EL VIENTO ES SALVAJE: LA TRAGEDIA ES PARA REÍRSE

Tomando prestado un título de Nina Simone, la compañía Las niñas de Cádiz puso en pie en 2019 una de las funciones más divertidas de los últimos años: El viento es salvaje, de Ana López Segovia.

El viento es salvaje, obra de teatro de Ana López Segovia

Tras ganar un Max a Mejor Espectáculo Revelación y girar por numerosos escenarios de todo el país, El viento es salvaje ha recalado en la sala madrileña Cuarta Pared.

El fondo de la obra es una tragedia sobre cómo el destino juega con los humanos de forma caprichosa, tocando a unos con la fortuna y condenando a otros a la desdicha. Y arruinando por el camino los más nobles sentimientos.

Pero en la forma, se presenta como una chirigota para disfrutarla a carcajadas. Ana López Segovia -además de dirigir e interpretar- ha escrito el texto totalmente en verso. Recitando o cantando, Las niñas de Cádiz pasan con toda naturalidad de las estrofas más cultas a las más populares. De los sonetos iniciales a las cuartetas típicas de carnaval. Pasando por liras, pareados y lo que se tercie.

El sabor de la mezcla es delicioso. Tiene toda la frescura de una comedia irreverente, y todo el poso de los referentes clásicos (aquí Fedra, allá Medea). Recuerda al Muñoz Seca más inspirado. O, por comparar con algo más reciente, al Álvaro Tato de Todas hieren y una mata, que ya comentamos por aquí.

Se nota y se agradece el amor de Ana López Segovia por la palabra, por la tradición teatral clásica, y por ese humor negro tan español que desentierra la sonrisa de lo más hondo de la desgracia, y que la autora domina con soltura.

La dramaturga y actriz Ana López Segovia

Ana López Segovia. Foto © Álvaro Serrano

Las interpretaciones son verdaderamente notables, y asombra la abundancia de recursos escénicos. Más de una vaca sagrada de la escena contemporánea, de esos que estrenan obras de tres en tres, haría bien en acercarse a la Cuarta Pared de Madrid con papel y bolígrafo. Y tomar notas.

Ana López Segovia, asesorada en las labores de dirección por José Troncoso, maneja el espacio escénico con maestría, logrando un efecto cómico irresistible (hasta tres veces prorrumpió el público en aplausos durante la función) y mueve a sus cuatro personajes con soltura y agilidad. Gracias a este dominio de la puesta en escena, con apenas un puñado de muebles que las actrices desplazan a pulso, López Segovia llena de verdad y de espectáculo un escenario vacío.

La función que yo vi, con las entradas vendidas al noventa por ciento, acabó con ovación de pie. Y es que El viento es salvaje consigue ese milagro de hacer parecer fácil lo difícil. La función pasa en un suspiro, te arranca carcajadas una detrás de otra, te cuenta una historia, te hace empatizar con sus personajes… y se marcha dejándote con ganas de más. Ligera como una brisa, perturbadora como el viento de Levante. Ese que en Cádiz altera la sangre y propicia la tragedia.

Digo que es ligera, pero es una sensación engañosa. La arquitectura que tiene detrás es sólida, compleja y digna de estudio. Se agradece, a este respecto, que en la sala pongan a la venta ejemplares del libreto por 10€.

Edición en libro de El viento es salvaje, texto teatral de Ana López Segovia

El viento es salvaje se representa en la sala Cuarta Pared de Madrid de viernes a domingo hasta 15 de mayo. Entradas a 14€.

Y ya que hemos mencionado a Álvaro Tato, ojo a su Malvivir. Se estrena hoy en la Sala Max Aub del Teatro Español de Madrid y bebe también de fuentes clásicas. En este caso de las novelas de pícaras.


Sergio Barrejón.

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