CHRIS CLAREMONT: LA HUELLA DE UN GUIONISTA

En una de las primeras clases de guión en la ECAM nos preguntaron por nuestras influencias a la hora de escribir. Prácticamente todos los nombres que surgieron eran de directores que escribían sus propios guiones. Ninguno correspondía a un guionista de trinchera, de esos que escriben mil cosas dispares y casi todas bien o razonablemente bien.

Sin embargo, un guionista también puede dejar huella, tener sello propio, llamar la atención sobre lo que hace, sobre cómo lo hace y que eso traspase más allá del resultado global de su trabajo. Hay uno, y de cómics, cuya sombra emerge de vez en cuando en la televisión americana actual.

En la última temporada de “Stranger Things” los hermanos Duffer han sembrado mil referencias fácilmente apreciables. “Carrie”, “Pesadilla en Elm Street”, “El silencio de los corderos”… Una de ellas evoca a cierto guionista de cómics de los años ochenta.

¿Recordáis el nombre del primer episodio de la cuarta temporada? “El club del fuego infernal”. Como el grupo de villanos que se enfrentaban a los “X Men”. Estos personajes fueron creados por Chris Claremont.

No es la única referencia al trabajo de este escritor en la serie. Aquel capítulo insólito de la segunda temporada en el que Once se escapaba de Hawkins, viajaba a Pittsburgh y acababa en un grupo de adolescentes con poderes era todo un homenaje a la etapa en que Chris Claremont escribía las historias del grupo de mutantes de Marvel.

Pero también hay muchas otras series donde podemos encontrar referencias al trabajo y a la manera de hacer de Claremont. En la segunda temporada de “Resident Alien” las chicas protagonistas de la serie deciden irse a pasar una noche de juerga. Es un recurso habitual de este guionista en “X Men”, donde en más de una ocasión utilizó esta premisa.

Joss Whedon en “Buffy” reconoció que remedó todo lo que pudo el estilo Claremont en las interrelaciones de sus personajes y su manera de enfocar los personajes femeninos, algo por lo que Claremont siempre destacó.

Las mujeres en sus historias ya eran fuertes y poderosas incluso en aquellos tiempos. Mientras Superman salvaba de nuevo a Lois Lane de la enésima amenaza y “la chica invisible” de los 4 Fantásticos pasaba a ser “la mujer invisible”, Claremont colocaba de líder de los “X Men” a Tormenta, quien recientemente había perdido sus habilidades climáticas.

Cíclope, el eterno capitán del grupo, regresaba a luchar por el liderazgo, temía que una mujer sin poderes no lo soportara y se enfrentaba a ella en un duelo para demostrarle que no era apta. Perdía terriblemente humillado por la derrota.

El Test de Bechdel se desarrolló para poder valorar la brecha de género en la ficción. Los números de la etapa de Claremont han dado valores muy por encima de todo lo que Marvel publicaba en aquel momento (mediados de los setenta).

Del trabajo de Claremont se han destacado muchas cosas, no sólo su manera de abordar los personajes femeninos: el tratamiento de la acción, los (extensos) textos de apoyo y diálogos, pero sobre todo yo destacaría la manera de interrelacionar y tratar a sus personajes, que es lo que más ha influido en la actual televisión.

Vivimos un momento en el que la tendencia es que los personajes estén por encima de la premisa. De nada sirve un gran concepto si no hay un personaje multidimensional detrás. Su trasfondo, sus temores, su personalidad es lo primordial. Se le da más importancia a cómo les afecta lo que les pasa que al suceso en sí. Justo lo que Claremont ya desarrollaba en aquellos años.

En sus historias les ocurrían mil avatares a sus personajes. Había acción, aventura, pero tanto o más que eso, lo que interesaba era saber de qué manera les afectaba a cada integrante y a su entorno. Eso les conducía por senderos inesperados y desarrollos insólitos y, sin embargo, consecuentes con el rumbo del personaje hasta entonces.

Tanto los villanos como los héroes se llenaron de enormes niveles de profundidad. Podías entender por qué los malos hacían lo que hacían, caso del malvado Magneto, a quien dotó de una infancia en un campo de concentración nazi que ayudaba a comprender su postura y decisiones. Tampoco los héroes eran impolutos: el mismísimo profesor Xavier llegaba a reconocer haber usado sus poderes telepáticos para enamorar a una colaboradora. Una colaboradora con la que, incluso, tuvo un hijo.

Tras su despido de la serie en los noventa, Claremont ha regresado en varias ocasiones al grupo, pero nunca ha sido igual. Quizás el desgaste o el que perdiera por demasiado tiempo la batuta de los que fueron sus personajes ha impedido que ese momento mágico del cómic se repita. Pero quedan los números de su etapa en “X Men”, “New Mutants” o “Excalibur” que se reimprimen continuamente y donde esa magia persiste.

También queda su huella, rastreable no sólo por el cómic, también por toda la televisión actual. Esa huella puede rastrearse en sitios tan interesantes como esta cuenta de Twitter donde se analiza exhaustivamente su trabajo.

En los ochenta en España era prácticamente imposible encontrar cómics de los “X Men” en los quioscos de provincias. Y si encontrabas uno, dar con el siguiente era una aventura aún mayor y más desesperada, ya que querías saber cómo continuaba la historia anterior y podías perdértela. O, peor aún, que te la contaran en un pequeño bocadillo de resumen dos o tres números después perdiendo la magia de vivir cómo concluía.

Curiosamente, como los Duffer, muchos de aquellos que leían “X Men” hoy son, somos, guionistas. No puede ser casualidad. La huella de Claremont es la huella de un guionista que ha trascendido, ha inspirado y que persiste mucho más allá de su obra.

Pedro Pablo Picazo

2 comentarios en «CHRIS CLAREMONT: LA HUELLA DE UN GUIONISTA»

  1. Tengo un guion excepcional sobre el robo del siglo hecho en Chile sobre un avión en vuelo solo por un hombre ,está en inglés y español . Quiero venderlo.

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