Irene Iborra viene a hablar del proceso de “Olivia y el terremoto invisible”, largo de animación stop motion para todos los públicos. Y arranca su ponencia dejando sobre la mesa muñequitos que representan los personajes de la película.

Olivia es una niña que, tras un desahucio y un breakdown nervioso de la madre, tiene que ocuparse de la familia y decide contarle a su hermano que todo lo que les ocurre no es real, es parte de una película.
Proyecta un teaser de 1 minuto.
Proyecta una lista de los premios recibidos por la película.
Proyecta una imagen de la portada del libro en el que se basa la peli: La película de la vida, de Maite Carranza y del equipo de las tres guionistas de la peli.
IRENE IBORRA. Maite fue profesora de guión mía hace muchos años. Me leo todo lo que escribe, y un día leí este libro, que trata un tema muy duro sobre la realidad social pero a la altura de los niños. Le propuse adaptarlo. Le pareció una marcianada hacerlo en stop motion, pero la convencí. El resultado es la primera película española en stop motion dirigida por una mujer.
El proceso desde que empezamos a escribir el guión hasta el estreno en pantalla grande duró siete años. El stop motion es cine artesanal. Fabricamos todo: actores, decorados, todo. Y esto lleva tiempo. Es una coproducción entre cinco países, con un equipo de 300 personas, más de 100.000 frames para 70 minutos de metraje, y un presupuesto de 4,5 millones de euros, que para una peli como ésta, a nivel europeo, es un presupuesto muy bajo. Y bueno, el precio de guión fueron 50.000€.
Empezamos con una ayuda al desarrollo, y yo con el sombrero de productora ejecutiva puesto, empecé a buscar financiación. Entró una ayuda a producción, hicimos el teaser para presentarnos a mercados de coproducción, etc.
El proceso general es como una película de ficción, sólo que los actores son un poco más pequeñitos. Y la mayor diferencia es que los diálogos se graban antes de la película. Porque los animadores trabajan sobre esos diálogos para generar expresión con los cuerpos y los rostros. Cada animador hace 4 segundos de animación al día. Repetir una toma es casi inviable.
Otra gran diferencia: en ficción tú grabas un movimiento real que se está produciendo en el set, que lo hacen los actores… En stop motion tienes que crear ese movimiento.
Hace un resumen de las ventajas narrativas de usar animación a nivel de usar metáforas, de representar simbólicamente situaciones complejas, recrear situaciones que tuvieron lugar en sitios inaccesibles…
IRENE IBORRA. ¿Por qué elegí stop motion para Olivia? Pensé que haciéndolo con actores, esta historia sería un dramón. A los espectadores infantiles, la animación les permite no ahogarse en la intensidad emocional de lo que está ocurriendo. La animación te da una distancia de seguridad con la historia. Y stop motion en particular por la calidez que aportan detalles como por ejemplo que el pelo de los personajes sea de lana…
¿Se escribe de forma diferente la animación? Pues sí y no. Si nos fijamos en la historia, todo lo que es el viaje de conciencia de los personajes, sus arcos, las situaciones que les suceden… todo eso se construye como una película de ficción de imagen real.
Es cuando bajamos a la trama, al cómo vemos todo esto, cuando la animación se separa de la ficción real. La historia presenta una “cruda realidad”. La trama muestra un desahucio y una depresión. La historia habla de que Olivia se inventa una película. En la trama, esto se ve a través de un teléfono móvil. La historia habla de que los personajes usan la “fantasía como escudo” y sufren “ansiedad”. La trama pone en pantalla cosas como un terremoto que rompe el suelo y genera un abismo por el que Olivia se cae; una ballena que emerge del suelo… y otras cosas imposibles.
La escritura de Olivia presentó una serie de retos:
Dentro del proceso de adaptación:
- Podíamos tener una ballena que vuela. Pero no podíamos escribir escenas de multitudes. Demasiados muñecos. No podemos tener agua o fluidos grandes fluyendo. Y las localizaciones, pocas. Que hay que construirlas.
- Podar la trama del libro, que tenía más de 200 páginas.
Dentro del proceso de producción:
- Según se van incorporando productoras de países diferentes, con culturas diferentes, con restricciones diferentes relacionadas con lo que se puede o se puede mostrar en las televisiones de sus países. Conciliar eso y conciliar las visiones dispares de la película que tiene cada productor… es un infierno. Las versiones de guión están muy separadas en el tiempo, porque toda esa gente tiene que leer y opinar sobre cada versión. Podían pasar seis meses entre versión y versión.
- Como el equipo necesita el guión cerrado para empezar a diseñar, las últimas reescrituras te dejan muy poco margen. Acabé haciendo reescrituras ya sobre la animática.
La película se puede ver en Filmin y Movistar+.
Texto: Sergio Barrejón. Foto: Débora L. Giammarini.
