LO QUE NECESITAS SABER PARA DEDICARTE AL HUMOR

21 julio, 2020

El sindicato ALMA ofreció a principios de año un curso de guión de comedia con algunos de los profesionales más veteranos del sector. Como si se tratara de una película de atracos, ahora nosotros hemos reunido a varios de los ponentes para hablar sobre humor. El equipo lo componen Alberto Caballero (La que se avecina), Ferrando Erre (Vaya Semanita), Irene Valera (El Intermedio), Javier Durán (Late Motiv), Marcos Mas (Los hombres de Paco), Marta González de Vega (Padre no hay más que uno) y Olatz Arroyo (Aída).

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Alberto Caballero, Fernando Erre, Irene Valera, Javier Durán, Marcos Mas, Marta González y Olatz Arroyo, .

¿Se aprende más con un fracaso o teniendo éxito?

Fernando Erre: Eso de aprender del fracaso suena muy a coach (risas). Está muy de moda decir que de los fracasos se aprende, pero yo creo que de las dos cosas se sacan enseñanzas. Cuando algo sale mal intentas buscar el porqué y, cuando algo funciona, también te preguntas por qué ha funcionado. Teniendo en cuenta que el aprendizaje deriva de ambas circunstancias, te diré que prefiero con mucho aprender del éxito. (risas)

Irene Varela: Con las dos cosas. Una de las principales características de los guionistas de programas es que recolectamos fracasos y éxitos a diario. Para mí es una de las cosas más estimulantes de mi trabajo, por un lado, es una puesta a prueba constante pero también es la posibilidad de tener resultados inmediatos, de comprobar in situ lo que funciona y lo que no. Muy a menudo nos encontramos con que piezas o chistes que pensábamos que iban a funcionar no lo hacen y al revés, y esto hace que en esta profesión se relativicen mucho tanto los éxitos como los fracasos.

Alberto Caballero: La mejor frase al respecto se la leí hace poco a Carlos Areces: “lo único que he aprendido del fracaso es que prefiero el éxito”. Nosotros por ahora (que ocurrirá) no hemos vivido un fracaso, pero sí tuvimos dificultades a la hora de hacer funcionar LQSA al principio. Y sí, nos dimos cuenta de cosas por el camino. Pero da igual que sea un éxito o un fracaso, mientras te dejen hacer, aprendes.

Marta González: Se aprenden cosas distintas y complementarias. Y muchas veces lo que aprendes en los fracasos contribuyen a tus posteriores éxitos. Solo con el tiempo todo encaja como un puzle, así que hay que recibir cada pieza que vas recibiendo como un regalo.

Olatz Arroyo: Se aprende con todo. Lo importante es tener la oportunidad de escribir y probar tu material con el público. Analizar por qué a veces funciona y otras no… y pensar que no siempre es por culpa del guion. Para que una comedia funcione tienen que estar sintonizados todos los equipos.

Marcos Mas: Se aprenden cosas distintas. Con el fracaso aprendes a tener éxito. Nadie tiene éxito a la primera, hay que fracasar muchas veces para tener éxito. Con el éxito aprendes otras cosas: a conducir yates, Ferraris, dónde comprar droga, cosas así. Ya os aviso si me pasa.

Javier Durán: Creo que fundamentalmente se aprende trabajando. No estoy nada a favor de esa idea romántica de que se aprenden más de los fracasos que de los éxitos. Del éxito se aprende muchísimo, es muy gratificante conseguir triunfar, que guste algo que has hecho, y se sigue aprendiendo mucho de cómo mantener ese éxito en el tiempo, que es aún más difícil.

De todas formas, el éxito y el fracaso me parecen conceptos muy subjetivos. He estado en proyectos que se han considerado fracasos y a mí personal y profesionalmente me han parecido un éxito, y al contrario. Son tantas las razones para que un proyecto fracase o triunfa que no dependen de si tu trabajo es bueno…

Además, la putada de los fracasos es que todo se enrarece y se crea un clima de “sálvese quien pueda” bastante jodido para los trabajadores de los programas. Yo normalmente de los trabajos me quedo con los compañeros y con el curro bien hecho; si además tiene éxito, perfecto, más tiempo para disfrutarlo, si no, pues nos veremos en lo siguiente.

Habitualmente el humor negro tiene más prestigio que el blanco, cuando suele ser más complicado hacer reír sin ser ofensivo. ¿Qué tipo de humor o formato consideras más exigente a la hora de escribir?

Marcos Mas: El humor blanco es con mucho el humor el más difícil de crear. El humor negro es más fácil porque tiene una víctima clara, mientras que el blanco intenta hacer reír a un público de amplio espectro incluyendo a cuanta más gente, mejor. Me parece el más difícil y generoso a la vez, pero como pasa con el chocolate, el blanco no gusta tanto a los expertos. Ocurre como con la censura, si consigues sortearla y hacer humor a pesar de ella, el resultado suele ser más ingenioso. Me molesta que el humor blanco sea percibido como tibieza, equidistancia o infantil. Me parece más inclusivo y difícil. Creo que ya andamos sobrados de críticos, debates y sectarismos que nos separan. Reírse con alguien opuesto a ti en ideas es seguramente el acto más catártico que existe. Y pasa demasiadas pocas veces últimamente.

Fernando Erre: Quizá lo más complicado no sea tanto el tipo de humor, sino el tono. A veces es un cristo, sobre todo cuando escribes algo más largo como una peli o una obra de teatro, homogeneizar el tono, o si manejas varios tonos distintos, que el conjunto no chirríe. Esa es una de mis mayores preocupaciones cuando abordo un texto largo del tipo que sea. Admiro profundamente a todos los que consiguen combinar tonos diferentes en una misma pieza y les sale de cine.

Irene Varela: Para mí, lo más complicado es hacer humor original. En El Intermedio llevamos el mismo equipo trabajando muchos años y a veces es inevitable acabar escribiendo muy parecido. Buscar nuevas fórmulas originales, que sorprendan, es lo más difícil y a la vez lo más estimulante.

Javier Durán: Creo que hacer reír es ya bastante exigente y complicado como para ponerle etiquetas y colores o grados de dificultad. Yo no distingo entre “humores”, intento que lo escribo me parezca bueno, que esté a la altura de lo que creo que puedo escribir y que funcione (si no hace reír, no es bueno). Quizás el formato más exigente para escribir es un programa diario de humor, sobre todo por la velocidad de escritura y la exigencia de generar contenido de calidad constantemente.

Alberto Caballero: La comedia en general es exigente, porque el humor como mecanismo es una cosa muy rara y sobre todo, muy personal. Sobre si blanco o negro, da igual. Entretener siempre es complicado. Y hacer reír, más. No escribes humor negro para ofender a nadie. Ni blanco para no tener problemas. Lo haces porque te divierte.

Marta González: Todos los tipos de humor son necesarios, y cada uno encajará más con un tipo de público. Pero efectivamente creo que hacer reír con humor blanco tiene mucho mérito porque te obliga a ser mucho más fino para lograr tu objetivo y porque haces feliz a mucha más gente a la vez, puesto que el espectro de gente que lo disfruta es mucho mayor.

Olatz Arroyo: El humor con emoción, ese es para mí el más difícil. Hacer reír y emocionar a la vez. Que un personaje sea cómico, con todo lo que eso significa (ser extremo, imperfecto, obsesivo…) y encima sintamos empatía por él. Y construir situaciones cómicas desde la verdad, llegar al absurdo máximo desde premisas perfectamente verosímiles.

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Aunque Los Simpson y Padre de Familia tengan muchos elementos en común, al final el mayor diferenciador entre ambas es el tipo de humor que utilizan.

Del mismo modo que en ficción hay diversos géneros, hay mil tipos de comedia. ¿Cómo es el proceso de adaptación a un nuevo proyecto? Búsqueda de tono, ritmo etc.

Marta González: Yo siempre lo enfoco desde el mismo sitio: hacer reír (risas). Al final ese es nuestro trabajo como guionistas de humor. Hacer reír, hacer pensar desde la risa, y mantener un ritmo trepidante en ese nivel de risas. Esas son las tres cosas que me propongo cuando escribo comedia sea el tipo de proyecto que sea.

Olatz Arroyo: Cuando el proyecto ya existe, lo que haces es empaparte del material, sumergirte en ese universo ya creado. Me cuesta mucho escribir un capítulo si no he visto (o leído) todo lo que ocurre antes, para escribir con confianza tengo que conocer al dedillo el universo de la serie y no tener lagunas. Es diferente cuando el tono “está por construir”, es una búsqueda, analizar qué nivel de comedia se ajusta más a la historia que quieres contar. Y visionar muchas series para inspirarte.

Fernando Erre: Sí, adaptarte a un tono distinto al que estás acostumbrado tiene su aquel, como he comentado antes. Me ha pasado, pero es cuestión de tiempo pillarle el tranquillo. En ocasiones es bastante más peliagudo adaptarte a un equipo, sobre todo cuando tú eres el nuevo y el resto lleva tiempo trabajando en común. Hay equipos acogedores, otros más herméticos y luego están “los grupitos”, tema que daría para una entrada en Bloguionistas. De todas formas, esto pasa en comedia y en cualquier otro género.

Irene Varela: Aunque llevo más de 11 años trabajando en El Intermedio y he tenido pocas ocasiones de adaptarme a otros formatos, en este programa tenemos secciones muy distintas entre sí que funcionan como pequeños formatos en sí mismas, así como programas especiales. Obviamente, no se escribe igual un sketch de “entrevistas por la cara”, que una misa Aznariana o una pieza de plató con un empaquetado de concurso. Cada sección requiere un tono específico, un ritmo, unos personajes con características propias, una puesta en escena… Siempre es importante que sea el guionista el que sepa adaptarse al formato y no al revés.

Javier Durán: Creo que la búsqueda de un tono propio, original, con estilo… Es lo más difícil y lo que más hace brillar a un programa que empieza. El arranque de un proyecto es un momento crítico, te la juegas en muy pocos programas y es complicadísimo conseguirlo en tan poco tiempo. En eso es fundamental tener una idea y una dirección clara, una cadena que te apoye, los medios suficientes para el buen trabajo luzca y un buen equipo con la suficiente experiencia que se adapte rápidamente a lo que quieres hacer. El ritmo normalmente se suele ir encontrando con el tiempo, te lo va dictando el programa; eso, si la cadena tiene paciencia para mantener el formato, que no siempre pasa.

Alberto Caballero: Al final es cuestión de dejarse llevar por lo que estás contando, el proceso te va dando pistas. Nosotros no empezamos un proyecto pensando en cómo lo vamos a contar. Empezamos con el “qué” y el “cómo” va apareciendo por el camino. Con El Pueblo, por ejemplo, que trata de un grupo de urbanitas aterrizando en la España vaciada, tuvimos claro que no podíamos llevar el ritmo de LQSA, porque uno de los problemas de irte a un sitio con dos habitantes por kilómetro cuadrado es que no pasa nada, no hay gente, no hay planes, no hay cobertura, el tiempo se ralentiza… y eso, si lo cuentas bien, tiene gracia. Encajar el “cómo” es fundamental.

Marcos Mas: Depende. Yo intento adaptarme a lo que el público pide. Si mi público es un coordinador de guión, me entero en cuanto pueda de cuál es su rollo. Normalmente es un proceso rápido, la comedia no se anda con tonterías. Si le hago reír, las cosas vienen rodadas. Si no, busco trabajo en otro sitio, porque el equipo no va a funcionar bien. En cuanto al tono, es un tema complejo. Me atrae escribir en tonos diferentes, pero no soy eficaz en todos. Para mí la única prueba de que un chiste es un chiste es contarlo o ver a los demás leerlo mientras estudio su cara. Si hay risa, lo es. Si no, no. Aunque con suficiente trabajo puede llegar a serlo.

Si tuvieras que enmarcar un consejo, ¿cuál sería?

Alberto Caballero: Sigue tu instinto. Aquí nadie sabe casi nada.

Javier Durán: “Nunca eres tan bueno como te lo dicen cuando ganas, y nunca eres tan malo como te lo gritan cuando pierdes”. También me gusta mucho una frase de una canción de Viva Suecia: “Te deseo lo que te mereces”.

Fernando Erre: Ya lo tengo enmarcado. Bueno, en realidad lo tengo clavado en un corcho, que es casi lo mismo. (risas) Es un mantra que a mí me funciona, y dice así: “Vamos a hacer mierda”. O sea, que hago mierda a menudo. (risas) En realidad es una frase que me sirve para quitar presión y me recuerda que lo importante es sentarte todos los días a escribir aunque lo que salga sea mucho peor que lo que tenías en mente.

Marta González: El consejo sería el dejar fluir la propia intuición. Confiar en ella y en que lo que tienes dentro logrará conectar con el espectador.

Olatz Arroyo: Muchos, podría llenar una pared entera de cuadros. Pero sobre todo, pásalo bien escribiendo. Si a ti te divierte, es muy probable que divierta a los demás. Yo creo que escribo comedia porque tengo vocación de pasarlo bien. Mi trabajo me permite sentarme todos los días varias horas delante de un ordenador minimizando el sufrimiento.

Marcos Mas: “No enmarques nada”. Lo pondría con un marco dorado gordo y barroco. No hay nada sagrado ni importante en el humor, hacemos reír, no piezas de reactor nuclear. Pero si tuviera que enmarcar un consejo que mas han dado, sería “ sé breve”. Si tuviera que enmarcar uno que he dado yo, sería un cretino que no sólo da consejos, sino que encima los enmarca.

Irene Varela: Intenta aportar siempre universo propio. Y si no lo tienes, cópiaselo a un americano.

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Los formatos prácticamente diarios tienen la presión añadida de tener horas de margen hasta la grabación.

¿Qué es lo más importante que debe aprender alguien que quiera dedicarse profesionalmente a la comedia?

Irene Varela: Que el talento es importante pero que la constancia y el “callo” lo son mucho más a la hora de sacar el trabajo diario.

Marta González: Cualquiera que quiera dedicarse a la comedia debe observar mucho la vida y con ojos de cómico. Ponerse el filtro “Comedia” y aplicarlo a todo cuando oye y observa.

Marcos Mas: Otro oficio, por si acaso. Y que es una carrera de fondo. También que la recompensa mayor que tiene es el proceso, compartir 8 horas de oficina con gente extremadamente graciosa y cobrar por ello ya es un éxito en sí mismo. De todas formas, yo creo que este oficio te elige a tí, no tú a él.

Olatz Arroyo: Que este trabajo es una artesanía, que no hay certezas ni absolutos y que nunca dejas de aprender.

Alberto Caballero: Por obvio que parezca, que los personajes no saben que lo que les pasa es gracioso. Esto vale para escribir y para dirigir.

Javier Durán: Ser buen compañero, trabajar bien en equipo y ser humilde. No tomarse demasiado en serio. Veo mucho súper ego en la comedia (delante y detrás de las cámaras). Creo que los creadores de comedia no somos unos artistas, somos unos artesanos, ni más ni menos, tenemos unas herramientas para hacer reír y con mucho trabajo y oficio a veces hasta lo conseguimos.

Fernando Erre: Yo diría que tres cosas: paciencia, humildad y aprender a usar la papelera de reciclaje de Windows o el equivalente en Mac.

¿Qué humoristas patrios merecen más reconocimiento del que reciben?

Alberto Caballero: Todos. Los buenos, por buenos. Los malos, porque están consiguiendo dedicarse a lo que les gusta, que también tiene mucho mérito.

Olatz Arroyo: Muchos y muchas guionistas de comedias televisivas que trabajan en “la cueva” (lugar indeterminado, normalmente con poca ventilación y un helecho en la esquina), que han escrito las comedias de mayor éxito y audiencia de este país. Y luego, por supuesto, los guionistas de los premios Goya.

Fernando Erre: Yo estoy enamorado de Miguel Noguera. Es cierto que está reconocido, pero en un circuito más independiente, por así decirlo. Me gustaría que tuviera el estatus de otros cómicos más populares. De los últimos años, me parecen muy buenos Eva Soriano y mi conciudadano Pablo Ibarburu.

Irene Varela: Es verdad que cada vez hay más opens y espacios para nuevos cómicos pero el gran público sigue conociendo a un número muy limitado. Varios de mis cómicos favoritos han sido compañeros míos como Yaiza Nuevo, Javi Valera, Miguel Esteban o Raúl Navarro.

Marta González: Humoristas que merezcan más reconocimiento siempre hay muchos en todos los tiempos. Esta es una profesión en que hasta que llega tu momento estas infra reconocido, tanto actores, como guionistas, como humoristas. Lo bueno es que en cualquier momento eso puede girar, y ahora mismo podría darte nombres que quedarían desfasados a la publicación de esta entrevista porque les llega ese reconocimiento. En cualquier caso, en este sentido hablamos en términos de “fama” pero el verdadero reconocimiento es el que te hace cada persona que paga una entrada por verte y la disfruta. Muchas veces no es falta de “reconocimiento” sino falta de “conocimiento”. Que no es lo mismo (risas). Hay mucha gente que el gran publico no conoce porque no son famosos pero que tienen todo el reconocimiento de los que sí les conocen, como pasa en cualquier profesión que no implique fama mediática y popularidad.

Javier Durán: Los guionistas de humor. Hay humoristas fantásticos, la mayoría son muy conocidos, pero hay guionistas de humor, que casi nadie conoce, igual de brillantes o más. Algunos de mis favoritos: Tomás Fuentes, Ángel Cotobal, Julia Cot, José A. Pérez Ledo o Rafel Barceló. Y la gente que escribe en Twitter, gratis, y con talentazo: Jotaderos, Arcitecta, Norcoreano, Manuel de Barcelona, Doña Merkel… Pero me gustaría reivindicar a unos clásicos bastante denostados, a los humoristas de la generación de la República o del 27: Mihura, Jardiel Poncela, Tono, Edgard Neville y también Pedro Muñoz Seca. Leed lo que encontréis de ellos, son maravillosos.

Marcos Mas: Los guionistas, claro. Por supuesto. Me fascina que sacando series, monólogos, películas, sketches, programas de la más absoluta nada, se nos ningunea y oculta deliberadamente al público, como si fuéramos el mono dentro del autómata ¿Qué somos? ¿científicos españoles? Lo que sí te puedo decir es que sí hay humoristas que no reciben el reconocimiento que merecen aún y que espero que algún día lo tengan. Yo, por ejemplo. Y dinero. Y casinos. Y furcias. ¡Bah! olvida los casinos. 

Alguien que se gana la vida haciendo humor tiene la presión de generar material divertido aunque esa semana se le haya muerto un familiar. ¿Cómo se sobrevive a la presión de tener que generar material cómico sin descanso?

Javier Durán: Depende del familiar… No, es bastante duro. Pero para eso está el oficio, cuando no sale nada hay que tirar de experiencia, de cosas que sabes que funcionan seguro…y de los compañeros (afortunadamente solemos tener unos compañeros maravillosos que te cubren en los malos momentos). La presión es muy alta, externa e interna; la mayoría de guionistas de una cierta edad que conozco han tenido problemas de ansiedad o depresión por la intensidad del trabajo y el nivel de exigencia. Pero creo que las claves para sobrevivir son que te valoren en el trabajo, un buen sueldo, un buen horario y una vida privada feliz.

Irene Varela: Con profesionalidad u “oficio”, como decía antes. Como cualquier otro trabajo, se acaban desarrollando habilidades particulares. Es cierto que, al tratarse de un trabajo creativo, el estado anímico influye y hay días que se está más acertado que otros. Pero trabajar haciendo humor a veces también sirve como vía de escape. Te concentras tanto en los chistes que te obligas a dejar los problemas a un lado. Además, el hecho de trabajar en parejas y ser un equipo grande permite que los días que alguien está más bajo o menos inspirado, el resto pueda ayudarle.

Marcos Mas: Oficio. Yo he tenido que escribir humor y luego ir a un velatorio, y volver a cerrar un programa, o escribir después de recibir muy malas noticias, o el día que te deja tu pareja, y es ahí donde conocer las estructuras de la comedia te ayuda, porque a veces sólo hay que rellenar los huecos para construir chistes. Otro apoyo imprescindible son los compañeros- los equipos de comedia suelen ser extensos porque no todo el mundo está brillante todo el tiempo. De todos modos, el ser humano está tan increíblemente bien pensado que hasta en esos momentos surge la comedia.

Olatz Arroyo: Los funerales son la mejor cantera de material de comedia. Juntar en un espacio solemnidad, corrección y familiares… es una mina. Pero vamos, que a la presión de generar material se sobrevive con mucho oficio. A lo largo del tiempo vas ganando en músculo, intuición y soltura, y eso te permite escribir cosas medianamente pasables incluso el día menos inspirado. Además siempre queda el comodín de la reescritura.

Marta González: Hacer humor es un oficio. Es como un músculo que se tiene entrenado, y que por tanto responde independientemente de tu estado de ánimo. Tiene más que ver con lo entrenado que esté, con lo a diario que lo practiques, que con tu estado de ánimo puntal. (dentro de una orden, claro) Un atleta tampoco podría correr con una apendicitis (risas). Pero con un entrenamiento adecuado, los estados de ánimo no interfieren demasiado, e incluso el propio acto de escribir comedia te lo modifica para bien si tienes un mal día.

Fernando Erre: Todavía no se me ha muerto nadie importante. Algún abuelo, nada más. Cuando pase, te comento. (risas)

Alberto Caballero: Billy Wilder cuando estaba triste escribía comedia y cuando estaba feliz hacía drama. No hay necesariamente una correlación con tu estado de ánimo. Hacer comedia no debe ser una imposición, sino una necesidad. Si te tienes que forzar, o sientes que es una carga, dedícate a otro género. Te reirás menos, pero ganarás más premios.

¡Muchas a gracias a todos y todas!

Entrevista por Sergi Jiménez

 

 


DAVID BRONCANO: “SI BUSCANDO HACER COMEDIA DE ALGÚN TEMA PASAS POR UN CAMINO ESPINOSO, HAY QUE HACERLO IGUALMENTE”

30 abril, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

La resistencia se ha convertido, tres meses después de su estreno, en uno de los formatos de comedia referentes en la parrilla española. El programa, que sigue el formato de los late night, se emite en directo cuatro días a la semana, así que hemos querido preguntarle a David Broncano, codirector y presentador, cómo funciona el proceso de guionización del programa y, ya de paso, sobre su manera de entender la comedia.

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David Broncano en el plató de La resistencia. © #0 de Movistar+

Cuando la gente ve La resistencia, la sensación que muchas veces se percibe es que gran parte del contenido parece fruto de la improvisación y, sin embargo, como todo programa -sobre todo tratándose de uno diario con un tiempo limitado de emisión-, la escaleta y el guión juegan un papel importante.

Así como en La vida moderna sí que jugamos mucho más con la improvisación, La resistencia sí cuenta con un equipo de guión de puta madre. Claro que hay un guión, se nota sobre todo en ciertas partes como el monólogo inicial, vital para un formato así, y que efectivamente viene guionizado de manera literal. Para el resto de secciones, como por ejemplo la entrevista que es lo que más tiempo tiende a ocupar, trabajamos más con una documentación. Yo no hago preguntas literales, sino que trato de encadenar los distintos temas partiendo de esa documentación que se elabora cada día en la sala de guionistas, enfocando los aspectos de la vida del entrevistado a posibles chistes. Por otro lado, las secciones de colaboradores, como la de Jorge Ponce o Ricardo Castella, las suelen escribir ellos mismos. Lo que en mi opinión mola del formato es que es una mezcla entre un guión al uso y sus posibles salidas hacia la improvisación.

Imaginamos que precisamente la posibilidad de improvisar surge de esa estructura previa de guión, a partir de la cual podéis pactar entre vosotros y jugar en la medida de lo posible con los tiempos.

Sí. Lo que yo hago es jugar con el contenido concebido por los guionistas y los tiempos de cada sección. Me van dando indicaciones en directo sobre el tiempo que llevamos y yo trato de jugarlo a partir de esas premisas. Es la eterna pelea entre la dirección y la realización y en este caso yo como presentador. Pero es difícil medir con exactitud todo. Ocurre mucho, como decía, con la entrevista, en la que a pesar de tener el tiempo indicado antes de empezar, muchas veces puedes considerar que merece la pena seguir un poco, por el contenido o quizá porque quieras acabarla de otra manera. Y evidentemente eso tiene consecuencias sobre el resto de secciones, por lo que necesitamos de esa flexibilidad.

La resistencia como programa ha sido concebido para permitir esas idas y venidas. Forma parte de la idea misma del programa y vamos muy de cara con ello. Si un día queda menos tiempo o hemos alargado una sección, no tenemos ningún problema en decírselo directamente a la audiencia. De hecho, yo juego mucho con Ricardo Castella, que ejerce de director del programa, con toda esta chorrada de cuánto tiempo queda. La conversación que normalmente se tiene de manera interna o que se hace a través de órdenes, nosotros la explicitamos como parte del contenido mismo del programa, lo que considero que aporta comedia y ayuda a reforzar esa sensación de directo que queremos transmitir de cara al espectador.

Precisamente, y es interesante hablar de ese aspecto. Puede intuirse que hay una parte de pantomima, pero al final las órdenes y los tiempos se respetan dentro de esa flexibilidad. Ricardo ejerce de director pero también interactúa contigo y los entrevistados en directo. ¿Cuánto de real y cuánto de comedia hay en esa relación director/presentador?

Pues en realidad, todo lo que hablamos sobre aspectos internos del programa en directo es real al cien por cien. Nosotros no falseamos nada. Luego, a su vez, hay un monitor de órdenes, que de hecho está justo detrás de Ricardo, que también nos ayuda a poder medir los tiempos y seguir cierto orden durante la emisión. Y al mismo tiempo, durante el directo, Ricardo también se comunica con lo distintos actores de dirección y realización. Es algo que hacemos sistemáticamente y que forma parte de nuestras intenciones cada vez que hacemos el programa. Tratamos de hacer la menor pantomima posible, de falsear lo mínimo posible. Todo lo que dice Ricardo en directo como director del programa son órdenes tal cual, solo que nosotros hacemos a la audiencia partícipe de estas indicaciones. Nunca se genera un sketch ficcionando esas indicaciones técnicas.

Y para ello, seguramente necesitéis una buena preparación de la documentación y de los contenidos generados durante la fase de guión. Sin eso, es difícil explicar la rapidez y la naturalidad con la que fluyen los chistes en cada programa.

Efectivamente. Y a veces es complicado. Siguiendo con la figura de Ricardo Castella como director, que además participa de los chistes en directo, intento siempre que me preguntan resaltar su papel. El hecho de que Ricado dirija y al mismo tiempo actúe de verdad creando chistes me parece impresionante. Cuando lo probábamos, antes de que el programa se emitiese por primera vez vimos que tenía mucho de comedia que dirigiese, actuase y además tocase el piano al mismo tiempo. Requiere ser un genio, ser Ricardo Castella, para poder hacer eso. No sé cuanta gente existe que pueda hacer eso. Debe ser él y dos más. Ya de por sí, su figura como apoyo para la comedia ya es complicada, porque tienes que medir cuándo metes o no los chistes, cuándo metes una mano y cuándo te callas. Y a eso súmale que Ricardo está dando órdenes. De verdad que cada día que pasa me sigue sorprendiendo que lo haga tan guay, porque es una mezcla dificilísima que yo al menos no he visto nunca.

Desde luego, en este tipo de programas influye mucho la selección de todo el personal, incluidos por supuesto los cómicos. Tanto ellos, como el resto de personas que forman el equipo creativo, tienen que ser muy complementarios contigo, ¿verdad?

Yo siempre intento que el programa sea muy conversacional, que sea real en todos los aspectos. Pongamos el caso de Jorge Ponce, que es quien tiene su propia sección de manera más continua. Evidentemente, él parte de un guión elaborado previamente, aunque no siempre es un guión literal, sino más bien apuntes para saber por dónde va a tirar. Además, yo siempre pido no saber de qué van a hablar el resto de los cómicos, porque contribuye a esa mezcla de guión y calor del momento que aporta frescura al programa. Para ello, es necesario que exista muy buen rollo entre todas las personas que participan del proceso creativo del programa. Todos los que trabajamos aquí somos amigos, o nos llevamos muy bien, lo que sumado al hecho de que son grandes profesionales ayuda a que el contenido sea muy entretenido y ágil sin perder frescura. Esa mezcla puede ser peligrosa a veces, porque requiere una química que de no existir puede hacer que el resultado quede muy deslavazado, pero creo que en La resistencia funciona bastante bien.

Y sin duda es fruto de una cantidad de trabajo fuera de la hora que dura el programa, del que quizá la gente no es del todo consciente. ¿Qué podrías contarnos sobre cómo se organiza y prepara una emisión de La resistencia?

Desde el punto de vista de los contenidos, es el equipo de guión el que inicia la creación de los contenidos de cada programa. En La resistencia, contamos con cinco guionistas (Javi Valera, Fernando Moraño, Helena Pozuelo, Denny Horror y Borja Sumozas) y un coordinador de guión (Jose Molins). Ellos cinco se reúnen todas las mañanas, en torno a las diez. A esa reunión, como suelen recordarme muchas veces durante el programa, no suelo asistir (ríe). Creo que he ido una vez, pero me consta que la hay. Y básicamente, consiste en ir sacando temas interesantes, que muchas veces ya traen pensados cada uno de ellos.

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De izda. a dcha., y con mucho sueño a las 8 de la mañana, Javi Valera, Fernando Moraño, Helena Pozuelo, Denny Horror, Borja Sumozas y Jose Molins.

A esa reunión asiste normalmente Ricardo Castella como director -o codirector, junto conmigo- y también Jorge Ponce, que es un caso distinto porque abarca en general todos los procesos del programa. Creo que figura oficialmente como subdirector en los créditos, pero en realidad da para mucho más. Yo tengo tanta confianza en Jorge, y creo que es tan bueno, que ya cuando le propuse participar le comenté que su función sería la de estar atento a todos los aspectos del programa, opinar de todos ellos y ser escuchado. Y la verdad es que no ha dado una idea mala en todo este tiempo, vamos. Podríamos decir que es transversal a todos los aspectos del programa, además de hacer su sección.

Volviendo al trabajo de los guionistas en esa primera reunión, como te decía, lo que se hace es principalmente ir sacando los temas, sobre todo para al monólogo inicial que yo hago al empezar el programa. También se lanzan ideas para los momentos que salimos a la calle a preguntar a la gente, o sobre posibles preguntas al público. Y lo mismo ocurre con las entrevistas, que no tienen por qué tener una parte de sketch en sí, pero que de tener ya empieza a elaborarse por la mañana.

Y tras esa reunión se reparte el trabajo creativo que acabará una vez salgas tú en directo.

Una vez concluida la reunión, los guionistas ya se ponen a desarrollar las ideas hasta yo diría que las tres de la tarde, al menos in situ. De hecho, ellos envían una versión de guión un poco antes de esa hora. Esa versión la coordina Jose Molins y la revisan Ricardo Castella y Jorge Ponce para realizar los cambios ya definitivos. Y ya finalmente, a mí me llega como una hora y media antes de empezar el programa, que es cuando voy yo a plató. Lo que hago entonces es darle un último filtro, reescribiendo alguna frase para acomodarla a cómo lo diría yo o cambiando alguna cosilla de última hora.

Por lo tanto, la sala de guionistas tiene que tener todo listo a primera hora de la tarde, para que luego dé tiempo a hacer las distintas revisiones. Eso implica mucha inmediatez y agilidad para sacar el trabajo adelante.

Efectivamente, y sobre todo por la mañana su trabajo es más intenso. Hacia el mediodía tienen que tener ya muy claros los contenidos, y haber avanzado bastante en la escritura. Por suerte, el equipo de guión de La resistencia está formado por personas muy capaces, gente muy rápida. De todos modos, creo que hemos conseguido crear una rutina que favorece que el trabajo se saque a tiempo. Hay una parte que consiste en sacar adelante los contenidos más inmediatos, los del día mismo, pero luego cuando ellos se van a casa continúan lanzando ideas, ya no para la emisión de esa noche, sino para próximos programas ya previstos o para las distintas secciones, ya sean las consolidadas o las nuevas propuestas que puedan plantearse.

Una rutina así, con plazos tan cortos para sacar el trabajo adelante, precisa de mucha complicidad entre todos los que se encargan de las labores creativas. ¿Sueles trabajar siempre con equipos parecidos?

En cierto modo sí. Por ejemplo, cuando pasamos de hacer LocoMundo a hacer La resistencia, como yo estaba muy contento con el trabajo del equipo de guión, me llevé conmigo a varios de los que estaban allí. Y es algo que creo que es muy guay, y que ayuda mucho a mejorar la calidad del programa. Cuando gente que ya se conoce personal y profesionalmente, y que además ya sabe trabajar un tipo de contenido muy similar al que nosotros queremos para La resistencia, lo normal es querer seguir trabajando con esa gente. Y eso que el estilo de guión de LocoMundo es muy distinto al que precisamos ahora mismo, ya que es un programa que sí es orfebrería total del guión, donde el guión literal se utiliza prácticamente en la totalidad del programa debido a su periodicidad semanal, que permite más trabajo de escritura y de revisión.

Una revisión más concienzuda que ya no podéis permitiros, aunque no por ello renunciáis en La resistencia a tratar todo tipo de temas . Queríamos preguntarte precisamente por los límites el humor. Uno de tus monólogos en LocoMundo hablaba precisamente de eso, así que creo que la posición de La resistencia al respecto está clara. Aun así, vistos los problemas que mucha gente está teniendo, incluido tú mismo en algunos de tus programas, ¿crees que la gente puede llegar a autocensurarse inconscientemente?

Nosotros intentamos no hacerlo. Es complicado algunas veces, cuando se te pasa un chiste por la cabeza puedes llegar a pensar sí te van a caer o no las hostias, sobre todo de un tiempo a esta parte, después de los problemas que hemos tenido con algunos chistes. Pero es que, claro, en programas como La vida moderna o La resistencia, que generan varias horas de contenido diario, se acaban diciendo muchas cosas, y no todas vienen escritas y revisadas por guión. Tienes una décima de segundo para pensar y al final tienes que hacer un poco el ejercicio de no dar marcha atrás ni autocensurarte tú mismo. Hay días que cuesta más que otros, sobre todo después de haberla liado mucho justo antes, y más que nada porque ninguno queremos estar siempre con contenciosos que son un coñazo. Al final hay que intentar mantener el tipo en ese aspecto.

Claro. Además, en cierto modo, hacer comedia implica estar cerca de esos límites sobre lo que es correcto y lo que no. De no ser así, seguramente el programa se convertiría en algo más blanco que no gustaría tanto.

Hay muchos tipos de humor y muchos tipos de comedia. La hay muy neutra que es la hostia sin tener que tocar temas susceptibles de herir ninguna sensibilidad. Y en realidad nosotros no buscamos ofender, para nada, aunque a veces sucede sin ser nuestra intención. De hecho, yo siempre intento evitar que parezca que queremos provocar. Es lo que más rabia me da. Tratar de tener una pose que diga “mira qué provocadores somos” es algo que odio. Como cómico he tenido una época, sobre todo cuando empezaba, en la que buscaba eso en mis monólogos, para que la gente viera que era un punki. Pero con el tiempo todo eso pasa, y te das cuenta que ese postureo provocador tampoco va a ningún lado. Ahora ya, si buscando hacer comedia de algo pasas por un camino espinoso, considero que hay que hacerlo igualmente. Eso es lo que intentamos hacer nosotros. Luego es lo que te comentaba antes. Hay muchos momentos de los programas en los que no decimos ninguna barbaridad y hacemos buena comedia con eso, pero solo los chistes que ofenden a alguien son los que causan revuelo.

Sobre todo tratándose en algunos casos de programas como LocoMundo, enfocado a la actualidad, y que por lo tanto precisa de cierta crítica con respecto a lo que sucede en el mundo.

Desde luego. Ese es un poco el caso paradigmático. Cuando tratas un tema actual que además pique un poco, porque esa es la idea de la crítica, siempre tienes que transitar esos caminos. Si hubiésemos hecho un LocoMundo hablando de las lámparas victorianas, el programa se la hubiese sudado a todo el mundo. Cuando hablas de religión, o de veganismo, o de feminismo, o de cualquier tema que esté un poco más presente en la sociedad actual, tienes que apretar un poco y dar caña desde el guión, en nuestro caso a través de la comedia. Y que se ofenda alguien es inevitable. Si no, no tendría ningún sentido.

En definitiva es lo que se espera de un late night, o de cualquier otro programa adulto de comedia. Y es una lástima que la gente se ofenda tan rápido con algunos temas, cuando son tratados desde el prisma del humor.

Muchas veces, la gente debería distinguir un poco más entre realidad y ficción. Muchas veces, tú puedes utilizar un chiste, un concepto o un tópico para hacer una broma y eso no debería confundirse con hacer aquello que cuentas en la vida real. O sea, estás utilizándolo casi como una figura literaria.

Sobre lo que comentabas de que la gente se ofende enseguida, creo que hay gente que se ofende demasiado rápido, pero también que hay mucha más gente que no se ofende, pero tampoco protesta. Cuando hay una polémica por algo que alguien ha dicho en un contexto cómico, luego te das cuenta de que el porcentaje de personas ofendidas con respecto al total de la población no es tan amplio. Nadie ve un sketch o escucha un chiste de humor negro un poco duro y se mete en Internet a decir “qué poco ofendido estoy”.

Nos llamó especialmente la atención las declaraciones de cierto político, que la tomó con vosotros por hacer chistes sobre Huelva en La vida moderna.

En ese caso concreto, aunque no comparta muchas veces lo que nos dicen a nosotros, entiendo más a un señor que no conoce el programa, en este caso un señor de Huelva, que ve un extracto de un minuto en el Facebook de su primo en el que decimos “joder, qué fea es Huelva” y en un momento dado piense que somos unos cabrones porque Huelva es preciosa, que a los políticos que tratan de dar una respuesta institucional. Yo no reaccionaría como ese señor, pero puedo entender el mecanismo interno que le lleva a reaccionar así. Me cuesta mucho más aceptar, porque precisamente entiendo por qué lo hacen, que alguien que esté en la esfera pública y conozca cómo funcionan estos resortes, como un político, se haga el ofendido para avivar la llama y rascar cuatro votos.

Con esto quiero decir que todo el mundo tiene derecho a ofenderse, que yo lo entiendo y lo respeto, pero que eso es algo muy distinto a subir el tono de la manera en que suele subirse en estos casos. Sobre todo tratándose de un político, que decide ocuparse de este tema, en lugar de prestar atención a otros muchos, que son más importantes. Eso me parece lamentable.

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Creo que, además, si uno entiende que es un programa de humor, ya no puede darle esa seriedad. Es una cuestión de código. Seguramente no haríais un chiste, si de verdad pensaseis que una región estuviese realmente en una situación muy complicada.

Bueno, es que es un tema delicado. Incluso si yo lo pensase, debería tener derecho a hacer el chiste. Para mí, si es gracioso vale. Lo único que no debería valer es lo que no es gracioso, pero entiendo que muchas veces es difícil decidir qué es gracioso y qué no es. Como cómico, tu objetivo debe ser que todo lo que digas sea gracioso. Dicho esto, es evidente que fuera de un contexto de comedia, no puedas ir a reírte en la cara de un señor en concreto que está en la mierda. Eso sería ser un cabrón. Pero cuando tú haces un chiste en un medio, sin un oyente cara a cara, y lo haces para una audiencia global, debería estar claro que tu objetivo no es ofender a alguien en concreto. Y al mismo tiempo, el objetivo de la comedia tampoco es no ofender. No se puede pensar antes de crear un chiste que el requisito sea que no ofenda a nadie, porque eso es por definición imposible.

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CINCO ENLACES Y UNA SEPARATA PARA EL FIN DE SEMANA

11 diciembre, 2015

por Sergio Barrejón

1) Hay un método infalible para lograr consenso en el sector del audiovisual español: basta con decir que los guionistas no hacen más que quejarse. Puede ser cierto o no. El consenso está sobrevalorado, como habrás comprobado oyendo a tus tías políticas y tus cuñados de derechas alabar a Albert Rivera. Pero hay una cosa cierta: no sólo los guionistas españoles se quejan. Atención a lo que cuenta (en inglés) Ken Levine, guionista de Cheers, Frasier y MASH, sobre abusos laborales a guionistas de televisión norteamericanos. Si esto lo dice el ganador de un Emmy, imaginaos cómo están por allí los guionistas junior.

2) Situaciones como ésa sólo se evitan teniendo un sindicato fuerte. Como ALMA, por ejemplo. Uno de los artífices del convenio. El primer convenio colectivo que garantiza unos ingresos dignos para los guionistas por cuenta ajena. ¿Y por qué hablo de ALMA, y no de los otros artífices? Pues porque ALMA ha organizado HOY otro encuentro de guionistas de programas (19:30 en la sede del sindicato) y MAÑANA tiene asamblea general ordinaria (11:00 en la Sala Berlanga). Todo esto es en Madrid.

3) Pero no sólo pasan cosas en Madrid. Por ejemplo, la semana que viene, lectores de Ponferrada, Vilassar de Mar, Valencia y Zaragoza recibirán ejemplares gratuitos de OBJETIVO WRITERS’ ROOM, el libro de Teresa de Rosendo y Josep Gatell sobre el funcionamiento de las salas de guionistas en Hollywood. Si no te ha tocado uno de los seis ejemplares que hemos estado sorteando hasta ayer, puedes comprar Objetivo Writers’ Room en la web de Alba Editorial. Un regalo de Navidad perfecto para guionistas. O para sus parejas. Para que entiendan por qué son así.

4) Uno de los libros de guión más vendidos de la historia, incluso más que el de Teresa y Josep, es STORY, de Robert Mckee. Si te apetece saber más sobre el viejo maestro del guión, echa un vistazo a este vídeo en el que McKee explica las diferencias entre un buen guionista y un mal guionista

5) Y si los gurús gringos del guión te echan para atrás, échale un vistazo a este post de Curro Nárvaez, ex alumno del Máster de Guión de Salamanca. Una interesante reflexión sobre el vicio de muchos guionistas noveles españoles de llamar a sus protagonistas John en lugar de Benito.

BOLA EXTRA: En Bloguionistas hemos detectado que la Internet anda un poco escasa de newsletters, así que hemos decidido lanzar la nuestra para paliar esta insostenible situación. Se llamará LA SEPARATA y puedes suscribirte en este enlace. Saldrá a principios de 2016.

Buen fin de semana.