Inés París sube al escenario en calidad de Vicepresidenta de SGAE para hablar del curso Algo en un día de verano. Un curso que se plantea si hay algo más en la formación de los guionistas que los giros de guión, el arco de personaje… y esas cosas que salen en los manuales. Por ejemplo, ¿qué podemos aprender de los literatos, los dramaturgos o los poetas?

Algo en un día de verano es precisamente un verso de Emily Dickinson, que para mí es una poeta de referencia. Ella escribió este poema en 1855. Imaginad lo que es ser mujer y poeta en esa época. Es más difícil casi que ser guionista. Pero ella pudo asistir a la universidad. Y después de sus estudios se encerró en su casa. De ahí nace la leyenda de una Emily Dickinson aislada absolutamente del mundo. Pero ella era una observadora. Atendía a las conversaciones que se producían en su salón, observaba mucho al otro lado de la ventana, y se carteaba muchísimo con otros colegas.
Inés París lee el poema completo. Bold move en un auditorio con una temperatura media de casi 30 grados.
INÉS PARÍS. En este poema Emily Dickinson intenta atrapar el instante. Atrapar lo innombrable, lo inaprehensible. Algo que si lo intentas racionalizar, desaparece. Es muy distinto de lo que hacemos nosotros, los guionistas, a quienes se nos exige que escribamos cosas que se puedan filmar, interpretar, registrar por micrófonos.
No voy a reproducir aquí la imagen que acaba de proyectar Inés París porque es un pedazo de IA slop que produce sonrojo, y no por el calor que hace en este auditorio.
Se supone que ilustra las múltiples exigencias que se le hacen al guionista profesional.
INÉS PARÍS. ¿Qué podemos hacer los guionistas en esta situación? Este ecosistema pone en peligro nuestra capacidad creativa. Esta imposición de velocidad, esta exigencia de atender a lo que supuestamente exige el mercado, a lo que se supone que puede funcionar… está a punto de terminar con nuestra capacidad imaginativa, nuestro compromiso con la realidad.
Pasemos de 1855 a 1975. Italo Calvino, en Harvard, da una conferencia analizando qué elementos tiene la literatura que merece la pena conservar de cara al siglo XXI. Y según Calvino, eran estos:
La levedad. Una determinada relación del autor con la realidad. Calvino usaba la metáfora de Medusa y Perseo. Medusa transformaba en piedra a quien la miraba de frente. Lo peor que podría ocurrirle a un autor es quedarse petrificado en un solo discurso. Perseo derrota a Medusa elevándose en el aire con ligereza, con levedad. Le enseña un espejo, Medusa se ve a sí misma, y es entonces ella quien se queda petrificada. Y ése es el trabajo del autor: poner un espejo frente a la realidad.
Lo minúsculo. El detalle. La capacidad para describir aquello en lo que nadie se fija. Leïla Slimani en su libro El diablo está en los detalles habla de mostrar aquellos detalles de cada personaje que los hacen únicos, que los distinguen del resto de personas.
La visibilidad. Sólo de una imaginación propia nace un discurso propia. La sociedad está bombardeada por imágenes contundentes, de gran visibilidad. Pero el autor debe mantener la visibilidad de su propia imaginación. No importa tanto lo que todo el mundo ha visto como lo que tú has vivido.
La multiplicidad. La capacidad de conectar.
Los guionistas compartimos muchísimo más de lo que pensamos con otros autores. Sería estupendo que nos dirigiésemos hacia otras visiones, otras mentalidades, otras narrativas, salirnos de los esquemas habituales del guión.
El curso empieza el 4 de junio en la Real Academia con un discurso de Javier Cercas. Estarán también Soledad Puértolas, Juan Mayorga, Manuel Gutiérrez Aragón… Más info aquí: UN DÍA DE VERANO.
Texto: Sergio Barrejón. Foto: Débora L. Giammarini.