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ENCUENTRO DE GUIONISTAS DE LOGROÑO: ELVIRA LINDO EN DIÁLOGO CON BEA POEY

10:40am. Aplausos en la sala cuando Bea Poey recuerda que Elvira Lindo acaba de recibir la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Elvira Lindo.

BEA POEY. ¿Cómo haces para que cuando te lea no escuche a una autora, sino que escuche a los personajes?

ELVIRA LINDO. No creo que sea algo voluntario. Es como lo de ser cómico para los demás. Yo era la cuarta de cuatro hermanos. Y siempre provocaba su risa. Yo pensaba que se estaban riendo de mí. Y pasó bastante tiempo hasta que me di cuenta de que podía aprovecharme de esa risa, rentabilizarla.

Creo que tiene que ver con tener oído. El “oído intelectual” se puede fingir. Se puede cultivar. Pero el oído para el habla de la calle es una especie de regusto por el habla del pueblo… se tiene o no se tiene. Yo tengo mucho oído para eso. Aunque no consigo recoger las palabras que se ponen de moda. Esa jerguilla que se usa en la radio y la televisión que pasa de moda muy rápido. Le tengo manía a eso.

A mí me atrae la forma en la que habla la gente que no está contaminada con las ganas de parecer algo. Personas con las que me cruzo. Eso que se llama “personas anónimas” (que es absurdo, porque ellas en su entorno por supuesto que no son anónimas).

Creo que tengo algo de mi padre, de esa cosa expansiva que él tenía, de hablar con todo el mundo, en un bar, en un mostrador, de hablar con desconocidos, esas relaciones superficiales de todos los días… Que parece que todo lo que tienes que tener en la vida son amigos íntimos. Pues yo no sé qué es eso. Yo creo que es la gente con la que te cruzas a diario es la que te hace la vida más agradable. Y eso es lo que a mí me atrae para escribir mis personajes.

BEA POEY. ¿Es importante que un guionista aprenda a observar y escuchar antes que a escribir?

ELVIRA LINDO. Totalmente. Los actores españoles que interpretaban los guiones de Azcona tenían vidas parecidas a los personajes que interpretaban. Las estrellas de ahora, cuando tienen que hacer un personaje así popular, tienen que estudiarlo. Tienen que buscarlos para observarlos. No me imagino a López Vázquez, a Agustín González, a Rafaela Aparicio… teniendo que buscar a una persona humilde para observarla. Ellos pertenecían a ese entorno.

Yo tampoco me preocupo de estar todo el lado rodeada de amigos escritores.

Sobre el teatro.

ELVIRA LINDO. Me hubiera gustado tener más éxito. Es un sufrimiento la preocupación de si entrará gente, si se llenarán las butacas. Yo cuando veo un teatro lleno siento mucha alegría. Es como que ha sido una venganza. Hay tantas cosas que nos quitan la atención ahora… Y de repente algo que es de siempre y para siempre, como el teatro, sigue vivo.

BEA POEY. Hay mucha gente que no sabe que has sido guionista de televisión.

ELVIRA LINDO. Sí. Yo empecé con los peores. Con los directivos de los ’90. Yo trabajaba en un sitio muy progre: Radio 3. Mi máxima aspiración había sido llegar allí. Pero luego llegó un cambio de Gobierno y nos echaron a todos. En aquella época que te echaran no era un gran drama, pero entonces había más posibilidad de que te contrataran en otro sitio. Pero a mí me llamaron de Telecinco. Y claro, viniendo de un sitio tan progre… Fue muy curioso. Pasé dos años allí que estaba tan alucinada que pensaba “tengo que escribir sobre esto”. Pero nunca he sabido cómo hincarle el diente. Era más parecido a un circo. Estábamos en barracones, de hecho. Pero en ese circo, en los primeros momentos, se gastaba muchísimo dinero. Había un gran despliegue en aquella burbuja de los años ’90. Yo tenía un sueldazo alucinante. Me acuerto a mi padre diciéndole a un amigo suyo “¡¿Tú sabes lo que gana Elvira?!”.

Yo estaba en todos esos programas de entretenimiento de Telecinco. He escrito para muñecos. He escrito para cómicos. Pero yo no entendía lo que escribía. Lazarov decía “esto lo tenéis que llevar más hacia acá… o hacia allá”. Y yo volvía a la redacción pensando ¿qué quiere decir? En fin, trataba de hacer chistes con aquel material humano, cobrar a fin de mes y ya está.

BEA POEY. En aquella época, una mujer haciendo humor… estabas sola.

ELVIRA LINDO. Sí. Bueno, yo firmaba con pseudónimo. No quería que me reconocieran. Me eché un novio escritor que me preguntaba por mi trabajo y yo le daba evasivas. Cuando se quedaba a dormir en mi casa, él rebuscaba por los cajones para ver qué hacía yo. Yo entonces fumaba. Fumaba un poco para tener un personaje. Me puse gafas también. Mi novio me decía “tú viniste a mi primera charla con gafas”. Y yo: claro, era el personaje.

Me compré un kimono de seda, y me sentaba a escribir, fumando así… como si fuera yo qué sé… Y venía un taxi a recoger mi guión. Yo bajaba en kimono, le daba el guión y me volvía a la cama. Y todo esto en un piso de Moratalaz, no te creas.

También escribí algún relato para Interviú… Yo cuento historias donde puedo. Si hay más dinero en el cine, pues bueno.

Te voy a contar la historia de un guión que hice para la tele. Ya había salido ya de Moratalaz. Mi novio cuando venía de Granada, debía de pensar “qué mal comen esta madre y este hijo (yo tenía un hijo pequeñito)”. Y en uno de sus viajes me hizo un cocido. Y yo tenía la costumbre de pedirme una pizza la primera noche que él se iba. Y su cocido se me pasó. Yo llegaba de la tele, le hacía una tortilla a un niño… en fin. Y de pronto llegó el día en que él volvía a visitarme. Y entonces dije “¡La cacerola!”. Y estaba ahí el cocido pasado. Y dije, lo tiro por el váter para que no lo vea. Y me fui a la tele a trabajar y al salir de casa me dice el portero “señora, deje el agua cerrada, que se han roto las cañerías. Debe de ser la señora del sexto, que tira unas cosas. ¡Huesos, y no sabe de qué tamaño! Claro, era el cocido que había tirado yo. Había destrozado la cañería. Yo, claro, le dije “ay, cómo es la gente”. Y me fui a la tele… y ya puestos, pues escribí un sketch sobre la historia del cocido. Y al volver a casa esa noche, me dice el portero: “¡No se lo va usted a creer, ha salido la historia del cocido por la tele!”. (Risas)

Sobre Manolito Gafotas.

ELVIRA LINDO. Durante 15 años perdí los derechos. De hecho, recuerdo que después de la primera película, que tuvo mucho éxito, el productor me dijo, como si yo fuera su empleada: “ya te tienes que poner con la segunda”. Y yo le dije “no, hombre, no vamos a matar a la gallina de los huevos de oro, vamos a esperar un tiempo”. Claro, yo no me daba cuenta de que él tenía los derechos. Así que dijo “pues la hago sin ti, no te necesito para nada”. Y la segunda película… en fin, no voy a decir que me alegre de que no tuviera éxito, pero… (risas).


Texto: Sergio Barrejón. Foto: Débora L. Giammarini.

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