ANE: INCOMUNICACIÓN Y LEGADO

Premio Irizar al Cine Vasco y Mejor Guion Vasco en la pasada edición del Festival de San Sebastián, Ane promete ser una de las películas fundamentales del 2020. Sus guionistas, Marina Parés y David Pérez Sañudo, también director, nos cuentan cómo afrontaron el proceso de escritura.

Cartel promocional de la película.

Sin destripar nada, ¿de qué se habla en Ane?

Marina: Ane pretende reflexionar sobre cómo un contexto social y político determinado afecta a la vida cotidiana de los individuos. Este contexto es la construcción de las obras del tren de alta velocidad en Vitoria, en 2009.

Lide, nuestra protagonista, que es vigilante en las controvertidas obras del tren, descubre un día que su hija adolescente no ha ido a dormir a casa tras unas protestas violentas en contra del tren. A partir de aquí, se habla de cómo una mujer, que vigila a la perfección su entorno de trabajo, es incapaz de conocer lo que hay en el interior no sólo de su casa, sino de sí misma. Ane habla de la comunicación e incomunicación en un barrio, de conocimiento y de desconocimiento entre una madre y una hija pero también de una mujer de treinta y cuatro años hacia sí misma.

David: Además, tiene mucho que ver con la idea de autoridad, como concepto, con la potestad que se le atribuye a los padres para con los hijos, obligados a ser garantes de lo que hacen y lo que no, y a los que les presuponemos conocedores en profundidad de estos. Cuando esa regla se incumple algo pasa a estar fuera de lo normativo, y entonces el rol materno o paterno se desestabiliza.

Si no me equivoco, existe un cortometraje previo también titulado Ane y que condensa la esencia de la película. ¿Se concibió como una carta de presentación del largo? ¿Cómo fue el paso de un formato a otro?

Marina: Ane desde el principio fue un largometraje. Pero nos dimos cuenta de que, siendo la primera película del equipo (David como director, los dos como guionistas, Katixa como productora ejecutiva, etc) y viniendo además David de una serie de cortometrajes de género, seguramente nos viniera bien una carta de presentación en la que se diera a ver lo que queríamos contar. Además, el corto nos sirvió como una especie de laboratorio, donde probar con qué elementos nos sentíamos cómodos, cuáles nos interesaban realmente…

Eso sí, el corto se rodó en 2018 y el guion del largometraje siguió avanzando y cambiando hasta 2019, por lo que el corto se ha convertido en un momento congelado del proceso de creación del largometraje. Coinciden en que ambos son la historia de una madre y de una hija condicionada por el momento político del País Vasco en 2009. A partir de ahí…

David: Podríamos decir que el cortometraje ha servido como herramienta estratégica para ayudarnos a conseguir financiación.

Cartel del cortometraje.

En vuestro guion, el contexto político y social es fundamental para armar el conflicto. ¿Os interesó contar una realidad sobre Euskadi o eso vino después? Es decir, ¿qué fue primero, la trama o el tema?

Marina: Ha sido como un ping-pong. Desde el principio el contexto estaba claro y era un elemento central, sí que era en el País Vasco a finales de los 2000. Pero, en las versiones iniciales, tenía mucha más presencia y la política entraba de lleno en la trama. Sin embargo, conforme íbamos avanzando en las versiones, nos fuimos dando cuenta de que estábamos contando una historia de una madre y su hija y no una película sobre grandes gestos políticos. Esto nos obligó a redefinir el contexto, bajándolo a una problemática mucho más cotidiana y fue entonces cuando llegamos al Tren de Alta Velocidad, que nos valía como símil de esta relación.

David: A nivel simbólico, una obra de ingeniería como un tren o una carretera resulta muy jugoso. Están ideadas para comunicar dos puntos, pero de forma simultánea separan (o incomunican) dos márgenes. Se traza una línea divisoria. La pregunta es: ¿dónde cae el trazado y por qué? ¿Sobre qué “piel” se marca esa línea? Paradójicamente, algo diseñado para comunicar genera incomunicación.

Por lo tanto, ese interés por lo social, por el TAV, se convierte única y exclusivamente en un complemento para la reflexión sobre la comunicación que abarca toda la película y que nos sitúa a lomos del personaje principal, de Lide, ante ella misma y ante su hija.

Es una película muy local, con una idiosincrasia muy concreta. Y, sin embargo, cualquiera, sea de donde sea, entiende y empatiza con su protagonista. ¿En algún momento os dio miedo perder al público generalista?

Marina: Seguramente sea por pura inconsciencia, pero al ser yo andaluza, siempre he pensado que si a mí me interesaba el tema, le podía interesar a cualquiera de fuera de Euskadi. Fíjate, igual el miedo venía más en algunos momentos con que no se empatizara con la protagonista por lo desagradable que puede llegar a ser…

Creo que, por otro lado, el TAV plantea toda una serie de problemas que son universales: qué supone el progreso, si abordar distancias entre ciudades en un tiempo menor en un momento en el que buscamos la inmediatez o, si por el contrario, el progreso consiste en rechazar esa rapidez a cambio de no crear un fuerte impacto medioambiental. También, qué supone dividir a una ciudad en dos por vías de un tren, etc…

David: Es una película llevada al límite en muchos aspectos y eso incluye al personaje principal. Hemos trabajado en los límites entre géneros, en las líneas divisorias entre estéticas y plásticas diferenciadas (lo que ocurre dentro y fuera del hogar así está determinado), en la película se cruza la propia frontera entre España y Francia (algo cuestionado por gran parte de la sociedad vasca, al fracturar esta el País Vasco en dos), el personaje de Ane tiene diecisiete años (una edad realmente fronteriza…).

Ese límite también es aplicable al personaje de Lide, que está a medio camino entre la parquedad y lo verborreico, que es agresiva pero puede derrumbarse, que lo que dice y lo que hace no siempre coinciden. Cuando más implacablemente se comporta, te sorprende con una reacción de extrema sensibilidad. De alguna manera es martillo y es pincel. Creo que el espectador puede pensar que es absolutamente insoportable pero entonces, descubrirá en Lide algún gesto de ternura, y es por eso por lo que la identificación y la empatía con el personaje creemos que nunca se esfuma.

(ATENCIÓN SPOILER)

El guion está marcado por la aparición repentina de Ane, un acontecimiento que divide la historia en dos mitades. ¿En qué grado afectó esto a la construcción del punto de vista?

Marina: Fue una de las grandes dudas. Hasta qué punto la película iba de Lide y hasta qué punto de Ane. Poco a poco, fuimos construyendo el juego de espejos en el que hablar de Ane es hablar de Lide y viceversa y nos dimos cuenta de que lo justo era dividir el punto de vista cuando Lide fuera consciente de que viendo a Ane, se ve a sí misma.

David: Obviamente es una decisión arriesgada. Como cualquier película en dos tiempos es necesario reactivar el interés una vez concluida la primera mitad. Pero, como dice Marina, la película funciona como dos pliegues de una misma unidad dramática.

(FIN SPOILER)

También es una película de personajes secundarios. Todos aportan su particular mirada. Imagino que, con una protagonista tan presente, este fue uno de los principales retos.

Marina: Por la premisa y por la personalidad, Lide lo absorbía todo, así que hubo que luchar para que otros personajes tuvieran su espacio e intentar que fueran complementarios a ella, que aportaran a su mundo sin sobrecargarlo pero sin pasar desapercibidos. Es el caso de Fernando, cuyo arco está planteado como el opuesto al de Lide, formando los dos una especie de cruz, de X: empiezan con opiniones muy encontradas de Ane y de la paternidad/maternidad, convergen en la mitad de la película para después llegar a conclusiones opuestas.

También creo que que los secundarios estén tan vivos se debe al gran trabajo que hay por parte de los actores. Ensayamos mucho, con casi todos ellos, intentando afinar y los personajes entre todos, guion, dirección y actores.

David: En ese sentido ha sido una película muy viva y hay que destacar el trabajo de Marina más allá del cierre de guion, que comprendió muy pronto que un guionista tenía mucho que aportar en los ensayos y que el texto mutaba.

El guion, insisto, siguió construyéndose durante esos ensayos y Marina estaba presente en el desarrollo psicológico y emocional de cada personaje. Patricia López Arnaiz nos hablaba de la forma de trabajar de Rafael Cobos en La peste, que, al parecer, tiene una gran presencia en dicho proceso, y Marina quiso participar en esa fase de forma muy activa.

Patricia López Arnaiz interpreta a Lide en Ane.

He visto que el guion ha pasado por varios programas de mentoring y tutorías de gran prestigio, como La incubadora de The Screen. ¿Cuál fue el trabajo concreto en estas sesiones?

Marina: Desde las primeras versiones, Joanes Urkixo nos hizo un análisis del guion, señalándonos problemas que tenía la estructura, de coherencia… Después, Mar Coll nos echó un cable leyendo un par de versiones de guion y, finalmente, Borja Cobeaga también estuvo ayudándonos con la escritura en La Incubadora. Sin duda, de no haber tenido el aporte de los tres, el guion sería completamente diferente, más pobre.

En el caso de La Incubadora, llegamos con una versión bastante trabajada ya, así que el trabajo fue de afinar y pulir. Borja se iba leyendo las versiones que íbamos haciendo, una por mes durante cinco meses, y nos iba señalando todo lo que no le funcionaba, nos hacía cuestionarnos –a veces para afirmarnos y otras para cambiar de planteamiento- tramas que siempre habíamos dado por sentadas… Hablábamos mucho con él, en general, sobre quiénes eran los personajes y cuál era la relación real que había entre ellos, más allá de detalles en secuencias concretas, que también.

Además, cuando tuvimos un montaje más o menos sólido de la película, vino a verlo junto a Iván Aledo y a darnos feedback. Y a hacer que se cayera la secuencia más cara de la peli. Gracias, Borja.

David: Eso no se lo perdono… En el fondo tenía razón y por eso le hicimos caso.

Marina y David atienden a los medios en el Festival de San Sebastián.

Se suele decir que en las duplas creativas hay roles distintos. ¿fue así en la escritura de Ane? ¿Cómo os repartisteis el trabajo?

Marina: En un principio, yo me centro más en la psicología de los personajes, en entender quiénes son y en diseñar la estructura en base a sus emociones, a su arco, así como de las secuencias más intimistas, digamos. David es el que concreta todas esas ideas en escenas u objetos y el que le añade humor y ritmo a todo, es el que hace que pasen cosas.

Con todo, los dos hablamos mucho antes, durante y después de escribir, los dos dialogamos las secuencias, nos pasamos lo que llevamos escrito y la estructura el uno al otro y lo reescribimos y volvemos a reescribir hasta que es casi imposible distinguir qué es de quién.

David: Nada que añadir. Bueno, sí. Con Marina llega un momento en el que los personajes se hacen vivos. Sufre por ellos. Hay que andarse con cuidado de qué le propones.

Hay quien escribe con mil referencias en mente y quien prefiere no ver ni leer nada sobre el tema para no contaminarse. ¿Cuál fue vuestro caso?

Marina: Cuando empezamos, sí que buscamos varias referencias, y nos salían películas tan dispares como L’attentat, 3 díes amb la família o Bloody Sunday. Cuando el guion estaba casi en su versión final, leímos Pastoral Americana y, algo tarde, pero fue muy reveladora. Aunque como ha sido un proceso tan largo, conforme el guion iba cogiendo forma, nos íbamos olvidando de las referencias para buscar lo propio.

David, además de guionista y director, también eres productor. ¿Cómo se conjugan estos tres papeles en una producción independiente? En esta línea, ¿cómo fue el logro de embarcar a TVE superando a muchas productoras mayores?

David: Soy uno de los productores, pero por suerte, ese mérito ni es mío en exclusiva ni recae en mí de forma mayoritaria (ahí están Elena, Agustín, Katixa, David y Marina). La conexión entre el guion y la dirección es mucho más natural para mí, a veces cuesta entender una sin la otra o, por lo menos en proyectos como Ane, agradezco mucho los tres años de inmersión en la escritura antes de lanzarme a rodar.

Respecto a la participación de TVE, no es ningún misterio que es complicado de lograr. Supongo que cuando presentamos el proyecto, el guion estaba muy maduro y que, además, el nivel de financiación previo, la selección en La Incubadora y la presencia de ETB en el proyecto ayudaron mucho. Es un cúmulo de factores y, seguramente, mucha suerte.

Ane se estrenó en cines el pasado viernes 16 de octubre.


Entrevista de Sergio Granda.

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