WANDAVISION: UNA LECCIÓN PARA GUIONISTAS

En 1978, el estreno de “Superman” demuestra dos cosas: 1. El público es capaz de creerse a un hombre volando. 2. Las historias de superhéroes pueden llenar las salas de cine.

Hasta entonces, el género no gozaba del menor prestigio. Era considerado infantil y hasta moralmente peligroso. Es por eso que los cómics pasaban una férrea censura desde los cincuenta: el “Comic Code Authority“.

Hollywood se abrió a adaptar superhéroes. Aunque llevaban publicándose casi cincuenta años, parecía que los guionistas cinematográficos sólo podían contar tres tipos de historias:

  • La del origen. La más abierta y que más posibilidades ofrecía.
  • La de la renuncia de sus poderes y aceptación de su Humanidad.
  • La de superar el lado oscuro de su poder.

No es casualidad que estos tres argumentos coincidan con los de la trilogía original de “Superman”. Sam Raimi los siguió en su “Spiderman” y “Wonder Woman” parece estar haciéndolo también en su única secuela de momento.

Por su parte la saga de “Batman”, hasta Nolan, se estancó en el primer tipo. En cada filme se centró en contar las historias de origen de los villanos.

Durante los noventa parecía que el género no daba para más. Los productores pedían a los guionistas repetir esta formula o provocaban alocadas historias de desarrollo como la que vivió Kevin Smith con la cancelada “Superman Lives”.

Esta tendencia tenía una explicación. Los superhéroes eran los herederos del pulp, novelas breves con protagonistas como “Doc Savage”, “The Shadow” o “El Zorro”. Con periodicidad regular combatían el crimen en historias casi clónicas.

Cambiaban los villanos, los escenarios y la forma de derrotarlos, pero poco más. Las primeras series de televisión reproducían esta fórmula, de ahí la tendencia a pensar que la tele, o los superhéroes, no ofrecieran suficiente trasfondo para el cine.

Lo que estos productores parecían desconocer es que el pulp es un género de géneros, donde puedes mezclar a héroes urbanos con alienígenas o la ciencia ficción hard con la mitología nórdica. Una puerta abierta a contar cualquier tipo de historia dejando volar la imaginación con la complicidad del lector.

Los superhéroes heredaron esta característica y por eso no nos extraña ver a Spiderman enfrentándose a Thanos. Tampoco al Capitán América viajando por el tiempo, o a Hulk en una nave espacial. El medio permite contar cualquier historia desde la fantasía y la imaginación. Algo que ya sabía Stan Lee en los setenta, cuando trató temas como la drogadicción en Spiderman o el racismo en los X Men.

En el Universo Cinematográfico de Marvel son conscientes de que no hay límites y en “Wandavision” se lanzan a por una historia dramática y trágica de aceptación de la pérdida. El género da alas para tratar algo tan íntimo e interior desde una perspectiva más visual, mágica y atractiva para el gran público.

Y esto es lo que nos interesa a los guionistas: poder contar lo que nos motive, por profundo o doloroso que sea, y llegar a audiencias mayores de las que serían las habituales para estos temas.

Wandavision no es una serie perfecta en mi opinión, estructuralmente descompensada y complaciente con su premisa -el juego con las series clásicas cansa-, pero abre nuevas vías y prepara al público para un horizonte casi infinito de posibilidades argumentales.

Ojalá por aquí cadenas y plataformas sigan esta tendencia y se le dé luz verde a más proyectos de este tipo. Aún queda bastante para que sea así, pero estamos más cerca que nunca de poder verlos en nuestras pantallas. Toca ir escribiéndolos, por si acaso.


Pedro Pablo Picazo

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