HELENA MEDINA: Pensaba que iba a hablar para una pequeña sala de como 20 personas, y ahora me encuentro 450 en un auditorio. Un poco de presión. (Aplausos).

Voy a hablar de adaptación de hechos reales. Una historia que ya existe. Y tú tienes que convertirla en serie. Y prácticamente toda tu audiencia… ya sabe el final.
Cada vez más hay un deseo de la audiencia (y por tanto también de los productores) de que lo que ven en una ficción esté basado en la realidad. No sólo true crime, también thriller políticos, catástrofes, etc. Posiblemente, si lo pensáis, si La sociedad de la nieve hubiese sido una historia totalmente inventada, no habría sido tan atractiva.
Siempre me ha preocupado hasta qué punto esto coarta nuestra capacidad de creación. Porque tenemos muchas limitaciones cuando adaptamos hechos reales. Una de ellas obviamente es de orden legal. Pero también hay unas ventajas claras. La historia está ya medio vendida, porque hay una conversación social, hay documentales y pódcasts en torno a esos hechos. Y para la audiencia hay varios atractivos: el morbo, por supuesto. O el impacto emocional, por darle un nombre más científico, por el hecho de saber que esas cosas que cuenta la serie le pasaron de verdad a personas reales.
La primera vez que trabajé en este género fue hace veinte años, más o menos. Una miniserie sobre el 23-F. Lo que me preocupó de entrada fue pensar “Dios mío, ¿cómo voy a hacer un thriller político? Si eso se basa en el suspense, en no saber lo que va a pasar; y en los giros inesperados… pero ¡todo el mundo sabe cómo acabó! Saben incluso los detalles de cómo fue ocurriendo”.
Me encontré además con algo con lo que no contaba, y es que en este tipo de adaptación, la audiencia y la crítica lo están viendo casi como si vieran un documental. Exigen un grado de fidelidad a los hechos que asusta. Eso me lo hizo pasar mal. Pero claro, ¿qué es la ficción? Es subjetividad, es emoción. Yo no soy historiadora ni periodista. Para mí esas personas reales ahora son personajes que yo tengo que construir. Y no todo el mundo lo entiende así.
Y luego está la cuestión del punto de vista. En una ficción yo elijo el punto de vista cuando elijo al protagonista. Y sí, claro, puedo incluir otros puntos de vista, pero fundamentalmente tengo que seguir el viaje emocional de un personaje, y meterme en su cabeza (en la medida de lo posible).
¿Cómo hacer que esto sea interesante y que tenga algo de thriller aunque todo el mundo sepa cómo acaba? Pues la solución pasa por “olvidarme” de lo que pasó. Me voy a concentrar en todas las cosas que la gente no sabe. Y sobre todo en las cosas que me puedo inventar. Me puedo inventar muchas cosas. Por ejemplo: Napoleón fue desterrado a la isla de Elba. Esto lo sabe todo el mundo. Vale. Pero lo que nadie sabe, porque no está en los libros de historia, es lo que pasó veinte minutos antes de embarcarse rumbo a la isla de Elba. Eso es la trastienda de la historia. Eso es lo que yo me puedo inventar. En eso me tengo que concentrar yo. Mientras no contradiga lo que después ocurrió y está establecido por la Historia, claro. Ahí es donde yo puedo darle suspense y emoción a la audiencia, con tramas emocionales y sobre la psicología de los personajes. ¿Cómo nadie vio venir que iba a pasar tal cosa? ¿Cómo se tomaron estas decisiones que provocaron tal catástrofe?
En este sentido, cuanto más cercanos estén los hechos en el tiempo, peor. Porque la gente aún lo tiene en la cabeza, y tiene ideas preconcebidas. Sobre la Edad Media me puedo inventar lo que yo quiera, pero lo reciente… pues no.
Y luego tú puedes explorar temas que no son los temas específicos de ese crimen. Puedes hacer reflexiones relativas a los temas a los que ese crimen aluda. Si el crimen tiene que ver con el poder, tú puedes reflexionar sobre lo que el poder hace a las personas, y cómo nos mueve a tomar determinadas decisiones.
Helena habla ahora de Operación Jaque, una miniserie escrita por ella y nominada para un Emmy. Una coproducción España/Colombia/EE.UU.
HELENA MEDINA. Había una candidata a la presidencia de Colombia llamada Ingrid Betancourt. Era una niña un poquito malcriada, de clase muy alta. Y por un empeño suyo, fue secuestrada. Tenía un acto electoral en un pueblo, el ejército le dijo que no fuese, su jefa de prensa Clara Rojas le dijo que no fuese, que había allí muchos guerrilleros de las FARC, que el viaje sería peligroso… Y ella insistió. Y la secuestraron las FARC. Estuvo seis años secuestrada en la selva de Colombia. Tenía dos hijos pequeños, no los vio crecer.
El ejército de Colombia organizó una operación de inteligencia para engañar a las FARC y organizar el rescate de Betancourt. Y lo consiguieron. A mí se me encargó una adaptación de esos hechos. Y yo pensé “todo el mundo conoce el rescate en sí”. Así que decidí meterme en la selva. Ver cómo vivió el secuestro. Y luego ya contaría el rescate.
Me encontré que a nadie le caía bien esa mujer. Y yo tenía que hacer un arco de personaje: empezaba súper borde e insoportable, y poco a poco la selva la iba cambiando y haciéndola más tolerable. También trabajé la cosa de acción, pero para mí tenía menos interés creativo que el día a día de esas personas secuestradas.
Os hablo ahora de la miniserie Niños robados. Ahí lo que hice fue fundir muchas historias reales en una sola, y se me acaba el tiempo, acordaros de esto: se pueden fusionar.
Risas y aplausos.
Texto: Sergio Barrejón. Foto: Débora L. Giammarini.
Qué inteligente, Helena Medina, un modelo que comparto y que me gustaría seguir de cerca.