Pues no sé qué decirte (3)

A mí me funciona, pero…

…no sé si os funcionará a vosotros.

Como ya he comentado aquí, estoy escribiendo el guión de un largometraje de género fantástico. Sin productor, sin director, sin cobrar, simplemente por darme el gusto de contar una historia en la que llevaba pensando mucho tiempo.

Trabajando más o menos entre dos y tres horas cada día desde hace unos 40 días, he conseguido terminar una primera versión de 85 páginas. Ahora, la dejaré descansar y más o menos dentro de dos lunes comenzaré a revisarla. Suele venirme bien dejar pasar un tiempo antes de empezar con las revisiones. Necesito distancia para poder juzgar mi trabajo. Además, durante unos días tengo que ponerme con los retoques finales de un guión pagado y con la sinopsis de un proyecto de cómic que quiero empezar a mover en un par de meses.

Ahora mismo ya sé que hay cosas que no funcionan bien en mi primera versión y que voy a tener que reescribir. Además, estoy seguro de que cuando vuelva a leerlo, descubriré muchas más (algunas serán de esas que al ser releídas te hacen pensar “¿Dónde tendría yo la cabeza cuando se me ocurrió escribir esta escena así?”). Es probable que tener una versión enseñable (y ni mucho menos definitiva) me lleve muchísimo más tiempo que escribir el primer borrador.

Escribir para uno mismo no tiene nada que ver con hacerlo para un productor o un director. Cuando firmas un contrato para entregar un guión, lógicamente te ves obligado a hacer partícipes a aquellos que te pagan de las decisiones que tomas, a explicarles el porqué de cada modificación que quieres hacer en la historia, y, sobre todo, a convertirles en cómplices de todas ellas sino quieres encontrarte a los pocos meses con que cada uno tenéis una película distinta en la cabeza y que esa almorrana que te ha salido por pasar demasiado tiempo delante del ordenador la estás sufriendo para nada. Eso obliga a escribir escaletas muy detalladas y tratamientos de 40 páginas. Y no me quejo. Entiendo que es lo normal, y si yo fuera productor o director querría que el guionista al que estoy pagando hiciera lo mismo. Encima, llevo un tiempo teniendo bastante suerte con mis empleadores y desde hace ya unos cuantos años cada vez que recibo notas estas suelen ayudarme a hacer mejor mi trabajo.

Aún así, de vez en cuando es un gustazo poder escribir algo totalmente a tu aire. ¡Aunque sea gratis!

Si es un gustazo es porque me divierto mucho haciéndolo. Y para divertirme escribiendo la primera versión de un guión necesito sobre todo dos cosas: saber hacia donde voy y no saber muy bien del todo como voy a llegar.

La parte que me resulta más divertida de escribir un guión suele ser inventar la historia, y cuando redactas escaletas o tratamientos muy detallados, puede resultarte un coñazo escribir luego la primera versión. En cierta manera te conviertes en dialoguista de tu propio material. Obviamente, aunque escribas un tratamiento de 40 páginas, luego siempre cambiar muchas cosas. Pero de todas maneras puede ser algo tedioso. A veces esa parte del trabajo tiene más de fontanería que de otra cosa.

En cuanto al saber hacia donde vas, sé que hay guionistas que son capaces de escribir una primera versión de un guión bastante decente sin tener claro nada más que lo que ocurre en el primer acto, pero yo no soy uno de ellos. De hecho, me parece una manera más propia de hacer las cosas de un novelista que de un guionista, como explicaba Neil Cross en esta entrevista que traduje hace unos meses en mi blog.

Sin tener claros los puntos de giro fundamentales, y sobre todo, el final (aunque luego lo acabe cambiando todo) soy incapaz de arrancar.

Detalle de mesa caótica de guionista

Pensando en mi colaboración en Bloguionistas, mientras escribía la primera versión de mi guión, fui tomando notas para recordar lo que estaba haciendo y, sobre todo, porqué lo estaba haciendo. Y eso es lo que quiero compartir esta semana con vosotros. Como he sugerido en el título, son estrategias que no sé si le servirán a todo el mundo, pero que a mí me resultan útiles para levantarme con ganas de escribir cada día y, sobre todo, para no dejar de tenerlas o incluso de abandonar por muchas dificultades que me encuentre por el camino:

-Escribo la escaleta en un par de folios. Tengo lo que llamo 60 “puntos”. Luego, una vez desglosados, muchos de ellos pueden transformarse en dos o tres escenas. Y tengo claro los tres puntos de giro más importantes. También quién es el protagonista, quién es su objetivo y quien le impide lograrlo. Más o menos creo que manejo una película de entre 85 y 90 minutos. Me vale para empezar.

-Tener claro los tres puntos de giro más importantes quiere decir que sé lo que tiene que pasar. Sin embargo en algunos casos no tengo ni idea de cómo va a pasar. No importa. Ya lo pensaré cuando llegue el momento. A lo mejor incluso se me ocurre antes.

Me marco como objetivo escribir diez páginas al día. Con un poco de suerte podré dedicarle tres horas al guión cada mañana. Me parece un objetivo razonable.

Luego, no he podido cumplir ese objetivo. Es lo que tiene ser padre… pero bueno, aún así he logrado escribir la primera versión en un tiempo aceptable.

-Paso la escaleta que escribí en Word a un documento de Final Draft y empiezo a escribir la primera escena. Cuando escribo así, no suelo saltarme escenas y ponerme de pronto con por ejemplo el clímax de la película antes de escribir el primer acto. No lo hago porque seguro que al escribir el primer y el segundo acto se me ocurren cosas con las que no cuento ahora que afectarán al tercero y me obligarían a tener que reescribirlo completamente.

-Dialogo “proyectándome” en la escena como lo haría un actor. De pronto, los personajes adquieren forma, son reales, están ahí. Muchas veces cuando escribo una escena no tengo muy claro cuál es su desarrollo. Da igual. La escribo de todas maneras. Casi nunca sé qué van a decir exactamente los personajes hasta que empiezan a decirlo. La mayor parte de las veces el resultado es un primer borrador que me resulta útil y del que sobreviven muchas frases en la versión definitiva. Saber hacia donde voy me sirve de guía y evita que pierda el rumbo.

-Que sorpresa. De pronto me he dado cuenta de que hace falta un nuevo personaje secundario. En la escaleta no lo vi. Pero es necesario que el protagonista hable de vez en cuando con alguien que conozca su historia. Aparece una antigua amiga. Poco a poco, su historia se va transformando en la subtrama de más peso del guión.

-Un personaje tiene que llegar de A a C y no sé cómo es B. Un ejemplo: en este guión el protagonista descubre una prueba de la supuesta infidelidad de su pareja. Y no sé cuál es esa prueba. No importa. Escribo lo primero que me viene a la cabeza. Ya lo cambiaré cuando se me ocurra una idea mejor. Ahora lo fundamental es avanzar.

-Hay algunas resoluciones que se me ocurrieron en la escaleta que ahora no me gustan nada. Sobre todo hay un par de escenas con policías de por medio que me resultan horribles. Da igual. Empiezo a escribirlas y acaban transformándose en otra cosa que me parece más interesante. En una de ellas ni siquiera aparece ya la policía. Entre la nada y el cliché, es mejor el cliché. Eso sí, conviene darse cuenta de que es un cliché y tener siempre presente que necesitas una idea mejor que permita que deje de serlo.

-El lugar de trabajo de uno de los protagonistas juega un papel importante en la trama. Y no me gusta el que he elegido. Sobre todo creo que puede resultar muy aburrido visualmente. Bueno, que de momento trabaje ahí. Ya lo cambiaré.

-No reviso lo que he escrito el día anterior salvo si en la página 50 de pronto se me ha ocurrido algo que me obliga a cambiar una escena de la 30.

-Aunque no tengo ganas de escribir y me siento poco inspirado, escribo. Siempre pasa lo mismo, al rato la historia me atrapa y me llegan las ganas.

-Una vez termino de escribir el primer borrador, hago una lectura rápida únicamente de los diálogos.  Hay frases que ahora me suenan muy mal pero hay otras bastante aprovechables. Creo que se trata más de limar, y, sobre todo, de acortar, que de reescribir totalmente. Debe ser que tengo el día optimista.

-Pese a todo hay problemas que no hay más remedio que solucionar cuanto antes. Para lograrlo, a veces me resulta útil hacer otra cosa que, paradójicamente, requiera que esté bastante concentrado. Como por Ej. cocinar. Habrá quien no necesitará concentrarse para cocinar, pero como yo solo lo hago desde hace cuatro días como quien dice, o estoy a lo que estoy o me sale todo regulero.

-Antes de dar por cerrado el primer borrador, me doy un paseo pensando en él. En cierta manera estoy imaginando la película. Es algo extraño. Es como si estuviera recordando un largo que hubiera visto de verdad. Y ahora el final no acaba de convencerme. Creo que no funciona. Es un poco plano. No es algo racional, que pueda justificar lógicamente. Pero de pronto se me ocurre cómo mejorarlo, me vuelvo a casa corriendo y lo reescribo completamente. Ahora sí. O por lo menos eso me parece ahora. Ya veremos cuando lo lea otra vez dentro de una semana.

-Leo el guión por última vez y me acuesto. A la mañana siguiente me levanto con un par de ideas que corro a apuntar al ordenador no sea que las olvide.

Como veis, en realidad todas mis notas podrían resumirse en que para que fluya la creatividad hay que dejarse arrastrar por la historia y no obsesionarse por los detalles (por lo menos no de momento); y también tener muy claro que lo más importante es seguir adelante y terminar una primera versión sin la que, sea mala, buena o regular, es imposible continuar escribiendo. Ya habrá tiempo de reescribir y de hacer todas las revisiones que hagan falta.

Claro que todo esto vale para divertirse escribiendo, no para garantizar que escribas un buen guión. Ya veremos si cuando relea mi primer borrador no acabo descubriendo que todas estas semanas de trabajo no han servido para nada.

Y sin querer, me ha acabado saliendo otra entrada didáctica.

En fin…

14 Responses to Pues no sé qué decirte (3)

  1. Juanjo dice:

    Jum, genial post, de los didácticos, pero de los mejores didácticos que ha habido por aquí, mas de estos!! que los novatos lo agradecemos

  2. Kohonera dice:

    ¡Impagable post! Muchísimas gracias, David. ¿Dónde dices que das clases?

  3. Arenillas dice:

    Cuando mejor me lo paso escribiendo es cuando no sé exactamente cómo va a terminar la historia. Me levanto cada día con ganas de continuar y ver qué les pasa a los protagonistas, como si fuera el primer espectador.

    Esto, claro, no lo puedes hacer si es un encargo, porque la responsabilidad es demasiado grande como para equivocarte de dirección y tener que recular.

    • David Muñoz dice:

      Pues sí. Por eso creo que es bueno escribir de vez en cuando algo que no sea un encargo. Te recuerda porqué decidiste dedicarte a esto y sobre todo, te permite disfrutar escribiendo. Y que conste que también suelo pasármelo bien con los encargos. Pero los procesos de desarrollo, vayan bien o mal, por su propia naturaleza, acaban restándote impulso. Aunque sea solo porque a veces puedes pasarte un mes y medio esperando a que lleguen notas sobre la versión que has entregado, cuando lo que te hubiera apetecido es empezar a reescribirla al día siguiente de enviarla. Luego, cuando llegan las notas, te cuesta mucho volver a meterte en la historia.

  4. Kohonera dice:

    David, supongo que, además de identificar claramente al protagonista, su objetivo y los obstáculos a superar, también tienes clara su motivación antes de comenzar a escribir. ¿Es así, o vas descubriendo esa motivación por el camino?

  5. guionistaenchamberi dice:

    Gran post, David, como siempre.
    Yo también he estado escribiendo para mí este verano. Me siento muy identificado. Eso sí, yo antes de ponerme a reescribir o a hacer modificaciones suelo dejar el guión unos cuantos días, para no agobiarme demasiado.

  6. Carlos López dice:

    Un post muy generoso, de verdad. ¿Divertirse escribiendo? Yo lo paso fatal mientras escribo, aunque siempre quiero hacerlo y me alegro de haberlo hecho.

    Perdóname si me atrevo a desnudar yo también algunas intimidades, siempre me parece curioso que compartamos nuestros hábitos.

    – Me siento a escribir con ganas, pero enseguida se me pasan. No me gusta lo que llevo escrito, no lo veo claro, siento que no domino la historia, que no encuentro lo que busco o, simplemente, me da pereza. Momento peligroso: está internet, hay llamadas que hacer, cosas que subir del super… Para mí también es peligroso quedarme mirando el techo esperando la idea genial que nunca llega. O me quedo dormido o se me va el santo al cielo. Solución, la que tú dices: escribir. Lo que sea, pero escribir. Suelo revisar lo del día anterior, yo sí, para calentar. Y seguir adelante aunque no sepa muy bien hacia dónde.

    -Voy describiendo las ideas cuando escribo (menos mal que en el paso anterior me obligué). A veces pienso que necesito el teclado para pensar. Si me atasco en una secuencia, abro un documento aparte y la intento de otra manera, o escribo directamente qué quiero de ella o por qué creo que no funciona. En cada guión escribo una cantidad abundante de papelería colateral. Y así, gracias a que intento no parar, voy entrando en ebullición.

    -Cuando llega el final de la jornada, se me agolpa la tarea pendiente, las cosas salen con fluidez. Leí un consejo a Billy Wilder que practico desde hace años: no intentes exprimir todo antes de dejar de escribir. Es mejor dejar tarea para el día siguiente, en forma de esquema, de notas, de guía a seguir. Así será menos duro comenzar la jornada.

    -Apago el ordenador. Pero la cabeza no se desconecta, así que es entonces cuando empiezan a venir las soluciones a los problemas que me encontré durante la jornada. A veces, nada más apagar. Otras, cuando voy en el metro, o paseo, o cocino o leo (tarea casi imposible en plena escritura de guión). O al intentar dormir, sobre todo. A menudo es como tú dices, una especia de proyección privada de tu guión, en el que ves la película como debería ser, o ves lo que no funciona. Hay que apuntarlo corriendo. Antes llevaba los bolsillos llenos de notas en papelotes, en facturas, en bonometros. Ahora siempre llevo una libreta.

    Y así, todos los días. Ah, una cosa más: yo también empecé a cocinar en serio cuando fui padre. Y fíjate, mis hijos han crecido y me ha quedado una pequeña sabiduría como cocinero. Un abrazo.

    • David Muñoz dice:

      Es curioso, pero cuando escribo por encargo si me pasa un poco como a ti, lo paso fatal haciéndolo pero luego me alegro de haberlo hecho. Y también me dejo tareas pendientes para el día siguiente para estar motivado, por Ej. En mi caso creo que lo que me pasa es que me agobia un poco la presión de tener gente esperando lo que escribo, gente que además normalmente me ha pagado un dinero razonable por hacerlo. Escribo siempre con un poquito de miedo de defraudar sus expectativas. Es como estar en una oposición permanente. Luego, el resultado no creo que sea muy distinto cuando escribo para mí que cuando escribo para otros, pero desde luego yo lo vivo de una manera muy diferente. Y a veces esa presión incluso es buena. Depende del proyecto.

    • Carlos López dice:

      Sí, a veces esta profesión es como estar permanentemente de exámenes.

  7. Claudia dice:

    Justo hoy me tuve que convencer, al volver de clase, de que el primer borrador es sólo el primer borrador, que el tipo que de repente se le aparece a la prota y le da la pista necesaria para desvelar el misterio es un deux es machina como una catedral, pero no pasa nada porque ya lo arreglaré. De que ahora que ya he acabado el guión, reescribirlo va a ser mejor.

    Un gran post que leo en un genial momento para leerlo, muchas gracias, David.

  8. Roberto dice:

    Muy buen post. Una pregunta, ¿en qué momento te surge el “tema” de la historia?, ¿lo tienes claro antes de escribir o te surge tras una primera versión? A mí me suele pasar más lo segundo. Con tema me refiero al trasfondo de la historia, la idea que unificaría el guión.

    • David Muñoz dice:

      Pues depende. En el caso del guión que estoy escribiendo ahora tenía claro de qué iba hace tiempo, pero porque aunque aún no me había puesto a escribirla, llevaba pensando en la historia muchos meses. Aún así, ha sido al escribirla cuando he descubierto qué es exactamente lo que quería contar al escribirla. Pero en muchas ocasiones me pasa como a ti. ¡Incluso recuerdo una vez que abandoné un proyecto cuando me di cuenta de que sin darme cuenta estaba sosteniendo un punto de vista que me repateaba!

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