EL FÉNIX RENACE: UN TEXTO DE LOPE DE VEGA VUELVE A SUS ORÍGENES

Doncellas de honor escarnecido; bizarros caballeros enamorados; un matrimonio mal concertado que la hábil intriga de los criados desbaratará justo a tiempo; un final feliz en que se desfacen los entuertos de un plumazo.

Más de cuatrocientos años después de la última representación de que se tiene noticia, ha vuelto a escena la Comedia famosa de El marqués de Las Navas, de Lope de Vega.

Tras su paso por Alcalá de Henares y San Lorenzo de El Escorial, anoche se representó en el mejor lugar imaginable: ni más ni menos que en la localidad abulense de Las Navas del Marqués (Ávila). Y más concretamente, en el Castillo de Magalia, antaño residencia del noble que da nombre al pueblo y título a la comedia.

El castillo de Magalia en Las Navas del Marqués

Un montaje exitoso con música en directo

Gonzala Martín Scherman versiona y dirige, reduciendo la función a seis actores y dotándola de ritmo ágil y ese sentido del humor chocarrero que tanto se agradece en las comedias del Siglo de Oro.

Sencilla y eficaz escenografía de Arturo Martín Burgos, con apenas tres elementos escénicos y, al fondo, un telón tendido al estilo brechtiano. Música en directo a cargo de un delicioso conjunto de cámara (clave, viola da gamba y flauta de pico) y el eficaz coro EOI.

Lleno absoluto en el patio central del castillo, quizá no el espacio más adecuado para una representación por su deficiente acústica.

Pero el éxito fue arrollador. No sólo porque la velada acabase en ovación de pie (¿me lo parece a mí o últimamente el público ya aplaude en pie por sistema?).

El verdadero éxito reside en lo que los organizadores del Festival de Verano de Las Navas del Marqués expresaron acertadamente en la presentación previa: haber conseguido rescatar un patrimonio inmaterial como es esta función de Lope. Y  revivirla además en el mismo lugar que le da título.

La función de Lope de Vega El marqués de Las Navas en versión de Gonzala Martín Scherman

Un texto de segunda categoría dentro de repertorio de Lope

No nos engañemos: El marqués de Las Navas es un Lope menor. Un encargo escrito para complacer a su benefactor del momento (Lope fue secretario del mencionado marqués) que carece de la perfección formal de sus títulos más conocidos.

El tercer acto, por ejemplo, es una divagación fantasmagórica que apenas guarda relación con los dos primeros. En este último acto, Lope desvía artificiosamente la acción hacia Las Navas, para dar protagonismo al noble que pagaba la fiesta. Y lo hace a costa de perder el hilo narrativo. Y se obliga a un final deus ex machina a mayor gloria del señor marqués.

Gonzala Martín Scherman lidia elegantemente con el problema, dotando a las escenas de un misterio y una espectacularidad dignas de aplauso. Pero lo cierto es que el texto se ha ido por los cerros de Úbeda (o los riscos de Ávila, en este caso) y el resultado final se resiente.

¿Será este montaje el principio de una nueva tradición teatral?

En cualquier caso, el verso de Lope es vibrante y viene cargado de humor, enredos y reflexión sociológica. Los actores lo defienden con mucha solvencia. El balance final es positivo.

Y sobre todo, esperanzador: nos hace soñar con que los vecinos de Las Navas del Marqués (y la Diputación de Ávila y la Junta de Castilla y León) sabrán construir sobre esta iniciativa una tradición local. Una representación anual de esta función, como se hace en Fuente Obejuna, en Zalamea de la Serena o, ya puestos, en Alcalá de Henares con el Tenorio de Zorrilla.

El patrimonio inmaterial está ahí. El material también: un magnífico castillo del siglo XVI perfectamente restaurado y dependiente del INAEM. Y está además el precedente de este eficaz montaje de Factoría Teatro.

¿Falta quizá la voluntad política? Lo sabremos el verano que viene.


Sergio Barrejón

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