PRIMA FACIE: ALGO TIENE QUE CAMBIAR

Se ha dicho muchas veces que un sistema legal diseñado por hombres muchas veces no sirve para juzgar delitos de agresión sexual, porque entre otras cosas, el sistema presupone que las víctimas deberán haberse defendido de la agresión en una forma que no es connatural a las mujeres.

La actriz Vicky Luengo en una imagen promocional de la obra teatral Prima Facie escrita por Suzie Miller

El sistema es garantista. Para condenar exige demostrar el delito. Y eso es bueno. Pero la agresión sexual se produce con muchísima en un ámbito privado. Con muchísima frecuencia produce en la víctima una vergüenza que le lleva, instintivamente, a borrar muchas de las huellas que un forense necesitará para dictaminar que se ha producido la agresión.

Cualquier persona en su sano juicio quiere que el acusado sea inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Pero la forma en que se exige a las víctimas de agresión sexual que demuestren la culpabilidad del acusado les supone una revictimización. Frecuentemente el acusado alega que la víctima obró de forma provocativa. Se cuestiona el estilo de vida y el historial sexual de la víctima. Se ponen bajo la luz pública aspectos que todos preferiríamos mantener en privado.

Todo esto lo entiende cualquiera. Prima facie, de Suzie Miller, consigue hacérnoslo sentir. El texto da voz a una víctima que nos relata en primera persona su vivencia. Desde la agresión y su inmediata reacción, pasando por todo el proceso de denuncia, juicio, cuestionamiento y finalizando (atención Spoilers) en una inevitable derrota legal.

Y no es una víctima cualquiera: la protagonista es abogada en una firma importante. Y en muchos de los casos que le encargan, ella interviene como defensora de un acusado por agresión sexual. Gran parte de su día a día consiste en interrogar a víctimas de agresión con la finalidad de encontrar lagunas en su declaración. Incoherencias. Contradicciones.

Dudas razonables… que impidan una condena. La protagonista es una mujer que conoce (y usa en favor de los agresores) las deficiencias del sistema legal. Por una cruel ironía del destino, esta mujer es violada por un compañero del despacho con el que poco antes ha tenido sexo consentido. Desde el minuto inmediatamente posterior a la agresión, ella es dolorosamente consciente de lo difícil que va a ser convencer a un juez o a un jurado de que lo que acaba de ocurrir ha sido una violación.

También es dolorosamente consciente de que si denuncia, el abogado defensor la cuestionará, la humillará y la hará dudar de su propio recuerdo… tal como ella ha hecho tantas veces en el juzgado.

Suzie Miller despliega durante algo más de hora y media un surtido abanico de recursos literarios para hacernos olvidar que esto es un monólogo sin cambio de escenario. Con la ayuda de un acertado diseño de luces que nos ayuda a imaginar tiempos y espacios diferentes; y sobre todo con la brillante interpretación de Vicky Luengo, casi podemos ver y oír a los otros personajes, casi podemos estar en ese despacho de abogados, en ese apartamento, en esa sala de juicios.

La función no está exenta de algunos manierismos característicos del formato monólogo, y la propuesta musical llega a interferir en algún momento aislado con la comprensión del texto. Pero son dos contratiempos mínimos a los que el portentoso trabajo de Vicky Luengo se sobrepone sin problemas.

La transformación del personaje, el sutil cambio postural y vocal que Luengo hace a lo largo de la función es terriblemente efectivo. La actriz logra que el espectador llegue a un nivel de empatía tal que, en el momento cumbre del tercer acto, lo que sobre el papel es un simple discurso, casi un manifiesto político, se perciba como un clímax con la intensidad dramática de un duelo a espada.

La Sala Verde de los Teatros del Canal quedó traspasada por la emoción que transmitía la intérprete. Tras el oscuro final, Vicky Luego arrancó al público que llenaba la sala una ensordecedora salva de aplausos que se transformó en una ovación de pie.

Bueno, era un estreno, dirán los escépticos. Es un poco efectista, por momentos lacrimógena, dirán los cínicos.

Puede que Prima facie no sea para todo el mundo. El espectador que piense, por ejemplo, que  Jennifer Hermoso “le ha arruinado la vida” a Luis Rubiales; el que ante un caso continuado de malos tratos en el hogar se pregunta “¿y por qué no se va?”; o el que llama “ley suelta-violadores” a la ley del “sólo sí es sí”… Ese espectador no va a disfrutar de Prima facie.

El espectador preocupado por el hecho de que, como sociedad, todavía no hayamos encontrado la forma de garantizar la justicia a las víctimas de agresión sexual; el que se indigna con la revictimización que se produce en comisarías y juzgados; el que odia ver cómo se banaliza y se cuestiona la violación en nuestra sociedad (incluyendo a los sectores más jóvenes), aplaudirá de pie y la recomendará hasta quedarse afónico.

Un estreno potentísimo, con un texto certero e intenso sostenido por un trabajo interpretativo verdaderamente memorable.


Sergio Barrejón


PRIMA FACIE

Texto: Suzie Miller
Reparto: Vicky Luengo
Dirección: Juan Carlos Fisher
Traducción y adaptación: Juan Carlos Fisher y Rómulo Assereto
Música y espacio sonoro: Luis Miguel Cobo
Iluminación: Ion Aníbal López
Escenografía y vestuario: Lua Quiroga Paul

Hasta el 17 de septiembre en los Teatros del Canal (Madrid).


 

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