LOS ASQUEROSOS: EL HOMBRE EN PROCESO DE DESNECESIDAD

¿Qué nos hace realmente asquerosos?: ¿nuestras hipocresías y pequeñas contradicciones, nuestra obsesión por tener mucho más de lo que necesitamos o nuestra ambición por ser alguien notable en una sociedad enferma?

Jordi Galceran y Jaume Buixó nos incitan a hacernos estas preguntas a través de su nueva obra de teatro, Los asquerosos, basada en la novela homónima de Santiago Lorenzo. El texto en su formato original es una narración en primera persona en la que el tío de Manuel nos cuenta la historia vivida por su sobrino, quien tuvo que huir a un pueblo abandonado tras herir de gravedad a un policía antidisturbios. En este paisaje rural, Manuel aprenderá a vivir solo con aquello que le brinda la naturaleza.

Adaptar novelas al cine, a la televisión o al teatro siempre comprende cierta dificultad, pero Los asquerosos supone todo un reto debido a su prosa poética y mordaz, a los pensamientos internos de los personajes y al hecho de que el protagonista se pasa gran parte de la historia solo en un pueblo abandonado, hablando únicamente con su tío por teléfono.  Sin embargo, en lugar de ver estos elementos como obstáculos, Jordi Galceran y Jaume Buixó los transforman en los rasgos más característicos de la obra.

De esta forma, el lenguaje tan literario de la novela se convierte en un recurso cómico en la obra teatral, los pensamientos y percepciones ocurrentes se transmiten a través de monólogos y diálogos, y sobre el escenario el decorado permite a los espectadores asomarse al mismo tiempo a la casa del tío de Manuel o a Zarzahuriel, el pueblo ficticio donde Manuel se refugia.

El guion, con la ayuda de algunos recursos teatrales, logra darle cuerpo e incluso alma a personajes y objetos que no aparecen físicamente en el escenario, pero que están muy presentes en los diálogos de los personajes. Esto también es mérito de los dos únicos actores de la obra: Secun de la Rosa, que interpreta a Manuel, y Miguel Rellán, en el papel del tío. Los dos, con sus sólidas actuaciones, crean un mundo a su alrededor – ya sea uno desolado o uno muy poblado.

El personaje del tío parece estar arrancado directamente de las páginas de la novela, pero en caso de Manuel, la obra de teatro le da un cariz más infantil, más de Peter Pan, que acentúa la comedia. Posiblemente esto se deba al tono o a la interpretación de Secun de la Rosa, ya que la obra es muy fiel a la novela y cada una de sus frases y acciones ya están presentes en las páginas del libro.

Vivir en el pueblo abandonado de Zarzahuriel le da la oportunidad a Manuel a fundirse cada vez más con la naturaleza, a librarse de su dependencia a las tecnologías, al consumismo, a sus ambiciones propias y anhelos. Ese carpe diem, esa falta de expectativas de futuro, en lugar de hundirlo, lo alza. Y esa situación de aislamiento le permite también reflexionar más detenidamente sobre las taras de la personalidad humana, esas pequeñas cosas que nos hacen realmente asquerosos. Antes quería unirse a ellos, ser popular y tener amigos. Ahora la simple idea de ser un asqueroso más le repele.

Su tío, que cubre el papel de narrador para nosotros, se mantiene como el personaje en el que el espectador se ve identificado: ese ser cabal, pero aún tan dependiente de la sociedad y sus exigencias. Como nosotros mismos. En el trascurso de la obra, Manuel se vuelve más ermitaño y se aleja más del comportamiento que consideraríamos “normal”. Esa supuesta locura es esencial para la comedia de la obra, la cual funciona perfectamente, como las carcajadas en el Teatro Español confirmaban. Su comportamiento nos resulta loco, en ocasiones ridículo. Aun así, siempre hay una lógica en todos sus actos.

La obra fluye con facilidad entre los elementos más cómicos y dramáticos de la historia, apuntalando con cada una de sus escenas esa reflexión sobre la sociedad y lo realmente necesario en la vida. A medida que Manuel se va estableciendo en el pueblo de Zarzahuriel y se va despojando poco a poco de todas las presiones de la sociedad y hasta de algunas cosas que nos parecen necesarias, como el jabón o la compañía humana, más nos adentramos en su mundo de desnecesidad (sus palabras textuales) y más le comprendemos.

A pesar de todo, pocos rechazaríamos nuestros privilegios y comodidades para vivir esa libertad sin límites que Manuel se vio empujado a abrazar.

La obra de teatro Los asquerosos se representa hasta el 24 de Enero en la sala principal del Teatro Español.

Por Carolina Daza León.

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