien en Cultura, en el sindicato o en las Entidades de Gestión (DAMA y SGAE) donde los autores pudiéramos registrar nuestra obra audiovisual como tal y no como obra literaria exclusivamente, único modo que existe hasta la fecha.

[i] El perito judicial es un profesional dotado de conocimientos especializados y reconocidos, que suministra información u opinión fundada a los tribunales de justicia sobre los puntos litigiosos que son materia de su dictamen.


CONSULTORIO: HE TENIDO UNA IDEA MUY BUENA

6 octubre, 2015

CONSULTA:

Hola, mi nombre es ***, primero que nada felicitaros por el blog y este apartado de consultas.

Me presento; He hecho un curso de cine, tras el cual he hecho un corto como director y guionista. He participado en otros cuatro cortometrajes como cámara. Ahora tengo en proyecto escribir y dirigir otro corto y estoy participando en un largometraje como el cámara.

El caso es que buscando la idea de mi segundo corto, he tenido una idea muy buena y tengo la sinopsis de un guion de verdad brutal, muy bueno. Sé que suena a tópico y casi todo el mundo pensará que tiene el mejor guión del mundo o un guión brutal cuando no lo es, pero de verdad que el mío sí lo es, soy muy crítico y de verdad que es un guión (bueno no tengo todo el guión, tengo la historia principal, sinopsis corta y larga, vamos la idea y esencia de la peli) para hacer una película en EEUU de muy alto nivel. Estoy completamente seguro que a los mejores directores del país, incluso fuera de España les interesará. De verdad la idea es súper original y muy muy buena. (me repito, se que todos pensarán lo mismo con sus guiones, pero en mi caso estoy completamente seguro de lo que digo).

Como no soy guionista (sólo escribí el guión de mi primer corto, que por cierto me costó meses dar con la idea, tras estar cada día y noche dándole vueltas a ideas), tengo un montón de dudas, pero sobre todo dos que creo son las más importantes, y os agradecería muchísimo si me podéis ayudar.

1. Protección de la idea: ¿Donde protejo el guión de mi corto? ¿Es seguro y queda protegido al 100%?
2. ¿Si es cierto que es muy buena la idea, por cuanto lo podría vender? También se me ha ocurrido en lugar de la venta, firmar un porcentaje del beneficio y también ser codirector (bueno esto de codirector es imposible je je porque sólo he hecho un corto y estoy hablando de directores de primerísimo nivel, pero sí tener en el proyecto algún cargo técnico o participar de alguna manera activa y estar en rodajes)

Había pensado en tres opciones. 1. Dirigir y hacer mi corto con este guión, pero sería tirar esta brillante idea a la basura, porque es algo para hacer una peliculón. 2. Dirigir y hacer yo directamente mi largometraje pues tengo equipo técnico (ayudante dirección, sonidista, director fotografía, maquillaje, adrezo, etc), pero sería hacer con una idea brutal una pelí reconozco de bajo nivel, pues mi presupuesto es muy bajo y somos un equipo técnico sin experiencia en largos (dos de los miembros del equipo técnico han hecho dos largometrajes y sí bueno muchos cortos, pero ninguno con premios ni de nivel). Por lo que descarto estas dos ideas, que sí, serían para hacer algo muy chulo pero que con esta idea tan buena no quiero desaprovecharla.

Insisto en que el guión sí es muy bueno, he leído muchísimos guiones, he pasado meses y meses para crear un guión, le he dado vueltas a diferentes ideas de miles de horas y este que me ha surgido de imprevisto es realmente bueno. Ya se que no debería decirlo yo o que me diréis que como es mío lo pienso así, que debería contrastarlo, que es no lo puedo saber yo. Entiendo todo esto, pero es una idea tan clara, directa, original y cinematográfica que estoy seguro que cualquiera desearía llevar a la pantalla grande.

Gracias por dedicarme vuestro tiempo.

 

RESPUESTA:

 

1. En el Registro de la Propiedad Intelectual. No es 100% seguro.

2. Está prohibido fijar tarifas.

 

 

Sergio Barrejón.

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MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: REPELENTES CONTRA PARÁSITOS

15 abril, 2010

por Pianista en un Burdel.

El pasado 19 de marzo publiqué en este blog el artículo La Señora y el parásito. Biología del plagio, con la intención de aplicar un poco de sentido común a la montaña de basura mediática creada tras la denuncia por plagio contra la serie La Señora.

Me consta que mucha gente, tras la lectura del post, ha empezado a ver de otra manera las periódicas denuncias por plagio que sufren profesionales de reconocido prestigio (obviamente, nadie denuncia a un fracasado: no hay nada que robarle).

Hoy quiero volver sobre el tema, pero no para echar más leña al fuego. Las posturas han quedado clarísimas. Los locos seguirán con su tema diga yo lo que diga, y los cuerdos ya tienen material de sobra para formarse una opinión. Hoy lo que vamos a hacer es un repaso para ver qué hemos aprendido más allá de las opiniones. Porque si de los cuerdos siempre aprendemos algo, de los locos a veces podemos aprender muchísimo más.

De Susana Pérez-Alonso aprendimos que siempre, siempre, SIEMPRE, hay que inscribir nuestras obras en el Registro de la Propiedad Intelectual. Concretamente, hay que registrar las obras antes de enseñárselas a nadie. Esto sonará a perogrullada para muchos, pero lo cierto es que muchos guionistas, tanto aspirantes como profesionales, pasan por alto este paso fundamental. Es lo que pasa con los buenos consejos (póntelo-pónselo; si bebes no conduzcas; ante la duda, folla): todos el mundo los conoce, pero muy poca gente los sigue a rajatabla.

Y es que por pura falta de perspectiva. Tengamos en cuenta una cosa: todo el caso del presunto plagio de La Señora se basa en que Virginia Yagüe no registró a tiempo la obra. ¿Cuándo tenía que haberla registrado? En el momento de terminar la primera versión. Del argumento, de la biblia… de lo que fuera que envió a Diagonal TV para su evaluación.

¿Y por qué no lo hizo? Bueno, tendríamos que preguntárselo a ella, pero me apostaría una cena en El Bulli (si pudiera conseguir mesa, ay) a que fue por desidia. Virginia llevaba tiempo trabajando con Diagonal TV. Y sé por experiencia que cuando trabajamos con productoras de confianza, nos relajamos en estos temas.

¿Que el contrato no llega a tiempo? No pasa nada. Sé que pagan puntualmente.

¿Que mueven mi material sin pagarme nada? Prefiero arriesgarme con ellos que con desconocidos que me pueden salir rana.

Y registrarlo, ¿para qué? Si no va a pasar nada. Tengo los emails. Tengo las reuniones con las directivas de cadenas. Hay un montón de testigos.

Pensar así tiene, aparentemente, toda la lógica del mundo. Sobre todo cuando estás muy cargado de trabajo. Ir al Registro de la Propiedad Intelectual es un soberano coñazo. Hay que imprimir (argh), encuadernar (jarl), hacer cola (zzzz) y lidiar con el funcionario de turno, que siempre descubre que te falta un papel o una fotocopia (snif). Y luego hay que ir al banco (puaj), pagar la tasa (gñgñ) y volver al Registro (WTF?) a entregar el comprobante de pago.

Y total, ¿para qué? Si la mayoría de los profesionales estará de acuerdo en que toda esa paranoia de que nos pueden robar las ideas es propia de ignorantes, mediocres y/o tarados mentales. Basta con leer el post arriba mencionado para darse cuenta de que sólo un ignorante, un mediocre o un tarado mental (o una combinación de varios) podría pensar que La Señora es un plagio de la presunta novela de Susana Pérez-Alonso.

Pero precisamente por eso hay que registrar nuestras obras antes de enseñarlas por ahí: porque en el mundo hay montones de ignorantes, mediocres y tarados mentales. Y si tenemos éxito en esta profesión, es cuestión de tiempo que uno de ellos se convenza a sí mismo de que le hemos robado una idea. Ese pensamiento no es más que una variante del síndrome de Tío Vanya. Es lo que hacen los ignorantes, los mediocres y los tarados mentales: confunden el éxito ajeno con el fracaso propio. Establecen una relación de causa-efecto entre uno y otro. Y cuando tienen el tiempo, los medios y/o el deterioro mental suficientes, están dispuestos incluso a llegar a juicio para demostrarlo. Nunca lo consiguen, pero el caso no es ése. El caso es que en el proceso, nuestra vida se complicará. Recibiremos citaciones, nuestro nombre saldrá en los periódicos y, de pronto, todas las llamadas de amigos y familiares tratarán sobre lo mismo. Durante semanas, quizá meses, seremos presa de un monotema absurdo y erosivo que nos robará energía creativa. (Una energía que necesitamos para vivir, porque la mayoría de los escritores no tienen dos apellidos dobles ni viven de las rentas.)

Si La Señora se hubiera registrado en el momento de terminarse la primera versión, no habría caso. Esta ridícula denuncia jamás habría llegado al juzgado, y los foreros subnormales de los confidenciales de televisión tendrían que dedicarse a destripar a otra persona más merecedora de ello. Ahora, sin embargo, Virginia Yagüe tendrá que esperar al juicio para demostrar su inocencia. En realidad, no será difícil: llegará un perito, intentará establecer una comparación entre el supuesto resumen de la presunta novela que Susana Pérez-Alonso aparentemente registró en 2006 , por un lado; y los guiones de La Señora por otro (39 capítulos de 70 minutos, a página por minuto serían 2730 folios), dictaminará que allí no hay nada que rascar, y cada uno a su casa. Fácil, pero kafkiano. Y el tiempo que le roben a Virginia Yagüe hasta ese momento no se lo devolverá nadie.

Así que seamos listos y evitemos tropezar nosotros en esa piedra. Recuerden: no se trata de tener miedo a que nos roben. Se trata de evitar que nos acusen a nosotros de robar. Podemos optar por acudir a alguno de los Registros de la Propiedad Intelectual, y pasar por el periplo arriba mencionado. También podemos cambiar el hastío por el terror: en vez de pasarnos dos horas yendo a la oficina, podemos solicitar la inscripción por correo, y pasarnos dos meses esperando confirmación, y pensando en que nos han perdido el material por el camino. O bien podemos intentar la inscripción telemática y convertirnos directamente en el protagonista de esta película.

Conozco una cuarta opción, que es registrar nuestra obra aquí, en el Writers Guild of America. Además de que es una chulada registrar los guiones en el sindicato americano, resulta que se puede hacer todo online y viene costando más o menos lo mismo: 20$. Al cambio, y ahorrándonos fotocopia, encuadernación y desplazamiento, apenas hay diferencia.

Antes de que lo pregunten: sí, los extranjeros pueden; y sí, se puede registrar obras en castellano.

Espero que esta información les resulte útil. Supongo que habrá más opciones, así que si tienen información, se agradecerá que la compartan en los comentarios.