UN GUIONISTA ENCLAUSTRADO

20 julio, 2020

El pasado 14 de octubre puse el pie por segunda vez en el antiguo convento del Corpus Christi, donde se sitúa la Fundación Antonio Gala, toda una institución cultural de la que no sabía nada, salvo que su edificio es del s.XVII y que está en Córdoba.

Ya en la entrevista personal me lo habían dicho: “nunca hemos tenido un guionista y menos un proyecto de serie”. Era la primera vez para ellos y mi primera beca de residencia artística.

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Como guionista, y con el tiempo, he adquirido bastantes cualidades no sólo la escritura, la empatía, el escuchar o el saber buscar información, sino moverme, viajar, desenvolverme, conocer gente de la industria, pedir favores, emocionarme con lo que estoy haciendo ahora o publicitarme, porque si algo tiene de especial el oficio del guionista es ser a su vez documentalista, artesano, corrector, publicista, diseñador gráfico, relaciones públicas y otras tantas cosas que se alejan de la escritura. Así que no fue de extrañar que mi entrada en la Fundación fuera recogida por más de quince medios digitales, varios periódicos impresos y televisiones comarcales y regionales, desde el Sindicato de Guionistas ALMA a las provincias de Alicante, Murcia, Almería y Córdoba.

Mi cometido era terminar de desarrollar, en ocho meses y yo solito, mi primer proyecto de serie, “Renacida”: una biblia con su dossier de venta maquetado, el episodio piloto y ciertas cosas transmedia con las que quería experimentar. Con una completa libertad creativa y aconsejado por mi querida tutora María Zaragoza, que se había enamorado de mi proyecto, me dispuse a empezar mi residencia siendo uno de los 14 miembros de la decimoctava promoción de la Fundación.

Mi sorpresa fue trabajar en un sitio de semejantes características, con un claustro central con fuente y naranjo centenario incluidos, una habitación propia con baño privado, jardines, biblioteca y un salón maravilloso. Ya podía estar cómodo con las instalaciones y con mi proyecto porque debíamos llevar prácticamente una vida monacal, o así lo concibió don Antonio Gala, unos horarios más que restringidos, sin viajes, ni visitas personales no autorizadas, exclusividad creativa y laboral, eso sí nos librábamos de limpiar, hacer colada, cocinar y pagar las facturas. Todo un oasis para la creación. La quietud en estado puro. No worries.

Pero no era oro todo lo que relucía. Me encontré con una biblioteca desactualizada sin bibliotecario que no tenía ningún manual de guión ni dramaturgia; menos mal que uno lleva su McKee y a Linda Seger en la maleta. Los “escritores” no teníamos despacho donde trabajar, ni ningún presupuesto propio para material, libros y posibilidades varias, aunque sí nos compraron tres libros per capita. Las salidas fuera de horario público y fuera de Córdoba no estaban permitidas y en un sitio sin tradición de guionismo, no se podía entender o valorar, a lo mejor, que quisieras aprovechar tu estancia para ir al Festival de Cine Europeo de Sevilla o al Festival de Cine de Málaga. Recibíamos constantes visitas de escritores, artistas, humanistas varios que se dedican a todo, pero no puramente de guionistas.

Aún así, son y han sido tantas las cosas buenas que aporta esta beca que superan con creces esos peccata minuta que uno sortea y subsana. La Fundación te da una visibilidad enorme, publicidad, espacio, te hace sentir especial y profesional. Una mayor seguridad en ti mismo y una gran cartera de contactos a los que constantemente pitcheas tu proyecto: editores, artistas plásticos, representantes, productores, actores, políticos, mecenas, etc. El sello de la Fundación implica calidad y buen hacer, gracias a él he conseguido abrir puertas difíciles como registros, museos, archivos históricos, bibliotecas privadas o ayuntamientos, a los que seguramente no podría haber tenido acceso por mi cuenta.

La Fundación también te regalaba días tróspidos, en el buen sentido, y noches completamente estrambóticas; desde cenar con Victoria Vera o pitchear mi serie a Manuel Galiana en pijama en el sofá del convento de mi casa a las dos de la madrugada, a salir de fiesta por mi cumpleaños con Antonio Rojano, dramaturgo al que admiro desde hace mucho, desayunar legañoso junto al Niño de Elche mientras criticamos mi ciudad natal o acabar, sin esperarlo, en un concierto de La Prohibida. Es la magia de lo inesperado.

Pero, si hay algo que destacar, eso son las Fecundaciones Cruzadas. En palabras de don Antonio, la esencia y el fin de la Fundación. De esta forma, el escritor sube a hombros del músico para aprender, el músico del escultor, el escultor del pintor y así sucesivamente. Se trata de hacer familia con tus compañeros, de conocer otras artes y disciplinas e intoxicarte de ellas, saborearlas, con el veneno tan adictivo y romántico que pueden tener. De esta cohesión y aprendizaje surgió, por ejemplo, “La Novicia”, una revista de creación y artes multidisciplinar e interpromocional que desarrollamos algunos de los residentes, el culmen máximo de la fecundación cruzada.

El enriquecimiento entre guionista y Fundación es recíproco. Nosotros les aportamos una nueva rama contemporánea de arte completamente desconocida para ellos, un universo de cultura audiovisual que va más allá de los típicos clásicos en blanco y negro o de los clichés del cine español, un nuevo género que es un nicho de mercado en alza, unos nuevos códigos, conceptos y términos, así como unas nuevas metodologías de trabajo: mapas de tramas, pitching, tagline, logline, tipos de sinopsis, biblia, target, punto de giro, ironía dramática, MacGuffin, tratamiento o escaleta. Porque, si algo somos los guionistas, es trabajadores o, al menos, constantes.

Así que aliento siempre a todos los guionistas jóvenes a que prueben, a que se tiren a la piscina, a que llamen a todos los timbres -incluso en los que no pone “admitidos guionistas”-, nunca se sabe si tu proyecto va a hacer Super Like con alguien y allanas camino a los demás. Yo fui el primer guionista de la Fundación porque, entre otras cosas, en las bases no ponía que se pudiera presentar mi formato, y eso que Antonio Gala trabajó como guionista para TVE y cine. Ya se sabe: “el que no arriesga, no gana”.

 

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© Fundación Antonio Gala

Al final de la beca entendí el lema de la Fundación: “ponme como una señalita en tu corazón” (pone me ut signaculum super cor tuum). Y lloré mucho, muchísimo. Antonio Gala, un dandi de las letras españolas, nos ha hecho altruistamente el mejor y mayor regalo: TIEMPO. Nos ha regalado tiempo, cultura, una familia, no preocuparnos por manutención, techo, comida o factores exógenos. Nos ha dado un microcosmos de tranquilidad, de libertad pese a tener un contrato llevo de normas y protocolos y pese a vivir una pandemia mundial. El que no vive esta experiencia no puede entender, ni de lejos, el veneno de emociones que allí se viven, ni el luto por el que uno pasa una vez se consume ese veneno que ya siempre llevaremos dentro.

Por Borja Moreno Martínez