YAIZA BERROCAL: NUNCA ME PLANTEO SI LO QUE ESCRIBO ES DRAMA O COMEDIA

Yaiza Berrocal ganó el Premio Calderón de la Barca 2020 para autores noveles con “La cadena del frío”, una inteligente crítica a la mercadotecnia y a las políticas de consumo que han marcado a su generación. Antes, se había formado en el máster en guión de cine y televisión de la Universidad Carlos III de Madrid. Y con sólo 24 años, había obtenido una de las prestigiosas residencias artísticas de la Fundación Antonio Gala.

En Bloguionistas hemos tenido ocasión de leer “La cadena del frío” y hablar de ella con su autora.

La dramaturga Yaiza Berrocal

“Nos hemos convertido en producto, nos reinventamos continuamente para resultarle apetecibles al mercado”

La cadena del frío te golpea en el estómago con dureza, pero siempre a través de la comedia. ¿Este tratamiento cómico estaba ya al principio de la escritura o fue surgiendo con el tiempo?

Yaiza Berrocal: Nunca me planteo si lo que estoy escribiendo es una comedia o un drama. Esa diferenciación no me ayuda a la hora de escribir. Comedia y drama son términos que para mí van siempre entrelazados. La comedia sirve para reírnos del drama, y el drama para mirar de frente todo aquello de lo que necesitamos sacar punta. Son dos maneras de conocimiento y experiencia que se enriquecen al ir juntas, al menos desde mi experiencia.

¿Cómo surge la idea de escribir La cadena del frío?

Las ideas para escribir en mi caso son muy parecidas a las obsesiones. Son temas recurrentes, imágenes a las que siempre vuelvo porque de alguna manera no logro resolver o me resultan siniestras, inquietantes…

En el caso de La cadena del frío, la anécdota tiene un sustrato real: el recuerdo de cuando recibía una correspondencia intensísima de marcas de comida, de ropa, de dibujos de la televisión… a menudo esas cartas suponían espacios de socialización, una réplica a escala infantil de la participación en la esfera pública solo que mediada por los productos de consumo.

Con el tiempo, el hecho de que hayamos creado un mundo en el que una patata frita puede interactuar con un niño, un mundo en el que marcas e individuos se relacionan en el plano de la realidad como si todo ello no fuera una fantasía turbocapitalista…, todo eso me volvió a la mente ya en forma de obra.

En esta obra hablas de personas cuyos sueños y obsesiones han sido modelados por las empresas y la política de consumo, hasta el punto de que las relaciones que tienen con sus seres queridos están gravemente deterioradas. ¿Qué aspectos de tu propia vida han servido como punto de partida para hablar de esto?

Absolutamente todo lo que me rodea está sumido en esa realidad que describes, no me ha hecho falta fijarme en un elemento íntimo. Si hay un punto de partida, es la mayoría absoluta del neoliberalismo cuando en el 96 Aznar gana las elecciones con promesas de una nueva sociedad emprendedora a imagen y semejanza de las fantasías thatcherianas.

Aunque uno se puede remontar más atrás, hasta las condiciones previas de mi existencia: el pacto de olvido de la Transición que liquida cualquier proyecto político de izquierdas en aras del consenso. La ficción de la constitución-que-nos-dimos-entre-todos es el origen de muchas de las neurosis españolas: militantes sin partido cuya única salida es gritar a la televisión, madres que iban a liberarse del yugo de la familia y al final no, las nuevas generaciones que hacemos como que nada de eso va con nosotros porque huele a fracaso, mientras nos lanzamos a la piscina del consumo como estilo de vida.

Nosotros mismos nos hemos convertido en producto: ahora somos fuerza de trabajo que tiene que reinventarse continuamente para resultarle apetecible al mercado, o somos cuerpos y almas intercambiables dentro del catálogo infinito de las relaciones personales.

¿Cómo ha sido el proceso de escritura? Es decir, ¿qué surgió antes, el dispositivo, los personajes, la estructura…? ¿Y qué vino después?

La idea nació como un soliloquio, un Cinco horas con Mario de confrontación entre Lola y McCain. Estoy muy vinculada al mundo de la arqueología y me interesa mucho cómo esta disciplina es capaz de contar la historia de las sociedades a través de los restos materiales que quedan de ellas. Esa era la aproximación que tomé para el proyecto. Una vez colocadas esas bases, lo demás fue surgiendo de forma muy orgánica: los personajes necesarios y su manera de hablar, la estructura que pedía, hasta convertirse en el texto final.

Al leer La cadena del frío me han llegado reminiscencias del teatro de Rodrigo García o de Crónicas ibéricas de la Compañía Club Caníbal. ¿Te identificas con estas referencias? ¿Qué autoras o autores has tenido presentes al escribir la pieza?

Aprecio mucho los trabajos que citas aunque no los tuve en cuenta en el momento de la escritura. Una referencia que sí tuve muy presente fue la película Estados unidos del amor, de Tomasz Wasilewski, una absoluta maravilla que traslada los efectos del advenimiento del capitalismo en Polonia a los cuerpos de las personas que lo vivieron.

En el ámbito del teatro, algo de lo que hacen Agrupación Señor Serrano y Las Huecas siguiendo la historia de los objetos fetiche del consumo también me interesaba. Y en cuanto a las relaciones entre los personajes en el ambiente de la precariedad, me fijé en La fiesta de Spiro Scimone y Los temporales de Lucía Carballal. Sobre todo he tomado referencias de mis novelistas de cabecera: George Saunders, Kurt Vonnegut, Chris Bachelder.

¿Qué consecuencias ha supuesto ganar el Calderón en cuanto a oportunidades laborales o de desarrollo de nuevos proyectos?

Los premios siempre son un altavoz muy valioso para un texto, y dan la oportunidad de que llegue al público, que es lo más importante.

Cuéntanos en qué proyectos personales relacionados con la escritura estás trabajando actualmente.

Ahora mismo estoy acabando de corregir mi novela Curling, que saldrá este trimestre en la editorial Hurtado y Ortega. Es una fábula psicodélica sobre el trabajo precario ambientada en un teatro de ópera, en la que he estado trabajando los últimos años y que me hace una ilusión tremenda que vea la luz.

Según establecen las bases del Premio Calderón de la Barca, “La cadena del frío” será próximamente estrenada en el Centro Dramático Nacional.


Entrevista de Miguel Álvarez Guerrero.

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