¿Puede una cámara contar un chiste?
El exitoso director Carlos Therón se presentó el pasado 6 de febrero en Los martes de Dama con una propuesta clásica que se volvió innovadora: ¿cómo hacer comedía en el cine?
Y digo que se volvió innovadora porque su respuesta no entraba en los clásicos trucos de guionista para encontrar humor. Fue un paso más lejos. Intentó explicar qué aspectos puramente cinematográficos potencian el humor, hacen gracia al espectador.
La comedia es mucho más que diálogos graciosos
Los que conocen su cine saben que Therón no es precisamente un director de planos medios con dos actores soltando sus diálogos sin parar. En palabras del propio director, la fuerza de la comedia está en el montaje, en las transiciones, en el sonido, en el encuadre, en la elipsis… es decir, en los mismos elementos que se utilizan en cualquier género.
La comedia no se puede abandonar solo a los diálogos brillantes o los gags escatológicos. El director tiene que apoyar el guión con sus propias aportaciones visuales
Pero como el propio Therón reconoció, un guión de comedia “es de lo más jodido de escribir”. Porque tienes que equilibrar siempre dos grandes pesos: que sea narrativamente funcional y que sea gracioso. Si la historia de la película no avanza, se cae. Sin embargo, si el guión fluye muy bien pero no es gracioso, también se cae.
Es en esa estabilización donde reside el trabajo del director de comedia, más propio de un funambulista que de un artista.
Aunque también dejó claro que los actores juegan un papel fundamental en este equilibrio. Muchos intérpretes nacen con “instinto cómico” y son capaces de agregar más humor al humor.
Por eso no le gusta mucho ensayar con los cómicos, para no quemarlos y que puedan desarrollar su comicidad delante de la cámara.
El humor es una planta que florece en cualquier terreno
Por otro lado, el director de Es por tu bien o Lo dejo cuando quiera está convencido de que el humor no solo tiene cabida en el género cómico.
Para eso mostró una cuidada selección de ejemplos del uso de recursos humorísticos en películas que no llamaríamos precisamente comedias. Como un gag casi escatológico dentro del terror de Expediente Warren. O como el mítico “leave the gun, take the canoli” de El padrino.
Y es que el humor forma parte de la vida. Por eso es imposible separarlo de muchas situaciones.
Ser gracioso no significa ser banal
Además, los buenos chistes son capaces de enmascarar el mensaje de la película. Así, escenas míticas, como el final de El verdugo, consiguen, gracias al humor, comunicar un valor más profundo que el que posee la mera situación dramática.
La teoría de Therón al respecto es que “el humor es peligroso. Porque hace que pierdas el miedo y desaparece el control. La comedia es una buena forma de salirse de la norma para hablar de cosas complicadas. El guionista de comedia vuela por debajo del radar.”
Escribiendo comedia no tendrás prestigio y a lo mejor hasta te odian
No obstante, para Therón hay una gran barrera con la comedia y es… el prestigio. Ya sabéis: las comedias no ganan premios. Además, si una película no consigue que te rías, desata el odio en el espectador. Ha fallado en su objetivo y las reacciones son furibundas.
Eso no pasa con el drama. La gente no se enfada porque una película no le haya emocionado o hecho reflexionar. Esto se debe, en opinión de Therón, a la sensación de que las películas tienen que ser ligeras. No se tiene que ver lo que hay detrás. Y cuando funciona, nadie lo ve desde el punto de vista cómico.
Para ello, trajo como ejemplo la que para muchos es la mejor transición de la historia. Lawrence de Arabia soplando una cerilla y apareciendo en el desierto del Sahara ante un sol al amanecer. En sí es un gag, pero nadie lo reconoce como tal.
Para cerrar la charla, el propio director analizó su propio trabajo y dejó claro que una cámara también sabe contar un chiste, solo se necesita saber qué hacer con ella.
Si tuviera que quedarme con un momento de esta interesantísima charla, sería el cuarto de hora que Therón dedicó a desgranar la brillantez de esta aparentemente sencilla (pero genialmente orquestada) escena de Esta casa es una ruina.
Los martes de DAMA es un ciclo permanente de charlas, entrevistas, cursos… Siempre con la autoría audiovisual como eje central. Impartidos por grandes profesionales del guión, la dirección y la traducción, pero también otros departamentos de la producción audiovisual, son un espacio para que las socias y los socios puedan seguir aprendiendo y un lugar para reencontrarse y ponerse al día con los compañeros.
La actividad, consolidada gracias a los profesionales que han participado en ella y al público fiel que acude cada martes, acaba de cumplir diez años y se transforma para seguir creciendo. El ciclo está coordinado por Alba Lucío y muy pronto aparecerá la convocatoria de marzo, así que permanece atento porque las entradas vuelan.
